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«El año 2007 ha sido uno de los más movidos en cuanto al intercambio de ideas, reflexiones, guerras, ataques solapados y públicos, por parte de quienes, desde la isla o el exilio, protagonizan nuestra Cultura.
La reaparición en la televisión nacional, en espacios culturales de gran teleaudiencia y en homenajes preparados "por una vida al servicio del arte", de varios dirigentes de la cultura cubana durante los llamados "quinquenio gris", "decenio gris", período gris, y otras denominaciones, provocaron lo que se conoció como "Guerrita de los Emails", una reacción realmente inesperada de la intelectualidad de la isla.
Se abrieron paso, al mismo tiempo, enconados y dirigidos ataques denigratorios de las publicaciones de la isla en contra de figuras y publicaciones cubanas en el exilio que se habían hecho eco, de algún que otro modo, de esas ideas y la dudosa rebeldía expuestas en la mayoría de los mensajes que corrieron durante semanas por la red, entre cubanos residentes en la isla o en otras latitudes.
La preocupación mayor de la mayoría de esos mensajes estaba en la idea, expresada por todos los que iniciaron el debate electrónico, de que la represión intelectual (encabezada en las décadas del 60 y el 70 por Luis Pavón Tamayo, Papito Serguera y Armando Quesada, homenajeados todos en la TV Cubana en esos días) era algo que no podía volver; o lo que era lo mismo, daban la sensación de estar hablando de una prehistoria que había sido superada por la modernidad, la libertad y la estabilidad política y cultural.
¿Es sólo un pasado gris la represión intelectual en Cuba? Esa es la pregunta que le hacemos a los invitados al debate de esta edición.»
Manuel Vázquez Portal: No es con rememoraciones personales, vengativas o plañideras, que se hará entender el carácter represivo del gobierno cubano en el ámbito de la cultura. Es por sedimentación de horrores. José Lezama Lima, y Virgilio Piñera sufrieron un tipo de represión; Guillermo Cabrera Infante y Gastón Baquero, otra; Antón Arrufat y César López, Heberto Padilla y Rafael Alcides Pérez, una distinta, los parametrados del teatro y la farándula, una diferente, Reynaldo Arenas y Reynaldo González, una variante, Eduardo Heras León, Luis Rogelio Nogueras y Delfín Prat una nueva. Pero todas con un mismo fin. Controlar el pensamiento y su expresión. Los mecanismos han variado en cada momento pero los efectos y el propósito se han mantenido. Y se mantendrán mientras el gobierno permanezca en el poder y sea dueño de todos los medios de comunicación. No hay independencia del pensamiento sin independencia del aparato mediático. El propio Lezama lo resumía en unas pocas líneas escritas a su hermana Eloísa, mientras padecía su cuota de represión: "Qué desconcierto, querida, por todos lados. Y el sujeto, la persona, el hombre enceguecido dentro de su destino. ¿Qué tiempo demorará que este desconcierto se concierte, que a este caos le surja un cosmos con nariz y todo? En el viejo puerto brumoso los sirénidos de la imaginación no convocan a los navegantes aventureros. Una sola línea, una sola deidad inexorable, un Moloch: el estado como la más fría ballena, dormida entre los hielos". Eso, el gobierno -y confunde Lezama Estado con Gobiernos porque ya en ese tiempo se habían borrado las fronteras entre ambas categorías- congelando, rigiendo la vida en todas sus aristas.
Raúl Antonio Capote: He pagado un precio por mi actitud independiente, pero no soy de los que andan quejándose por los rincones, ni haciendo cartas a las autoridades pidiendo clemencia. Escribo mis textos con mucha libertad, aunque esto parezca una paradoja, sin presiones editoriales, sin autocensura, sin guiños del mercado. ¿El precio? Mis libros no se venden en ninguna de las librerías del país. Perdí mi trabajo en la Universidad. Si algún colega escritor me invita a una actividad literaria ya sea en La Habana o en cualquier provincia del país o visita mi casa, es "llamado a contar". Estoy excluido del sistema de promoción que en Cuba está totalmente en manos del Estado. El aislamiento es total.
Eso si escribo mucho (tengo tres textos inéditos, un libro de cuentos, uno de ensayos y una novela) y le doy gracias a Dios todos los días por haberme permitido reconocer su huella en la arena.
Zoelia Frómeta: Estimado Amir, hasta hoy, domingo 24 de junio no había podido leer tu correo y agradezco tu amabilidad de invitarme a participar en el próximo número de Otro Lunes. Yo, mi buen amigo, he tratado de mantenerme lo más distante posible de las cuestiones políticas de Cuba por muchas razones, que nada tienen que ver con apatía o ignorancia política. Pero luego de leer las preguntas, se me ocurren algunas reflexiones muy personales que me gustaría compartir contigo y los lectores.
Lucidez y honradez, sin ánimo de ofender, pienso, en algunas ocasiones es de lo que hemos carecido los cubanos a la hora de analizar, discernir, comentar o evaluar la situación actual de Cuba. El cubano, no sé si por naturaleza, idiosincrasia o costumbres, es impulsivo, exaltado y se deja llevar con facilidad por las emociones del momento, lo que sin dudas nos ha impedido una reflexión atinada, paciente y justa. En cuanto a la honradez para con la verdad, su verdad, en medio de tanta apasionada algarabía de sentimientos se torna confusa, no permitiendo actuar con sabiduría; terminamos cometiendo errores, diciendo lo que no debíamos, confundidos entre dimes y diretes y, lo peor, traicionando lo que en verdad creemos.
Con frecuencia me encuentro con apasionados defensores del gobierno cubano y para evitar una confrontación que no conduce a nada, me abstengo diciendo que no me interesa la política. Por supuesto que me interesa la situación de mi país, saber qué esperanzas tienen los cubanos, ahora, no de aquí a 20 años. Me inquietan las promesas futuristas: muchas veces se convierten en sueños a largo plazo que nunca llegan a concretarse y logran alejar a los individuos de sus sueños y aspiraciones más inmediatas en pos de una utopía peligrosa y desenfrenada.
Ahora, Cuba se cuece aparte; de alguna manera, la mayoría de los intelectuales cubanos, fuera y dentro de la Isla, se sienten, por muchas razones, con el derecho de opinar sobre la situación de la Isla. Me pregunto cuán honestos han sido y son con sus declaraciones, públicas o privadas; si no se han dejado llevar por sentimientos exaltados o manipulaciones. Pienso que a esta altura de los acontecimientos, no hay nadie, dentro ni fuera del país, que se atreva a negar que el "problema Cuba" se haya convertido en un negocio para unos, en un juego bastante escabroso y conveniente para otros y en una cruzada necesaria para los más conscientes.
L. M. Varela: Si no hubiera problemas, ¿tendría que verme obligado a esconder mis opiniones bajo un seudónimo? A pesar de los premios, de los libros publicados y de estar, digamos, en el centro de una de las instituciones más promocionadas de acá, de la Isla, no puedo permitirme el lujo de expresar lo que pienso. Quienes hablan de la doble moral en que vivimos los cubanos, y lo hacen desde afuera, no se imaginan la disyuntiva que eso significa para tu vida, pero tampoco saben valorar en su justo punto hasta dónde ese mecanismo te ayuda a sobrevivir en una sociedad que no está hecha para la diversidad de opinión.
Luis Felipe Rojas: La primera represión que sentí fue desde el punto de vista de que siempre me hicieron pensar que como intelectual no debí “meterme en cosas de política”, lo que se traduce en que hay tópicos vedados que no deben tocarse. En junio del año pasado fui víctima de un salvaje acto de repudio en la villa de Gibara, acompañado por dos jóvenes más, a esto súmenle unos golpecillos, unos escupitajos y lo inimaginable del escarnio público. Al día siguiente me hicieron un registro domiciliar donde me ocuparon una laptop, cámara fotográfica y libros que iban desde los de Cabrera Infante y revistas Encuentro, hasta los más jóvenes poetas de la actualidad, incluyendo el robo de todos mis discos de música, fotos de mi hijo Malcolm, y cuanta mierda quisieron llevarse. Una semana después nos expulsaron del trabajo a mí y a mi esposa, la periodista Exilda Arjona Palmer, me expulsaron de la AHS, con una tal Alina Alarcón in situ. Desde ese día hacia acá he sufrido unas tres detenciones, registros corporales, amenazas y el hecho de comprobar cómo se hace presente el miedo de hasta los mejores amigos, los que se han apartado, los que vienen con miedo y los que me han prometido que si los aprietan un poquito más… “se verán en la penosa situación de retirarme la palabra”. Desde hace un año he sido retirado de todas las antologías y compilaciones en que inicialmente figuraba, me han prohibido aparecer en lecturas públicas, ser jurado o dar conferencias. El mismo ministro de Cultura Abel Prieto dijo en la reunión post “Pavonato” que había un come… al que se le había ocurrido hacer una “revistica”. Esa revista es Bifronte, la causante de todo lo que te narro más arriba. Esto es un resumen de la penuria, seguro se me quedan cosas, pero no quiero ser LA VÍCTIMA.
Manuel Vázquez Portal: Me da risa. Y rabia. Es grotesco. Ofensivo. Cuando la Carta de los Diez, encabezada por Maria Elena Cruz Varela, Abel Prieto, entonces presidente de la UNEAC, no le permitió a Bernardo Marqués, quien me acompañaba, entrar al Hurón Azul (bar-cafetería-restaurant de la Unión), hace unos meses inmigración no le permitió a Amir Valle entrar a su propio país.
Raúl Antonio Capote: Nunca me interesó mucho esa guerrita de emails, ni creí en ella, me pareció justa la protesta, pero no puedo comulgar con la visión esa de "asunto del pasado".
Zoelia Frómeta: Cuando los días de la famosa "guerrita de e-mail", en circunstancias tan significativas -Fidel enfermo y su hermano en el poder-, hubo un instante, mientras leía uno de esos santísimos correos que circulaban vertiginosos por internet, que a mi cerebro, que siempre está a la defensiva y no quiere dejar pasar una, se le ocurrió la idea de que todo no era más que una maniobra y que el señor Pavón volvía a ser, quién sabe si consciente o no el conejillo. A los días, dejaron de interesarme y opté por no abrirlos y echarlo a la basura de la computadora. Dios mío, lo que en un momento pudo iniciar un dialogo plural, abierto y reconciliador, terminó siendo una comparsa, un jolgorio de parte de quién, no sé, creo que ambas partes tuvieron su cuota de responsabilidad, que estoy segura, hoy nadie está dispuesto a admitir.
Fue interesante y hasta divertido, cómo unos y otros, fuera y dentro de la Isla, se peleaban los derechos de antigüedad, de víctimas y ofendidos. No niego que hubo comentarios atinados como tampoco dudo de la buena fe de algunos cubanos dispuestos a enfrentar un dialogo con honorabilidad y sin el costal de los viejos rencores. ¿Y el resto?
La sociedad intelectual cubana, por desgracia para el país, en una gran mayoría vive en el pasado, de sus frustraciones, miedos, rencores, odios, inseguridad, victimismo y desde ese arsenal de sentimientos es muy difícil ver y analizar con sensatez y claridad la cuestión cubana, porque desde esa posición es imposible opinar con entendimiento. Tanto unos como otros, los que se han sentido humillados, vilipendiados, usados, agredidos en sus derechos o los que aún se sienten víctimas y por otro, los victimarios, los inquisidores, los verdugos, los del poder o como quieran llamarle, deberían asumir, de una vez por todas, una actitud digna y dejar atrás sus miedos y soberbias, entonces se podría comenzar a hablar del futuro de los cubanos. Pero mientras muchos sigan montados en la misma vieja mula, será complicado un dialogo en el mejor de los términos.
En las circunstancias actuales, se necesita confrontar criterios constructivos, no juzgar, porque nadie tiene las manos limpias y tendríamos, si de verdad queremos ser honestos, que comenzar por juzgar nuestras actitudes. Es hora de que limpiemos nuestra casa y dejemos a un lado los problema personales,el orgullo, los egos, tan arraigados en muchos intelectuales que se sienten dueños de la verdad absoluta; nadie tiene la verdad absoluta y creerlo es ignorancia, no importa los miles de libros que un hombre se haya leído, si no es capaz de vencer esas limitaciones del pensamiento.
Es hora de dejar las poses y quitarnos las máscaras, entonces desnudos, sin trucos o trampas, hablar, ambas partes. ¿Será esto posible, o acaso es una utopía pensar en un dialogo en esos términos, sabiendo que hay intereses, sentimientos y lealtades en juego? Yo, aún no soy adivina, pero pienso que ese momento tiene que llegar y entre más pronto nos salgamos de las exaltaciones, los apasionamientos irreflexivos y la arrogancia que no conducen a ninguna parte, entre mas pronto dejemos de ser víctimas de nuestros fantasmas del pasado, del pesimismo, entre más pronto aprendamos a perdonar y a estar dispuestos a dar el primer paso, entre mas pronto desechemos los odios al poder y sus comisarios, entre más rápido dejemos esas poses de super intelectuales de primer mundo y nos veamos todos como el tronco de una identidad, étnica, social, cultural, hermanos en el espíritu de la grandeza del amor incondicional, entonces habrá ganado la cultura, la sociedad, el pensamiento martiano, la patria, es decir la honorabilidad de los mejores sentimientos, las más lúcidas conciencias; a final de cuentas, es nuestro el derecho a elegir y en la elección podemos equivocarnos pero la actitud hace la diferencia. Como diría el sabio maestro Ramtha: la actitud lo es todo, cariño. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a entrar en el agujero?
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Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena