


Si la poesía es la quintaesencia de la literatura, cabría pensar también que ella es refugio y salvaguarda de las formas escritas. Uno puede convencerse fácilmente leyendo este libro de libros, estos poemas que son más que pura poesía; son el extracto de guiones de cine, de canciones, de historietas y tebeos, de jeroglíficos milenarios, de recortes de prensa, de las notas de un diario íntimo. A tanto llega la palabra escrita y a tan poco su perfume, esa quintaesencia que es su propio verso.
Libro dividido en siete partes y algunos años más en su confección, aquí y allí muestra lo mejor de tal heterogeneidad. Un punto común, sí, que rezuman vida, transpiran emociones vividas y pasadas y que llegan al lector, en impulsos que éste comparte como el fin último de su lectura.
La cultura ocupa su lugar al fin, y ("defiéndenos Tintín que nos atacan") Shrek compara su barriga con la de Rossini, mientras Fritz Lang lanza al aire sus palomitas mientras ve La Guerra de las Galaxias. Y Ulises es Kirk Douglas, y éste también El Guerrero del Antifaz...
Poemario atractivo, de constante comunicación e implicación con el lector, con diferentes registros manejados todos ellos con claro dominio en connivencia con sus visitantes que comparten la emoción del poeta, fin último de tal comunicación, impregnado de un tono fresco, lírico y narrativo a la par, ejemplo precioso de nueva y ambiciosa poesía, abarcadora de toda emoción, embebida de todas sus artes hermanas, de imágenes en tres dimensiones...
La línea clara de la primera parte, "Dicen que hablamos claro y que la poesía no es comunicación sino conocimiento" Verdadera declaración de intenciones del autor que acude a una línea casi narrativa en sus Carteles de cine. "Estos versos limitan al norte con el cine de gangsters mi subgénero favorito". Carteles que contemplamos y que nos llevan de la mano de su personal gusto a la sala de cine, poemas que sorprenden, en color y en blanco y negro.
Y del cine a la música, con los Lieder que recorren el camino de vuelta, de la poesía a la canción y de nuevo, con gran fuerza, a veces épica, a la poesía. "San Jorge, tú que combatiste/ al ladrón, protege a mi novia".
No faltan los haikus, exactos, precisos como aforismos. "Abro la puerta./ Descubro que no hay nadie/ fuera ni dentro"
Impagable Crónica de Sucesos, poemas personales, cercanos, donde la comunicación es ya un boca a boca, en el registro necesario para contar lo que se cuenta, que deja sin excusas a los más recalcitrantes disidentes de la poesía. "No, no te parecías a Van Goh..." "... Pero estabas tan loca como él"
El amor está presente en la sección La mujer del vampiro, como en el poema que le da título.
"Para no verme triste, has dibujado/ mi rostro en los espejos de la casa, / y has afilado minuciosamente/ la estaca de madera que tú misma/ clavarás en mi pecho, atravesándome/ el corazón"
Termina el libro en crescendo, con la sección final, El jardín de Alicia. El jardín donde curarse de los desgarros amorosos, una puerta a la esperanza tras la pequeña rendija de luz. Un jardín con flores envenenadas como Political Incorrectness. Alicia y la vida en llamas con el perenne riesgo de convertirse en ceniza, el poeta observando el mundo, interpretándolo. Antes de arder.
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Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena