Vargas Llosa: el vicio de escribir, de J.J. Armas Marcelo

Sobre Vargas Llosa: el vicio de escribir

Javier Munguía

Vargas Llosa: el vicio de escribir, Ensayo, 1991.

Vargas Llosa: el vicio de escribir, Ensayo, 1991.

La vida del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa es tan novelesca como sus propias ficciones. De ello da cuenta esta biografía del narrador y periodista Juan José Armas Marcelo (España, 1946), publicada por primera vez en 1991, ampliada en 2002 y reeditada en 2008 en España y a finales del año pasado en México. Aunque Vargas Llosa. El vicio de escribir dedica uno de sus cuatro apartados a la revisión de los libros del gran novelista peruano y su recepción, no estamos ante un estudio crítico de la obra de Vargas Llosa, sino, sobre todo, ante una biografía amena y cabal, quizá la única completa dedicada al autor de La Fiesta del Chivo, que cumple una función divulgativa y puede ser útil tanto para viejos como para nuevos lectores de don Mario el del Nobel.

Como ya anoté, el libro cuenta con cuatro capítulos, además de una introducción en la que el autor explica su fascinación por la obra de su biografiado y cómo inició con él una amistad que ha continuado hasta la fecha. El primer apartado se titula “El espíritu de la contradicción” y abarca desde los primeros años de Vargas Llosa, nacido en la ciudad peruana de Arequipa en 1936, hasta su coqueteo con la política y posterior derrota electoral en 1990. A diferencia de otras biografías, que nos hacen esperar cientos de páginas hasta llegar al punto culminante del personaje cuya vida cuentan, esta arranca con el triunfo de Vargas Llosa como escritor luego de la publicación de sus primeras novelas. De hecho, las primeras líneas de este primer capítulo dan cuenta de un hecho fundamental para la carrera literaria de Vargas Llosa: el descubrimiento de La ciudad y los perros, primera novela del peruano, por el editor barcelonés Carlos Barral, quien dio al libro su decidido apoyo para que le fuera otorgado el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral y sorteara la censura del franquismo.

Este hecho no solo impactó en la trayectoria de Vargas Llosa, a quien catapultó al merecido y soñado reconocimiento literario, sino que para algunos críticos significó también el arranque del llamado “boom” de la novela hispanoamericana, no un movimiento sino una promoción de escritores de gran calidad originarios de los países americanos hispanoparlantes, cuyas obras gozaron de una difusión en el continente que les vio nacer y en todo el mundo con la que no contaron los libros de sus antecesores. Entre esos escritores, además de Vargas Llosa, estaban el argentino Julio Cortázar, el mexicano Carlos Fuentes, el colombiano Gabriel García Márquez y el chileno José Donoso; todos ellos eran representados por la agente literaria catalana Carmen Balcells.

Luego de la publicación de La ciudad y los perros, la vida del narrador peruano que nos ocupa cambió de forma radical: si bien aún no podía vivir de sus libros, se convirtió en una de las grandes figuras literarias de la segunda mitad del siglo XX, y ya no tuvo ningún problema en conseguir editor para sus próximas narraciones, que, al igual que la primera, fueron traducidas y celebrada por los lectores y la crítica de muchos países. Ello es descrito con pormenores en el primer capítulo de El vicio de escribir, que luego retrocede a la infancia de su biografiado para revisar su temprana pasión por los libros y el camino que lo llevaría al éxito. En esas páginas nos enteraremos del nacimiento de Marito en Arequipa, rodeado de su familia materna y con el padre ausente; los primeros años en Cochabamba, Bolivia, siendo el niño mimado por su madre, abuelos y tíos; el regreso de los Llosa al Perú, al encomendársele un cargo político al abuelo; el traumático encuentro entre un Mario de 10 años y su padre, a quien creía muerto; la violencia ejercida del padre contra el hijo; el internamiento del joven Mario en el colegio militar Leoncio Prado, que le daría una visión bastante completa de su país y el tema de su primera novela; sus juveniles años de periodista; el matrimonio con la tía Julia (cuyos avatares quedarían descritos años después en otra novela, La tía Julia y el escribidor); el añorado viaje a Europa; y el segundo matrimonio, esta vez con la prima Patricia, entre otros hechos fundamentales en la vida del biografiado.

Este primer capítulo del libro probablemente sea el de mayor interés de los cuatro: los hechos que en él se narran darían sin problemas para una novela. En ellos encontraría inspiración Vargas Llosa para algunas de sus mejores ficciones. Armas Marcelo, además, despliega en este capítulo sus dotes de narrador para estar a la altura de lo que cuenta. Como ya hemos visto, no opta por el orden cronológico, sino que salta con fluidez del pasado al presente con el fin de atraer la atención del lector desde el principio. Asimismo, no se limita a contar la vida pública de Vargas Llosa, sino aspectos más íntimos, como su inicial miedo a la paternidad y la posterior relación con sus tres hijos: Álvaro, Gonzalo y Morgana. Armas se vale tanto de otros libros sobre el autor como de las declaraciones de personas cercanas al narrador peruano y del propio Vargas Llosa.

No podían faltar en El vicio de escribir unas páginas dedicadas a la amistad entre el creador de Pantaleón Pantoja y Gabriel García Márquez, concluida en 1976, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, con el puñetazo del peruano que mandó al suelo al colombiano. A pesar de aludir en diversas ocasiones a su cercanía con Vargas Llosa, Armas Marcelo es incapaz (¿quizá por prohibición de su amigo?) de elucubrar una versión que explique el pleito entre este par de gigantes de las letras latinoamericanas. (En fechas recientes, Plinio Apuleyo Mendoza, amigo de ambos escritores, ha dado el testimonio más verosímil de la pelea).

El segundo capítulo del libro, “El pasajero de la política”, explica las desavenencias de Vargas Llosa con la Revolución cubana, algunas de sus ideas políticas centrales (su defensa de la democracia y el liberalismo, sobre todo) y su candidatura a la presidencia del Perú. Aunque este apartado es competente, quizá se demora demasiado en la descripción de la campaña electoral. El tercer capítulo, “Madame Bovary c’est moi”, está dedicado a la obra de Vargas Llosa, desde La ciudad y los perros (1963) hasta Elogio de la madrastra (1988), pasando por todas sus novelas publicadas en ese periodo, así como sus obras de teatro. No es Armas Marcelo un gran analista de la obra  vargasllosiana. No explica las aportaciones técnicas del autor que revisa y sobre todo le falta una jerarquización de los libros de su biografiado según su valor: parece desprenderse de sus palabras que todos los libros de Vargas Llosa son igual de grandes. Sin embargo, el capítulo tiene interés informativo, pues da noticia y resume buena parte de los libros del autor peruano, así como anécdotas en torno a la creación de esas obras y las reacciones que suscitaron en algunos críticos en el momento de su aparición.

El cuarto capítulo, “Del Chino al Chivo. El regreso del deicidia”, fue incorporado al libro en la edición de 2002 y abarca de los años posteriores a la derrota electoral de Vargas Llosa a la publicación en 2000 de La Fiesta del Chivo, una de las grandes novelas del autor y el regreso a las ambiciones totalizantes de sus primeros libros (La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en La Catedral) y de una de sus narraciones de madurez: La guerra del fin del mundo (1981). Este capítulo es misceláneo, ya que se ocupa tanto de la vida de Vargas Llosa como de la revisión de sus libros y las lecturas que inspiraron, y posee las mismas virtudes y defectos que el resto de la biografía.

Por ser, hasta donde tengo noticia, la única biografía completa dedicada a Mario Vargas Llosa, El vicio de escribir es un libro de referencia ineludible para lectores y estudiosos de la ficción del más universal de los peruanos. Es verdad que a Armas Marcelo la admiración por su biografiado se le desborda, en parte por la amistad que lo une con él y en parte por la legítima admiración que siente por su obra. La biografía “definitiva” de Vargas Llosa, aquella que sondee sus tropiezos y contradicciones, y que proponga una jerarquización fundamentada de sus libros, aún está por escribirse. Pese a ello, la de Armas Marcelo cumple su propósito de contar la historia de una vida apasionante y aventurera, y la de un puñado de novelas que están entre los más altos logros de la literatura del siglo XX.