La doble pasión siciliana de Juancho Armas Marcelo

Sobre Casi todas las mujeres

M. Lorenci

Casi todas las mujeres, Novela, 2004.

Casi todas las mujeres, Novela, 2004.

La literatura es mujer». Lo sostiene Juancho Armas Marcelo, (Las Palmas, 1946), quien les ha concedido a «ellas» todo el protagonismo de Casi todas las mujeres. Así se titula la novela que le ha dado el II premio Ciudad de Torrevieja, dotado con 360.000 euros y el segundo en el escalafón comercial tras el Planeta. El gran amante de Cuba, el más latino de los escritores españoles, cambia el Caribe por el Mediterráneo para saltar a otra isla, Sicilia, y narrar una historia de amor con pasiones físicas y literarias de alto voltaje. Es lo último de un escritor feliz y apasionado de su oficio y que se confiesa «harto» de escritores llorones.

La pasión literaria e intelectual se traduce en la reivindicación de El gatopardo, la genial y vapuleada en su día novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa. La física es la que vivirán una joven italo-norteamericana apasionada por reivindicar a Lampedusa y un maduro orfebre que se ha pasado toda la vida persiguiendo el oro y la pasión amorosa. Las dos se cruzarán en la estratégica y seductora isla en la que ya recalara Ulises en su odisea, con episodios en Madrid y Barcelona.

«Creo que la mujer es literatura y que la literatura es mujer», anticipa Juancho Armas como clave de la novela. «Es una historia de amor y una defensa de la gran literatura que encierra la novela de Lampedusa, de la que se dijo que era reaccionaria, decadente y aristocrática y que por desgracia no se publicó hasta dos años después de su muerte». «El gatopardo es el triunfo de la literatura sobre el tiempo, un ejemplo de supervivencia frente al olvido», afirma Armas, recordando que sus grandes defensores fueron Togliatti, Aragon y Visconti y como a los grandes editores italianos se les escapó su genialidad.

Viaje

Tras la estela de Lampedusa y bien pertrechado con el Viaje a Italia, de Goethe, ha recorrido Armas la isla mediterránea de punta a cabo tres veces para cerrar esta novela que le rondaba desde hace muchos años. No se olvidado del Caribe ni de su amada Cuba, pero ahora asegura que «Cuba es la Sicilia del Caribe, como le oí decir a Carpentier, y Sicilia es la Cuba del Mediterráneo». No ha podido en esta ocasión practicar ese mestizaje idiomático tan característico en el que mezcla tonos y modismos de ambos lados del Atlántico.

«No se puede comprender Europa sin conocer Sicilia, que a pesar de la mafia, los Corleone y los Prizzi es la tierra que acogió a normandos, griegos, romanos, árabes; fue el centro del mundo en su tiempo, la frontera de Oriente, la llave del Mediterráneo y la cuna de la cultura occidental», asegura.«‘Aquí está la clave de todo’, exclamó Goethe contemplando, desde Taormina, la isla, y no le faltaba razón», resume el autor, quien evoca también una notable presencia española en ciudades como Siracusa, «similares a Cádiz o La Habana vieja». «Ser conocida después de 30 siglos sólo por la mafia es una vulgaridad para una isla que ha dado premios Nobel como Pirandello y Salvatore Quasimodo y que siempre estuvo entre mis pasiones», se duele.

«La literatura es mujer –insiste- y son esas mujeres lo más importante de esta novela que transcurre en una isla que también es mujer». Una constante además en la historia de la literatura a su juicio. «Sin esa mujer llamada Dulcinea, que sólo existe en la cabeza de Alonso Quijano, no tendríamos el Quijote», hace notar, asegurando que su novela es además «una provocación contra el machismo».

Néstor y Sara podrán vivir su doble amor en Taormina, «donde ella desarrolla su febril pasión por Lampedusa y él vive gracias a Sarah la pasión mas intensa y gratificante de su vida, hallando el oro que como orfebre buscó toda su vida y que encontró en una mujer». Reconoce el verboso Juancho Armas que quizá sea su narración más erótica y que los protagonistas «entran en la sensualidad de todos los sentidos y de la imaginación».

Recibe Armas este premio con el alborozo que le produce practicar su oficio. «Escribir es un privilegio, se triunfe o no, y los escritores deberíamos escribir más y llorar menos. Los lamentos de tanto y tanto escritor llorón me importan un pito. Estoy harto de llorones», asegura. Se define así como un «hedonista de la escritura» y advierte que «la novela es hedonismo impuro, y esta es una novela hedonista protagonizada por hedonistas».

Hace años que trabajaba a trompicones en esta novela que abandonó para terminar La orden del Tigre, publicada hace un par meses y ambientada en Argentina. Casi todas las mujeres llegó a ser para Armas «una verdadera obsesión». «El reto era hacer una novela sobre literatura en la que no parece que se escriba literatura», concluye , reconociendo «que parte de mi vida libertina está en el alma de esta novela».

Su próxima obsesión es también una novela protagonizada por mujeres, la historia de cuatro generaciones que se desarrolla entre España y México, y en la que recuperará a la familia de los Rejón. Podrá terminarla gracias «al tiempo que compro ganando este premio que me permitirá ganar lectores, porque ganar un premio como este para un escritor es como tomar el Palacio de Invierno».