PM y las consecuencias de la censura
Orlando Jiménez Leal y Manuel Zayas
Editorial Colibrí y Editorial Hypermedia, España, 2014
En un libro ya clásico, Walter Benjamin comentaba sobre la ingenuidad de los debates que en el siglo xix se suscitaron en torno al problema de si la fotografía era arte o no, sin advertir una cuestión mucho más pertinente y que, en el próximo siglo, se hizo ya ineludible: hasta qué punto la invención de la fotografía cambió el carácter del arte.1 Algo similar ―decía Benjamin― ocurrió después con el cine, y afirmaba que la reproducibilidad tecnológica del arte, al tiempo que obliteraba la aplicación del criterio de autenticidad a la obra artística, permitía su recepción masiva y le otorgaba una nueva función, una función política. Eran los años treinta del siglo xx y en los estados totalitarios de Europa y Asia todos los aspectos de la cultura se instrumentalizaban en apoyo de las ideologías dominantes: el arte simplificaba sus contenidos y se tornaba propaganda. La Segunda Guerra Mundial y la posterior «Guerra Fría» vieron instaurarse, sobre todo en la Unión Soviética y los países bajo su influjo, un arte controlado estrictamente por los partidos de orientación comunista. Esta situación cambió levemente a mediados de los años cincuenta, cuando Nikita Jrushchov denunció los graves crímenes cometidos en el estalinismo2 e inició un proceso de descentralización que, no obstante, en muchos aspectos quedó por debajo de las expectativas del propio Jrushchov3 y provocó, a la postre, su derrocamiento por Leonid Brézhnev. Leer más…