Control de Calidad vs Hambre

Annabel Miguelena

annabell-miguelena-columna-otrolunes29Hace un par de días conversaba con una amiga acerca de la responsabilidad social empresarial y del valor del servicio. Ambas manifestábamos lo felices que nos sentíamos por el hecho de que cada vez más jóvenes voluntarios se unen para compartir sus talentos en beneficio de la cultura, educación y calidad de vida de los más necesitados.

Mientras probábamos un delicioso café y un par de empanadas de queso, pensábamos en aquellos que no tienen qué comer y por otro lado, muchos desperdician los alimentos día tras día.

Fue así como analizamos a profundidad un tema que representa un gran problema, pero que si nos enfocamos en hacer un cambio, podríamos convertirlo en una maravillosa solución para apaciguar el hambre del mundo. Y es que en medio de nuestra conversación, tomamos conciencia de que la mayoría de los restaurantes, cafeterías, hoteles, lugares de comida rápida, etc, optan por una medida absurda con respecto a los alimentos que no son vendidos durante el día: los botan, Sí. LOS BOTAN.

Inevitablemente, mi amiga y yo empezamos a calcular las toneladas de comida que se despilfarran en Panamá y ni pensar en el  mundo entero.

Minutos más tarde pedimos la cuenta y mientras salíamos atónitas producto de nuestro análisis, nos propusimos durante una semana, la tarea de preguntar en varios negocios de comida, acerca del destino de los alimentos que no eran colocados entre sus clientes durante el transcurso de un día. La respuesta fue la misma: pues, la tiramos. Son las políticas de la empresa y debemos respetar el control de calidad.

-¿Pero, al menos, ustedes como empleados pueden llevarse lo que sobra de alguno que otro buffet?

-Negativo. ¡Pobre de mí, si me atreviese a tomar un solo grano de arroz o alguno de los panes que yo mismo echo al tinaco!

Otros me daban excusas como: señorita, es indispensable que se arroje todo a la basura. ¡No vaya a ser que alguien, por comerse algo de la noche anterior, se enferme y debido a ello, la noticia se publique en las redes sociales y perdamos la buena fama como restaurante!

Mi mente sólo se remontaba a aquellas imágenes que una vez calaron en mí como escenas de teatro, en donde niños e indigentes buscaban algo para comer entre la inmundicia. Y pensaba que cómo era posible que gente acostumbrada a obtener su menú del basurero, pudiese pescar algún mal síntoma por el hecho de comerse una pizza o emparedado caducado por tan sólo 12 horas.

Más ideas florecieron en mi cabeza. ¿Qué tal si varias compañías se uniesen para defender la idea de que es mejor donar que botar? ¿Qué tal si se asignase a algún empleado para que organice la logística de entrega de al menos algunos panecillos y dulces sobrantes, a un comedor infantil cercano? ¿Qué tal si el Estado ofreciese algún beneficio fiscal para los negocios de comida que donen a alguna fundación benéfica lo que no fue posible facturar en el día? ¡Tantas cosas!

En esta ocasión sentí que debía escribir sobre este tema, no sólo por el hecho de que he estado pensando en ello toda la semana, sino porque deseo que este artículo sea la entrada de un proyecto nacional que contribuya a que obtengamos el control para mejorar la calidad de vida de muchos.