Juancho, el mirandista

Sobre la vida y obra de J.J. Armas Marcelo

Juan Carlos Chirinos

Juancho Armas Marcelo, Carlos Boix, Raúl Rivero, Juan Carlos Chirinos y Pepe Esteban.

Juancho Armas Marcelo, Carlos Boix, Raúl Rivero, Juan Carlos Chirinos y Pepe Esteban.

Fue una mañana, casi al mediodía. Acababa de leer en el suplemento literario del ABC la admiración incondicional de Juancho por Francisco de Miranda, y entonces supe que debía hablar con él. Ya no recuerdo cómo di con su número de teléfono, pero sí recuerdo esa primera llamada: en cuanto le dije que yo había publicado en 2006 una biografía de Francisco de Miranda en Caracas, la cita quedó concertada, pues él ya sabía que éramos de la misma logia: masones de La Carraca, conspiradores de Grafton Street. Nos conocimos almorzando en un restaurante de la calle Núñez de Balboa, hablando, claro, de nuestro querido personajes, pero también de Venezuela y Canarias, esos dos archipiélagos hermanos. Al cabo, Juancho publicó su novela La noche que Bolívar traicionó a Miranda, un viaje alucinado por la vida del Precursor y su nunca bien entendida relación con el Libertador, que muchos celebramos como una novedosa mirada sobre ambos personajes, un viaje literario pleno de historia y una historia que es, sobre todo, literatura.

A partir de esa novela, he ido recorriendo el resto de su abultada obra, deteniéndome con atención en las sabrosas páginas de Vargas Llosa, el vicio de escribir (1991), su ensayo sobre la vida y la obra del Nobel hispano-peruano, un libro que ya es una referencia clásica a la hora de abordar la obra del autor de La casa verde y tantos títulos clave de la literatura en español; y he saboreado también las hermosas páginas de libros suyos como Los años que fuimos Marilyn (1995) y Casi todas las mujeres (2004). Casi al mismo tiempo, hemos adquirido la grata costumbre de encontrarnos los lunes con Pepe Esteban en el Café Gijón de Madrid para disfrutar de unas buenas lentejas y un jugoso entrecot mientras conversamos de todo lo divino y, sobre todo, lo humano que no deja de dar juego en ese deporte tan nuestro que es la recomposición del mundo desde la sobremesa. A la tertulia se han ido sumando amigos y curiosos, y siempre esperamos que se sumen más, incluso visitantes que vienen de lejos; pues ese es el espíritu de toda tertulia, sobre todo si es rebelde como la nuestra. Allí la batalla es a favor de la vida, y de la literatura, y del goce.

Y si me preguntan por una consigna que sirva de emblema y hable de la continua provocación que caracteriza a Juancho Armas Marcelo, feroz y sincero, a veces cáustico y burlón, habría que buscarla en un verso de su primer —y hasta donde yo sé, único— poemario, Scherzos pour Nathalie (1972): «Hedonité, Freedonité, Frivolité». Y que nadie se llame a engaño: en ese verso hay más veneno presocrático de lo que parece. Como corresponde a todo mirandista furibundo, desde luego.