Vicente Botín y su mirada sobre Cuba

Antonio Álvarez Gil

columna-antonio-alvarez-gil-1-otrolunes31Vicente Botín es un periodista proveniente del mundo audiovisual. Maneja, sin embargo, el texto escrito como un maestro de la prosa. Su buen hacer con las palabras le confiere a lo que firma el sello de un estilo esmerado y preciso, dos atributos cada vez más difíciles de encontrar en los medios de comunicación de nuestros tiempos, los tiempos de Internet y del periodismo improvisado, concebido casi siempre con prisas y pergeñado de manera descuidada o pedestre. Ante tanta bagatela virtual con pretensiones de trabajo serio reconforta leer los textos escritos por Vicente Botín, autor de dos libros que recomiendo a las personas interesadas en ese intrincado mundo de sueños frustrados, seducciones sin fin y expectativas incumplidas que es la llamada revolución cubana.

Me refiero a Los funerales de Castro (Ariel, Barcelona, 2009) y Raúl Castro: la pulga que cabalgó al tigre (Ariel, Barcelona, 2010).  Si el primero de los títulos es un fresco de la Cuba actual, el segundo es un retrato del personaje protagónico sobre el fondo convulso de un país en marcha hacia ningún lugar. Aquí el cronista fija el foco de atención en el hermano menor del comandante en jefe, visto como el segundo al mando de la nave que ha llevado a su pueblo al desolado puerto en que se encuentra hoy. Este libro de Botín es un texto interesante e instructivo desde todos los puntos de vista; pero es también, en mi opinión, un instrumento indispensable para quien desee conocer mejor la sinuosa personalidad de Raúl Castro.

columna-antonio-alvarez-gil-2-otrolunes31Conocí  del quehacer periodístico de Vicente Botín a través de la pequeña pantalla, en los tiempos en que él trabajaba como corresponsal de la Televisión Española en Buenos Aires; y luego, cómo no, por su impecable desempeño en la misma función desde La Habana. Ya entonces supe de sus dotes para la comunicación, de su competencia y su rigor profesional. Su labor en Cuba era la del reportero proveniente de una sociedad abierta que vive e informa desde un mundo suspicaz y cerrado, siempre en la cuerda floja tendida sobre el vacío de la reprobación y la censura. Debió, imagino, sudar la gota gorda para enviar sus reportajes desde un país donde la difusión de noticias es materia tan sensible que puede llegar a ser calificada como un arma del enemigo nacional. Y hacerlo, pese a ello, con honradez y objetividad.

De esa estancia en La Habana salió el primer libro de Vicente Botín, un grupo de crónicas sobre la vida de la gente en la Isla, una recopilación que puede apreciarse, ya lo he dicho antes, como un gran cuadro de la Cuba actual. Esos trabajos son el fruto de una mirada avizora sobre el país, de oídos capaces de escuchar el rumor que subyace bajo las consignas altisonantes lanzadas al aire en las tardes de manifestaciones populares en apoyo al gobierno. En aquellos años de trabajo en Cuba el periodista supo ver el rostro verdadero del cubano de a pie, oyó sus quejas más recónditas y entendió el mensaje del pueblo que anda por las calles. E hizo algo que muchos extranjeros en el país no consiguen hacer jamás: aprendió a separar el trigo de la paja.

columna-antonio-alvarez-gil-3-otrolunes31En mi opinión, Los funerales de Castro es el producto de la capacidad de observación de Botín, de su coraje cívico y su compromiso con la verdad. El volumen dedicado a Raúl Castro es, sin embargo, un trabajo con una estructura dramática y una construcción de caracteres que en algo recuerda una novela histórica. Hay un protagonista, unos hechos que son reconstruidos por la pluma del autor y un desarrollo de la trama. Hay una evolución del personaje central, a quien podemos ver en toda la dimensión de sus varias y contradictorias aristas humanas. Cuando uno termina de leer el libro tiene una idea general de los principales acontecimientos ocurridos en la Cuba de los últimos sesenta años, pero también una imagen precisa de quién es Raúl Castro. Lo vemos de manera nítida en su papel de hermano menor, de segundo de todo lo habido y por haber, siempre a la espera de un momento que se le hace eternamente largo. Pero aparece también disponiendo la muerte o traicionando a su gran amigo Arnaldo Ochoa. Y –lo que son las cosas- llorando ante el féretro de su madre o su mujer, como cualquier persona.

A diferencia de otros autores críticos con la revolución cubana y con sus líderes, Vicente Botín no escribe epítetos ofensivos, no denuesta ni se anda por las ramas de detalles superfluos, difíciles de demostrar. Pero que nadie piense que el texto de Botín es un libro amable con el menor de los hermanos Castro. El autor de Raúl Castro: la pulga que cabalgó al tigre expone hechos que son verdades incontestables, datos contrastados que se bastan por sí solos para colocar en su justo lugar a la pareja de hermanos que ha desmontado hasta lo indecible un país que en otros tiempos fue uno de los más prósperos de América, e incluso tanto o más próspero que algunos en Europa.

He dicho antes que en su texto Vicente Botín muestra las múltiples facetas humanas de la figura que durante decenios fue el segundo al mando de la Revolución. Pero no saca conclusiones. Las deja a cargo del lector. Quien dedique unas horas a leer este libro podrá tener una idea correcta de lo que ha ocurrido y ocurre en Cuba; pero también de cuál ha sido y continúa siendo el papel de la persona que es supuestamente el dirigente máximo de la otrora esplendorosa isla de Cuba. Recomiendo a todos su lectura.