Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2007. Antilde;o uno. Número dos

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> En la misma orilla

PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA HIPÁLAGE

Altramuces de Paco Camarena

El viaje

Cuento

El sino del viaje, entendido éste como el procedimiento seguido por las personas para llegar desde un punto A a otro B distinto, está inevitablemente marcado por su objetivo: la consecución del Destino. No existe, en apariencia, ninguna otra razón para hacer un viaje como el expuesto que no sea alcanzar, lo antes posible, el lugar al que se pretende llegar. Me imagino a esos astronautas jóvenes viajando en su nave espacial al encuentro de una nueva inteligencia más allá de los horizontes de nuestra galaxia. Duermen, encofrados y entubados, flotando en sus burbujas durante el largo recorrido de siglos. Y cuando despiertan, ¡están allí!, desde las pequeñas ventanas circulares de la nave divisan las ciudades extraterrestres que se extienden a lo largo y ancho del pequeño planeta, y también las diminutas zonas verdes serpenteadas por riachuelos y bordeadas por escarpados rascacielos que rompen la común esfericidad que caracteriza a los astros. Están fascinados. Luego se miran y se preparan para tomar suelo; los extraterrestres los esperan alegres. Han pasado cientos de años en esa nave, años que no han vivido, y siguen tan jóvenes, y ni siquiera han caído en la cuenta.

Tampoco en los viajes que hacemos aquí, los del día a día, deberíamos envejecer. No es justo, sin duda, pues los viajes no son la vida de uno, son paréntesis temporales de lo cotidiano, las penurias por las que tenemos que pasar hasta que alguien invente la teletrasportación o, como alternativa, se construyan autocares más rápidos. En cierta forma se asemejan al hecho de caminar al trabajo. Uno sabe que cuenta con doce minutos desde la parada del metro hasta la oficina y no tiene más remedio que perderlos. Sin quererlo, estamos subyugados al pago del impuesto temporal. ¡Qué distintos parecen en cambio, los domingos temprano, aquellos treinta minutos de paseo por la playa...! Y es que siendo lo mismo, realmente, pasear que caminar al trabajo, ¡qué distinto es su sino! En el primero es él mismo su propio objetivo, discurre al instante. El que pasea, pasea; el segundo no tiene objetivo, sólo se otea en el horizonte futuro, a unas horas, o días, o siglos como a los astronautas: la próxima estación, la oficina, París, la mujer y los hijos al volver de la guerra, mamá y papá mayores ya en Navidad, los extraterrestres con pancartas de bienvenida en el aeropuerto aerospacial...

Alguien debería recoger todos esos minutos que perdemos a lo largo de nuestra existencia en desplazamientos y sumarlos después, al final de nuestras vidas, en la hora de nuestra muerte, de tal forma que, una vez en nuestro lecho, tras recibir los sagrados aceites, un espectro pro vida llamado Dévola, irrumpiese como una exhalación ante los presentes, oscuro, solemne y más justo que la propia Muerte anunciase, con la ayuda de una calculadora, que el moribundo tenía derecho aún a un total de los correspondientes minutos más de vida como devolución equivalente al tiempo empleado en todos sus viajes (excluidos, obviamente, los viajes de placer, cuyo objetivo es el viaje en sí mismo, y no la consecución del destino). Tras esta declaración irrefutable, los veladores se disgregarían y el que moría saltaría de un brinco de la cama, fascinado porque segundos antes apenas tenía fuerzas para seguir respirando y ahora, en cambio, sentía correr la sangre por sus venas y su corazón, fuerte como un roble, batir sin miedo bajo su pecho. Saldrían también de la cámara, que quedaría solitaria hasta la próxima reunión, la Dévola y la de la guadaña, refunfuñando ésta como siempre, molesta por el procedimiento de devolución que la obligaba a acudir cuatro y hasta cinco veces a la cita con el mismo moribundo, hasta que éste agotara todas sus devoluciones. Pues pasado el tiempo de la primera devolución, y de nuevo todos reunidos entre sollozos, Dévola volvería a calcular el tiempo que el moribundo había malgastado en viajes durante el primer periodo de devolución, declarando entonces el segundo periodo de devolución, considerablemente reducido esta vez, pues el sujeto no habría dispuesto de tanto tiempo para viajar como durante toda su vida, volviéndose éste a recuperar, repleto de alegría y energía, entre el júbilo de sus familiares y conocidos una vez más. Justo sería entonces que la muerte se quejara, pues para llevarse a un solo hombre debería acudir a varias citas, con la considerable pérdida de tiempo que eso significaba, y sugeriría que se sumase todo ese tiempo automáticamente al final de la vida de cada persona, sin necesidad de preparar repetidas veladas que tanto hacían sufrir y a tanta gente. Pero Dévola, que tendría más poder que la Vida y la Muerte, sería tajante en eso: “El que muere tiene derecho a saber de su vida, al menos, lo que le queda”.

Y mientras tanto, uno espera en vilo la llegada para continuar con la historia de su vida.

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

El coleccionismo

Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Piedras y recuerdos

Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

De Plutón a Bisama

Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

El que escribe y el que disiente

Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Narrativa peruana
contemporánea: un mapa

Sin estridencias, sin mucha publicidad, la narrativa peruana contemporánea se va consolidando como una de las más vitales de las que se escriben en español.

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

En defensa de la patria

De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

La literatura
puertorriqueña post-Y2K

La literatura puertorriqueña actual es una elusión. Todos preguntan por ella y nadie sabe dónde está, aunque se sabe que existe.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

Con la leche cortá

...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)

Lorenzo Mena

Sumario

Este Lunes

Lo que queda de mayo del 68

José Manuel Fajardo

¿Venecuba o Cubazuela?

Leonel A. de la Cuesta

Arenas de exilio, muerte y exorcismo

Rita Martín

La dictadura digital

(Primera parte)

José Luis Arzola

Vaivenes de la culpa del intelectual en Cuba

Helen Ochoa

Muerte y memoria en Horacio Castellanos Moya

Luis Pérez Simón

Literatura costarricense: Apuntes desde el margen

Uriel Quesada

Noticias sobre el día después. Segunda parte: El exilio

Ladislao Aguado

En contra de El Jueves y a favor también

Flor Fundora

Otro lunes Conversa

Con Jesús Díaz

Vivir es muy duro

Con Féliz B. Caignet

"Para ser visto por los oídos"

Punto de mira

Represión intelectual en Cuba: ¿Sólo un pasado gris?

Manuel Vázquez Portal

Raúl Antonio Capote

Zoelia Frómeta

L. M. Varela

Luis Felipe Rojas

Cuarto de visita

Vencer el miedo

Entrevista al poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun

Luis Rafael Hernández

El exprimidor

Cuento

Selección de poemas

Unos escriben

José Manuel Fajardo

Otros miran

Lorenzo Mena

Algunos escuchan

Bill Evans: última noche en París

Los lunes me llamaba Nicanor

El sudor de la memoria

Gastón Baquero

Memorial de un testigo

Gerardo Diego

Yo los lunes me llamaba Nicanor

Gastón Baquero

En la misma orilla

David Lago González

El poeta que no existe

El poeta que siempre existió

Poemas

La ciudad de los poetas o las ruinas del Partenón

Raúl Tápanes López

El fantasma de la libertad en Lorenzo Fuentes

Alberto Garrandés

Tribulaciones de letra impresa

Agnieska Hernández

La novela negra. Algo más que una moda

José Javier Abasolo

Silencios de la filosofía

Cuento inédito

José Gabriel Ceballos

¿Qué piensas tú del embargo?

Jorge Camacho

El viaje

Paco Camarena

Libre-mente

El fusil AK y la boina roja: el caso de Radio Caracas TV

Rafael E. Saumell

Recycle

El primer deber del hombre

Fernando Ortiz

De lunes a lunes

El mejor libro de no ficción en lengua española

Alejandra Costamagna finalista del Premio Planeta-Casa de América

I Festival de Cine Cubano FICCU Convocatoria

Biblioteca de Otro lunes

Nace la Editorial Iduna

Carta de Santo Domingo

Librario

Usted es la culpable

Lorenzo Lunar

Las cartas del almirante

Carlos A. Díaz Barros

Con la boca abierta

Odette Alonso

Las noches del cuervo

Isel Rivero

Mitos del antiexilio

Armando de Armas

La vida en llamas

Luis Alberto de Cuenca

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com