

Gastón Baquero y Mena
Las obras que muestra Lorenzo Mena en esta magnífica exposición se bastan por sí mismas para identificar de nuevo la altísima calidad progresivamente ascensional de este pintor.
La pintura de Lorenzo Mena es suya, personalísima, propia de un genuino creador; no siempre puede decirse esto de un pintor. A una imaginación dramática y poética a la vez, él une su gran oficio. La conjunción de imaginación poética y de oficio cabal para apresarla y representarla, da a estas obras esa característica de pintura que vive, de pintura viva. Esta característica es a mi juicio lo primero que nos sale al paso desde estos cuadros, sean grandes o pequeños en su formato.
Lo que pinta Lorenzo Mena sale del cuadro, entra física y realmente por los ojos al espectador, con esa fuerza que en nuestro tiempo hallamos ante todo en los expresionistas alemanes, que rompieron tantos moldes de pintura pompier y manierista.
Los expresionistas pusieron en pie ante los ojos y las conciencias aquellas realidades, aquellos gritos, que los pintores caros al espíritu burgués no querían escuchar. La angustia humana, las dolorosas contorsiones del espíritu que hacen del hombre contemporáneo un neurótico o un esquizofrénico, viven en los cuadros de Lorenzo Mena, pero sin aspavientos, sin deformaciones tan exageradas que anulen la misma imagen que quieren dar, y dejan al desprevenido espectador en un mar de confusiones y de dudas, en un vacío.
Lejos de eso, en los cuadros de Lorenzo Mena, por ese raro equilibrio entre imaginación y oficio de que he hablado, son entes reales, vívidos y vivientes, tangibles. Estos personajes, aun los más fantásticos, nos salen al encuentro y nos acompañan, nos inquietan y a veces nos asustan un poco, como asustan esos cuadros de un Valdés Leal que invocan y dan vida a la muerte.
Quizás un espectador eche de menos, tratándose de un pintor cubano, los brillantes colores que en la mente popular acompañan siempre a los cuadros, poemas y músicas de la gente antillana. El color de los cuadros de Lorenzo Mena es el apropiado, el consustancial con su visión del mundo.
Que esa visión queda maravillosamente aprisionada en el cuadro, con honradez, con sinceridad vigorosa, es, en mi sentir el gran mérito de Lorenzo Mena. Y es al mismo tiempo la fuente de donde mana esta impresionante o expresionante manera magistral de ofrecer una pintura viva, poéticamente real y realistamente poética. Una gran pintura.
Por
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Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena