Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2007. Antilde;o uno. Número dos

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Otra Opinión >> Palabras de revés

Piedras y recuerdos

Amir Valle

Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido, con una de esas caras de indígena latinoamericano (supe luego que era guaraní) tan usuales en los libros de fotografías del mundo moderno occidental.

Quizás todo empezó cuando la poeta Marirro Amengual y su esposo me invitaron a dar un recorrido por lo que llamaron "la ruta de Quiroga", es decir, esos lugares inhóspitos adonde Horacio Quiroga se fue, para convertirse en un mito y convertir en míticos aquellos rincones de la selva argentina hasta entonces (e incluso hasta hoy) olvidados por el hombre. La pérdida de la memoria histórica ha convertido esos lugares en sitios a los que sólo acuden los turistas: pude comprobar que para la mayoría de los argentinos, la genialidad de Quiroga se reduce muchas veces a "un loco que escribía cuentos" y es cada vez más desconocido, menospreciado, y catalogado como uno más de los escritores de Misiones. La misma pérdida de la memoria flota sobre las todavía mágicas ruinas jesuíticas de Santa Ana (descuidadas, las pobres) y de San Ignacio Miti (Patrimonio de la Humanidad, pero igual de mal conservadas). Allí pululan los guaraníes, en grupos, desahuciados y con las ropas rasgadas, pidiendo limosnas las mujeres con niños, los niños con sus hermanitos de meses cargados, los niños.

Comimos en un pequeño restaurante antes de entrar a las ruinas, asombrado yo y encantados mis amigos porque la voz de uno de sus ídolos musicales (Silvio Rodríguez) amenizara nuestra comida (confieso que me sentí como un rey: el único revolucionario cubano millonario que conozco cantaba para mí). Luego entramos a las ruinas, recorrimos aquellos espacios cargados de tanta historia y tanta muerte (se siente flotar, nadie puede negarlo, impactante, sobrecogedora). Y salimos a la zona de los kioscos. Hubo un momento en que me aparté para mirar una pipas de mate en uno de los kioscos, y me vi envuelto de niños indígenas. Un enjambre. Proponiendo piedras de colores y pedazos pequeños tomados de las ruinas con unas vocecillas chillonas donde se mezclaban palabras en sus lenguas nativas, el español mal pronunciado y inglés todavía más incomprensible. Suplicaban. Agresivos. Como moscas. Molestas criaturas que me lanzaban a la cara, sin retoques ni medias tintas, lo jodido que estaba el mundo.

Saqué cinco pesos argentinos y se lo dí a uno. Comenzó a brincar de contento y a decir cosas que no entendí antes de salir del grupo. Los demás niños zumbaron y volvieron a la carga, esta vez halándome las ropas, el cinto, el cordón de la cámara... Cuando mis amigos se dieron cuenta, corrieron a salvarme, y los echaron sin mucho miramiento. Los vi irse detrás de otros turistas, otra vez con la técnica del enjambre. Supe que lloraba. Y bajé los ojos. Y me senté en una piedra. "A mí también me parten en pedazos cuando los miro", dijo Marirro, sentándose a mi lado, "por cosas como esas es que este país de mierda tiene que cambiar". Su mano sobre mi cabeza y sus palabras trajeron el alivio.

Poco después, seguimos buscando entre los kioscos algo típico para llevarme de regreso a La Habana. Un indito nos seguía. Era el niño que logró alcanzar entre el grupo de manos que se me tendían como serpientes, con una agilidad pasmosa, los cinco pesos argentinos. "Señor, ¿puedo decirle algo?", preguntó. Asentí con un gesto. O quizás debo decir, asentimos, porque Marrirró también hizo el gesto: en los ojos de aquel niño había una paz rara, un amor ancestral que nada tenía que ver con la desesperación que vi en ellos sólo minutos antes.

"Perdónelos, señor", dijo entonces, "vivimos allá, en las tumbas". Y señaló a un viejísimo cementerio, a un costado de las ruinas. Yo había visto mantas y ollas tiznadas y restos de fuego en algunas de las fosas abiertas, cubiertas con pedazos de cartón y de zinc. "Aunque no lo creas, aquí vive gente", me había dicho Javier.

"¿Me acepta un regalo, señor?", otra vez la voz aflautada del niño.

Volví a decir que sí, otra vez moviendo la cabeza. Fue entonces cuando extendió hacia mí la piedrita. "Tómela, señor, le traerá suerte", dijo.

Desde entonces, fines del 2001, la piedrita va conmigo a todas partes, guardada en el bolsillo de mi billetera, como un amuleto. Otro argentino, el realizador y escritor argentino Settimio Presutto, colega de proyectos y sueños de Lichy Diego y Fernando Birri y uno de los más grandes conocedores del mundo guaraní, casi echa a llorar cuando escuchó esta historia y saqué de mi billetera la piedrita.

¿A qué viene tanto melodrama?, preguntará alguno. Y le respondo.

Hace unos días, cuando andaba buscando materiales para esta revista, entre mis colegas de Argentina, uno de ellos dijo: "a fin de cuenta, un país es, sobre todo, esa imagen que te llega a la mente cuando pronuncias su nombre".

Y quizás tenga razón. Porque siempre que escucho esa palabra: "Argentina", hay una imagen, sólo una imagen, que nace en mi mente. Sólo después llegan las otras imágenes, como recuerdos.

Visto así, entonces, Argentina para mí no es la cosmopolita Buenos Aires, no es el enorme bistec de res que me llevó a mi comer mi querido amigo el escritor Vicente Battista, no es el amargo sabor del mate, no es la dulce cordialidad familiar que me dieron en Oberá los escritores Teresa Passalacqua y Walter Tresols, no es la magistralidad conversacional de los narradores Abelardo Castillo y Silvia Iparaguirre, no es la impresionante majestuosidad del río Paraná, ni la atención de Mempo Giardinelli, ni los ritmos tradicionales de Corrientes, ni la hermandad del narrador José Gabriel Ceballoss sostenida a lo largo de tantos años. Ni siquiera es esa Argentina múltiple, abierta, llena de tonalidades y sorpresas y desencantos que me pintan en nuestras conversaciones Pedro y Marisol Barros, mis pastores argentinos, de la iglesia Latinos en el Camino, en Berlín. Ni es la dura Argentina que observa desde Barcelona mi querido amigo Raúl Argemí, uno de los más grandes novelistas que conozco.

Argentina, y no logro explicarme las razones, es el rostro desaliñado, sucio, de aquel niño guaraní, sus ojos cargados de esa paz ancestral. Y también, ¿por qué no?, esa piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca, que siempre va conmigo.

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

El coleccionismo

Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Piedras y recuerdos

Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

De Plutón a Bisama

Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

El que escribe y el que disiente

Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Narrativa peruana
contemporánea: un mapa

Sin estridencias, sin mucha publicidad, la narrativa peruana contemporánea se va consolidando como una de las más vitales de las que se escriben en español.

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

En defensa de la patria

De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

La literatura
puertorriqueña post-Y2K

La literatura puertorriqueña actual es una elusión. Todos preguntan por ella y nadie sabe dónde está, aunque se sabe que existe.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

Con la leche cortá

...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)

Lorenzo Mena

Sumario

Este Lunes

Lo que queda de mayo del 68

José Manuel Fajardo

¿Venecuba o Cubazuela?

Leonel A. de la Cuesta

Arenas de exilio, muerte y exorcismo

Rita Martín

La dictadura digital

(Primera parte)

José Luis Arzola

Vaivenes de la culpa del intelectual en Cuba

Helen Ochoa

Muerte y memoria en Horacio Castellanos Moya

Luis Pérez Simón

Literatura costarricense: Apuntes desde el margen

Uriel Quesada

Noticias sobre el día después. Segunda parte: El exilio

Ladislao Aguado

En contra de El Jueves y a favor también

Flor Fundora

Otro lunes Conversa

Con Jesús Díaz

Vivir es muy duro

Con Féliz B. Caignet

"Para ser visto por los oídos"

Punto de mira

Represión intelectual en Cuba: ¿Sólo un pasado gris?

Manuel Vázquez Portal

Raúl Antonio Capote

Zoelia Frómeta

L. M. Varela

Luis Felipe Rojas

Cuarto de visita

Vencer el miedo

Entrevista al poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun

Luis Rafael Hernández

El exprimidor

Cuento

Selección de poemas

Unos escriben

José Manuel Fajardo

Otros miran

Lorenzo Mena

Algunos escuchan

Bill Evans: última noche en París

Los lunes me llamaba Nicanor

El sudor de la memoria

Gastón Baquero

Memorial de un testigo

Gerardo Diego

Yo los lunes me llamaba Nicanor

Gastón Baquero

En la misma orilla

David Lago González

El poeta que no existe

El poeta que siempre existió

Poemas

La ciudad de los poetas o las ruinas del Partenón

Raúl Tápanes López

El fantasma de la libertad en Lorenzo Fuentes

Alberto Garrandés

Tribulaciones de letra impresa

Agnieska Hernández

La novela negra. Algo más que una moda

José Javier Abasolo

Silencios de la filosofía

Cuento inédito

José Gabriel Ceballos

¿Qué piensas tú del embargo?

Jorge Camacho

El viaje

Paco Camarena

Libre-mente

El fusil AK y la boina roja: el caso de Radio Caracas TV

Rafael E. Saumell

Recycle

El primer deber del hombre

Fernando Ortiz

De lunes a lunes

El mejor libro de no ficción en lengua española

Alejandra Costamagna finalista del Premio Planeta-Casa de América

I Festival de Cine Cubano FICCU Convocatoria

Biblioteca de Otro lunes

Nace la Editorial Iduna

Carta de Santo Domingo

Librario

Usted es la culpable

Lorenzo Lunar

Las cartas del almirante

Carlos A. Díaz Barros

Con la boca abierta

Odette Alonso

Las noches del cuervo

Isel Rivero

Mitos del antiexilio

Armando de Armas

La vida en llamas

Luis Alberto de Cuenca

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com