

En el mundo de la novela negra (y paralelamente en el de otros géneros como pueden ser la fantasía, ciencia-ficción, novela histórica, etc.) hay abierto un debate permanente sobre la conveniencia o no de las colecciones dedicadas exclusivamente al género. Se aduce por una parte, en contra de esa tesis, que la publicación de las novelas en una colección especializada las confina a un gueto dedicado exclusivamente a sus aficionados, produciéndose un efecto de marginación que sólo se rompe cuando se publica fuera de colección o en una colección literaria, cayendo en el error, muy extendido en ciertas élites culturales con tendencia al esnobismo, de considerar que las novelas de género no forman parte de la literatura. A favor, en cambio, se suele argumentar que las colecciones facilitan, no sólo para el lector aficionado al género sino para cualquier tipo de lector, la identificación de las novelas y proporcionan una información que en muchas ocasiones, y en medio de todo lo que se publica, ayuda a la hora de decidir si merece la pena sumergirse o no en su lectura. Además, sobre todo cuando se trata de colecciones consolidadas, favorece que la editorial pueda apostar por nuevos autores que, de algún modo, se sienten arropados por los ya consagrados lo que, independientemente de que posteriormente pueda comprobarse si la apuesta ha sido acertada o no, confiere un plus de garantía al hipotético lector aficionado al género.
Este debate no deja, de todos modos, de ser algo académico. De hecho el propio nombre de género negro le viene a este tipo de novelas de la que es quizás la más importante colección que ha existido, la mítica Série Noire de la Editorial Gallimard que creó y dirigió Marcel Duhamel. Y la experiencia así mismo ha demostrado que cuando el género repunta florecen las colecciones.
No tiene nada de extraño que en la transición, punto de partida de la nueva novela policíaca española, aparecieran varias dedicadas al género, entre ellas la Serie Negra de Bruguera, que recuperó para el lector español a los grandes clásicos como Chandler, Hammett, McCoy o Jim Thompson o la colección Esfinge, de la Editorial Noguer, que nos acercó otro tipo de autores alejados de esos cánones clásicos pero de gran valor, como pueden ser el recientemente fallecido Trevanian, los suecos Sjöwall-Wahlöö o un entonces casi desconocido John Le Carré. Asimismo una colección dedicada exclusivamente a autores españoles, entendido el término en sentido lingüístico, Club del Crimen, de Editorial Sedmay, sirvió de banco de pruebas a un puñado de autores autóctonos que posteriormente han consolidado una obra importante, como Andreu Martín, Juan Madrid, Julián Ibáñez.
Tras el citado auge que tuvo en España el género negro con la transición vino una época de vacas flacas y de nuevo parece como si estuviéramos en una aparente época dorada, motivada quizás más que por el número de lectores por el empeño de un montón de entusiastas en la revitalización de un género que parecía apagado. Surgen revistas digitales dedicadas a su estudio y promoción (como La Gangsterera, que a su vez tiene un hijo en papel impreso), blogs dedicados a la promoción del género (La Balacera, Cruce de Cables, Sangre Polar), librerías especializadas (Negra y Criminal en Barcelona, Estudio en Escarlata en Madrid), eventos de todo tipo (la Semana Negra de Gijón, el Mayo Negro de la Universidad de Alicante, las Jornadas Europeas de Novela Negra de Barcelona) y, por supuesto, nuevas colecciones dedicadas a la novela policíaca entendida en su más amplio concepto.
Estas nuevas colecciones tienen, además, la virtualidad de ser diferentes entre sí, en gustos y autores, y de surgir, a menudo, en editoriales que también son nuevas y apuestan con entusiasmo por la promoción del género, cada una de ellas buscando un segmento diferente del público, o quizás de un mismo público capaz de disfrutar de diversas ofertas que en ningún caso son incompatibles entre sí. Una de las que ha apostado más fuerte es RBA cuya colección se llama directamente Serie Negra y que empezó publicando lo más interesante de la nueva hornada de escritores norteamericanos, como Harlan Coben o Dennis Lehane para ir ampliando su oferta a escritores procedentes de otros países ajenos habitualmente al lector español como Sudáfrica (Deon Meyer), Islandia (Arnaldur Indridason) u Holanda (Saskia Noort). Su apuesta por el género es fuerte como lo demuestra la creación de un premio de novela negra que tendrá la cuantía de 125.000 euros y a la que podrán presentarse originales tanto en castellano como en inglés.
También apuestan por los premios las editoriales Roca (Premio L’H Confidencial) y Almuzara (Premio Ciudad de Carmona) como manera de apuntalar sus respectivas series, Roca Criminal y Tapa Negra. Esta última es la reencarnación de una colección y editoriales desaparecidas (Negruras, en Editorial Zoela) impulsadas por la francesa afincada en Granada, Nicole Canto, que también dirige Tapa Negra. Desde ahí ha promocionado a nuevos valores como los cubanos Lorenzo Lunar y Amir Valle o el autor canario Antonio Lozano, además de ser quien introdujo en España al escritor argelino Yasmina Khadra. Roca criminal, por su parte, es una colección más ecléctica en la que lo mismo recupera a un clásico afro americano del género, como es Walter Mosley, que nos ofrece una humorística serie escrita por el estadounidense Tim Cockey protagonizada por un empresario de pompas fúnebres llamado Hitchcock Sewell, sin descuidar los nuevos valores europeos, como Craig Russell, un escritor británico que sitúa sus novelas en Hamburgo con un comisario hijo de escocés y alemana.
La última novela publicada es precisamente la ganadora del Premio L’H Confidencial, Ley Garrote, del mexicano Joaquín Guerrero-Casasola, que nos enseña esa parte de México que no suelen ver los turistas pero que es mucho más verídica e igual de apasionante.
Un caso curioso es el de Editorial Tropismos que empezó a publicar novela negra sin crear una colección específica dedicada al género pero los éxitos de las obras del italiano Marco Vichi y del argentino Antonio dal Masetto prácticamente le obligaron a reunirlas bajo el sello Tropismos Negro y a iniciar una fecunda labor en ese sentido, publicando en estos momentos a algunos de los autores más interesantes del momento, como el irlandés Ken Bruen o el italiano Carlo Lucarelli y sirviendo de plataforma a nuevos valores españoles como los catalanes Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo, que escriben conjuntamente, o Luis Gutiérrez Maluenda.
Como aportación curiosa a nuestro conocimiento del mundo a través de la novela negra, ha publicado la primera obra escrita por dos escritoras vietnamitas, aunque afincadas en París, las hermanas Tran-Nhut, El templo de la garza escarlata, que transcurre en el Vietnam del siglo XVII.
Calle Negra es una colección impulsada en La Factoría de Ideas por un auténtico conocedor y amante del género, David Panadero. Con un buen número de títulos publicados aúna la recuperación de obras prácticamente descatalogadas de algunos maestros del género, como González Ledesma, Andreu Martín o Lawrence Block con la edición, por primera vez en España, de algunos de los autores más interesantes del mundo anglosajón, como S. J. Rozan o Danny King. En su nómina hay unos cuantos premios Edgard, el óscar norteamericano de la novela negra.
El Funambulista con su colección Mares Negros, Barataria con la denominada Mar Negro (llega un momento en que es difícil poner un nombre original a la serie) o Belacqua con La orilla negra son otras editoriales que, sin tener de momento muchas obras en catálogo, se han sumado al carro del género, aumentando nuestra capacidad de leer. Y como se suele decir hablando de la botica, en estas colecciones hay de todo, pero merece la pena seguirles la pista porque hay muchas buenas novelas donde elegir.
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Uriel
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Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...
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Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.
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...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...
Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena