A modo de presentación hacemos siempre una pregunta que obligue al artista a explicar a los lectores de OtroLunes que no te conozca ¿quién es Eduardo “Edo” Sanabria? Pero la respuesta debe dirigirse a dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Eduardo Sanabria, el ser humano y “Edo”, el artista, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
Es una pregunta difícil, porque me cuesta hablar de mí mismo. Te diría que soy un ser privilegiado porque a través del dibujo logré darle sentido y fuerza a mi vida. Vivir de lo que me encanta hacer es una bendición que agradezco todos los días. No puedo separar lo profesional de lo personal. Mi profesión forma parte de mi vida. Dibujar, para mí, es como respirar.
Miremos a tus inicios: ¿cuándo supo Eduardo que podía andar el camino de la creación con la mirada de Edo?
Desde pequeño supe que dibujar era lo que quería hacer por el resto de mi vida. Lo que no sabía era cómo hacer para ganármela mediante una profesión tan subvalorada por la sociedad. A medida que pasaban los años, aprendí que la ilustración tiene muchas variantes. En mi caso, el humor gráfico y la caricatura fueron los caminos que escogí. No es un camino fácil. Hay que tener mucha paciencia y perseverancia. Este es un trabajo de años. Nunca se termina de aprender.
He comprobado con admiración que muchos de ustedes se retroalimentan de otros maestros del dibujo, la caricatura, el humorismo gráfico. En tu caso me gustaría que le hablaras a nuestros lectores de quiénes y de qué forma se convirtieron en tus maestros. Pero quisiera que lo hicieras mencionado primero a tus maestros nacionales y luego a los extranjeros.
Sin duda, en Venezuela casi todos los caricaturistas de mi generación han sido influenciados por Pedro León Zapata, quizá el humorista gráfico más importante del las últimas 5 décadas en nuestro país. De afuera tengo muchas fuentes que admiro y cultivo: Quino, Hermenegildo Sábat, Al Hirschfeld, Mort Drucker, David Levine…
En tu caso no se cumple aquello de que “Nadie es profeta en su tierra”. Quienes seguimos desde hace un tiempo tu labor en la prensa venezolana, hemos podido comprobar el gran impacto que tienen tus creaciones, sean de la modalidad que sean, en el público lector de tu país y de otras naciones. Sabiendo que entramos en un terreno minado, quisiera comenzar preguntándote ¿qué significó para ti poder publicar tu obra en los más importantes medios nacionales venezolanos?
Es un privilegio y una satisfacción muy grande. Uno como humorista y caricaturista quiere que su trabajo lo vea la mayor cantidad de gente posible. Como te comenté anteriormente, este es un trabajo de muchos tiempo. Mi primera caricatura publicada en prensa fue hace 20 años, en 1994. De 6 años para acá es que comienzo a ver los frutos de tanto tiempo publicando.
Precisamente por ese trabajo, en las actuales condiciones políticas en Venezuela, has tenido problemas. ¿Quiero que le cuentes a nuestros lectores qué problemas has tenido y cuál crees que sean la raíz de esos problemas?
Los problemas son los que siempre tienen los caricaturistas con el poder: la intolerancia, el acoso a través de las redes sociales. En nuestro país tan polarizado, el bando que apoya al gobierno no entiende que el humor siempre debe adversar al poder, esté quien esté de presidente. Afortunadamente, no ha pasado de meras amenazas vía twitter.
El gran Mingote, ese caricaturista español que se hizo un nombre imprescindible en la historia del humorismo gráfico internacional, decía en una entrevista que quien se dedica a tu oficio debe tener, ante todo, la honestidad de criticar lo criticable, fuera del signo ideológico que fuera, una especie de conciencia crítica gráfica. En tu caso, eso se complejiza mucho teniendo en cuenta que en tu país, como en el mío, sólo se te reconoce como un crítico honesto cuando sigues la corriente impuesta por el poder político. Desde tu experiencia personal, ¿es la caricatura social o política, el humorismo gráfico venezolano un espacio de rebeldía que el gobierno no ha podido controlar o estamos hablando ya, como sucede en Cuba hace varias décadas, de una expresión amordazada, domesticada por el poder?
Precisamente, el humor es un espejo que debe reflejar las miserias y mentiras del poder. Históricamente ha sido así. Pienso que es la esencia de esta bella y difícil profesión. Los humoristas somos como el niño que grita que el Rey está desnudo. Y hay que acotar que no importa quién esté ejerciendo el poder. El humor, siempre debe estar en la acera de enfrente
Me gustaría ahora que le contaras a los lectores de OtroLunes un día normal de trabajo de Edo en la actual Venezuela.
Dibujo mucho. En estos momentos estoy pasando por una etapa creativa interesante porque paralelamente al oficio de humorista, estoy exponiendo caricaturas de personajes globales en Venezuela y el exterior. Tengo que desdoblarme diariamente para empaparme de los problemas cotidianos y a la vez zambullirme en el mundo de una personalidad para realizarle una caricatura. Ando experimentando con la plástica y el pop art, así que, estoy ocupado dibujando todos los días de la semana. ¡No paro!
En el caso de Cuba, donde tenemos muy buenos creadores en estas modalidades del humor gráfico, existe una clara línea que separa a la caricatura social de la caricatura política. La primera, refleja eso que nosotros llamamos el “choteo cubano”, ese modo de burlarnos de nuestras desgracias; pero el segundo, que pudiera ser una mirada crítica a nuestros problemas, dejó de existir en 1959 y ahora se limita a cacricaturas, viñetas o historietas donde sólo se critica el llamado “infierno capitalista”. ¿Cómo crees tú que ocurre en Venezuela?
La polarización en mi país está en todas partes. El humor no es la excepción. Hay humoristas gráficos, como yo, que están en contra del poder y hay humoristas gráficos que están a favor del mismo. Solo cuestionan a la oposición, al imperio Yankee. Cada quien es libre de plasmar su opinión. El detalle es que a esos humorsitas no los persiguen ni insultan como a los otros que sí cuestionamos al poder.
Más allá de la política, creo que un oficio como el tuyo implica riesgos extremos, sobre todo en estos tiempos en que no existe una clara definición de hasta dónde puede y debe respetarse la libertad de expresión sin que resulte ofensivo en un mundo donde cada vez hay más temas peliagudos, conflictivos: pienso en la homosexualidad, en el racismo, en el abuso contra la mujer, asuntos que fueron temas de la caricatura en tiempos no muy lejanos sin que fuera tan complicado como lo es hoy. La pregunta sería: ¿hasta dónde marcas tus límites en esa libertad de expresión que defiendes?
Yo no me meto ni con la condición sexual de las personas ni con su raza o con las discapacidades. El humor negro me gusta, lo respeto, pero no lo practico. En estos tiempos, los humoristas estamos a merced de la discrecionalidad de cualquier funcionario intolerante, así que uno debe seguir, hasta donde pueda. Las redes sociales son una bendición porque permiten que tu mensaje llegue a muchas más personas burlando la censura. También debemos tener en cuenta que somos comunicadores y eso conlleva una responsabilidad. El peor enemigo del humor es lo obvio. Lo prosaico, el chiste fácil, atenta contra nosotros mismos
Sé que es una pregunta trampa porque, al responder cosas así uno suele tener olvidos imperdonables, pero, si tuvieras que hacer una antología con tus caricaturistas latinoamericanos y españoles favoritos, ¿a quienes incluirías?
Sin dudarlo: Mingote, Chumi Chumez, El Roto, Quino, Sábat, Crist, Caloi…
Finalmente, aunque parezca un tópico y ya que, a pesar ser muy joven, considero que ya posees una obra respetable en toda su extensión: ¿qué le aconsejarías a alguien que decida incursionar en el difícil pero apasionante camino del humorismo gráfico?
¡Gracias! Bueno, siempre lo digo: la gente comete el error de pensar primero en el dinero que pueda ganar antes de dedicarse a determinada profesión y esto es un error garrafal. Recuerdo que a mí me decian que siguiera el ejemplo de mi tío que era un excelente contador y ganaba mucha plata con ello. Si hubiera tomado ese camino estuviera hoy súper frustrado. Uno debe dedicarse a lo que más le gusta: Médico, abogado, pintor, bailarin, cineasta. No importa la profesión. Se debe entender que es un largo camino que hay que transitar con mucha paciencia y constancia. Lo primero es sentir desde adentro pasión por lo que uno hace. El dinero viene solo.
