

Opinion Journal, la página editorial de The Wall Street Journal (24.1.07, wsj.com), publicó un despacho remitido desde Caracas por Marcel Granier, director general de Radio Caracas Televisión (RCTV). Allí se lee que el catorce de junio de 2006 el presidente Hugo Chávez, vestido con uniforme militar, pronunció una arenga en ocasión de la entrega de fusiles Kalashnikov AK 103 a un batallón del ejército. Armado de uno de ellos apuntó a un camarógrafo y dijo: "Con este rifle, que tiene un alcance de mil metros, puedo apagar la lucecita roja de tu equipo". Más tarde añadió: "Tenemos que revisar las licencias de las compañías de televisión".
Casi un año después cumplió con sus palabras. El 27 de mayo Granier anunció al público venezolano el cierre de las transmisiones de RCTV "a pocas horas del plazo impuesto por el gobierno nacional". ¿Qué razones se alegan para ponerle fin a ese medio de comunicación? "Se trata de un canal golpista", respondió el ex-teniente coronel. Por lo menos los estudiantes universitarios no se tragaron el argumento. Salieron a la calle a protestar y para defender el derecho a la libertad de expresión y de información. Ante ese despliegue de resistencia, quizás el próximo paso de los "bolivarianos" consista en acabar con cualquier vestigio de autonomía en los centros de educación superior. A no dudar, el discurso político de Chávez ejemplifica el retorno a las "utopías regresivas", tal como señalara, sin mencionarlo explícitamente, Felipe González, ex-presidente del gobierno español. Para él han vuelto los "viejos caudillismos redentores que se apropian del Estado y lo hacen clientelar, ocupando espacios que no le corresponden, convirtiéndolo, a la postre, en ineficiente".
A pesar de Simón Bolívar, el autor intelectual de Chávez se llama Fidel Castro. Así lo admitió él en La Habana hace unos días: "Fidel es mi taita, es mi padre, y yo creo que hasta el taita de Raúl [Castro]". Al revés de su progenitor, no se entrenó como líder en la universidad sino en los cuarteles. Por eso comenzó su revolución atacando al palacio presidencial con cierto apoyo castrense. Al igual que su modelo, paró en la cárcel de la cual salió indultado, aunque no tuvo necesidad de viajar al exilio ni de regresar al país acompañado de futuros guerrilleros. Prefirió lanzarse al ruedo electoral y ganó la presidencia abrumadoramente. Cuando juró el cargo calificó de moribunda la misma carta constitucional que le había permitido llegar al más alto cargo civil. Ese detalle no debió de haber pasado inadvertido porque simboliza como pocos el desprecio del personaje por los procedimientos que lo condujeron adonde se encuentra ahora.
No es que Venezuela fuera un lecho de rosas antes de Chávez. Bastante saben los venezolanos de corrupciones y de robos cometidos por los partidos y los líderes que dirigieron la nación una vez terminada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1958), "un generalillo gordezuelo" de acuerdo con la descripción de Enrique, el protagonista de La consagración de la primavera (1979) de Alejo Carpentier. Para avanzar su agenda internacionalista, y aprovechándose de esos males, Castro trató sin éxito de fomentar la guerrilla en aquel país. Años más tarde, abrumados por el descalabro de sus teorías violentas, el mentor y el aspirante a caudillo concluyeron en que el acceso al poder y a las armas pasaba por las urnas. Un detalle. Los cubanos de cierta edad deben de recordar cómo el periódico Granma siempre se esmeraba en imprimir malas noticias sobre Venezuela y de qué manera se jactaba de denunciar cuanto desastre político ocurría por allá. Aquellas notas finalizaban, invariablemente, con la siguiente coletilla: "a pesar de su petróleo".
Chávez, lector de Castro y de aquellas ediciones de Granma, es enemigo del "antiguo régimen" y por consiguiente exhibe un comportamiento agresivamente intolerante ante las críticas, vengan de donde vengan. También ha demostrado hasta la fatiga que le gusta hablar y, en especial, que su incontenible logorrea se transmita en cadena. Entiende que su protagonismo requiere de muchas cámaras de eco. De ahí que el episodio grave de forzar al silencio a RCTV constituya, da pena y pavor afirmarlo, sólo un eslabón hacia el control minucioso de todos los medios de comunicación que no se pongan al servicio suyo. No obstante, es probable que en el futuro, y a diferencia de Cuba, no todas las emisoras de radio y TV, los diarios, las revistas, las casas editoriales y las compañías de cine —aludo a unos pocos ejemplos— pasen a ser administradas por una inmensa maquinaria burocrático-bolivariana.
A lo mejor en ese detalle se marcaría la diferencia entre el "socialismo del siglo veintiuno" (Caracas) y el del veinte (La Habana). Pero, a estas alturas, ¿quién puede asegurar que la distinción entre ambos ni siquiera sea cuestión de un numerito más o menos? Por ese motivo algunas gentes recomiendan, a quienes no conocieron La Habana de mil novecientos cincuenta y nueve o sesenta, que vayan a la Caracas de dos mil siete.
Mientras escribía el párrafo anterior recordé El 18 Brumario de Luis Bonaparte de Karl Marx donde éste menciona las lecciones de historia aprendidas en Hegel y las que él deduce de su propia observación: "los grandes hechos y personajes se producen dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa". Al sopesar dichas ideas me doy cuenta de que resulta injusto declarar que lo sucedido con Radio Caracas TV es una farsa si el término implica "obra de carácter cómico". Lo acepto a medias si se acepta como "montaje de mentiras o engaños para ocultar algo". No hay nada risible en el asunto, aunque sí hay mucha falsedad por parte del "gobierno nacional" con su reclamo de estar sentando las bases para un socialismo a lo Bolívar, una afirmación incapaz de engatusar al más ingenuo. ¿Quiere Chávez persuadir a los venezolanos para que le aguanten el tamaño de su ego y le consientan sin chistar ser presidente vitalicio como anheló el soñador de la Gran Colombia? ¿Finge ignorar que en su momento ese puesto de por vida fue rechazado por los demás independentistas, que la Gran Colombia fracasó y también la Unión Soviética?
El problema más grave para RCTV no consiste ni en la banalidad que unos achacan a varias de sus emisiones, ni en las truculencias de ciertas telenovelas, ni en el balance de la programación. Si esos fueran los pecados, habría que cerrar la inmensa mayoría de los canales de TV del planeta. No obstante, los ciudadanos tenemos a nuestro alcance una solución menos represiva para lidiar con esas imputadas o reales deficiencias. Es simple, fácil y no ocasiona trauma político alguno: o bien cambiamos de canal o apagamos la "caja idiota" sin disparar un cartucho de AK. Se atribuye a José Lezama Lima una sugerencia que él les habría hecho a los detractores y candidatos a pirómanos de su novela Paradiso: "Si ven el dirigible, por favor no lo tumben, déjenlo pasar". Tampoco creo que le hayan cortado el agua y la luz debido a un infundado historial "golpista", si bien uno puede preguntarse: ¿Cuál? ¿La intentona contra Carlos Andrés Pérez?, ¿O el conato contra Chávez? La verdadera culpa de RCTV reside en su condición anacrónica. Me explico. Está fuera de la época "bolivariana", es un mal recordatorio de "aquellos tiempos que ya pasaron" y que, según la lógica de la censura, "nunca volverán".
He parafraseado y puesto entre comillas, a propósito, la letra de la canción-tema de un antiguo programa de la televisión cubana salido al aire durante los setenta y titulado "San Nicolás del Peladero". J.M. [José Manuel] Carballido Rey fue su guionista, un antiguo narrador y colaborador de las publicaciones Bohemia, Carteles, Orígenes (consultar el Diccionario de la Literatura Cubana, tomo I, 1980, pp. 177-78), entre otras; y a la vez ex-empresario de Publicidad Siboney, patrocinadora de una buena parte de las emisiones del Circuito CMQ, el equivalente de RCTV, intervenido y cerrado por la revolución de Castro.
"San Nicolás" es el nombre de un pueblo ficticio donde vivían personajes identificados con la república muerta: Plutarco Tuero, el alcalde, la señora alcaldesa, el periodista Éufrates del Valle, Ñico Rutina, el chanchullero y negociante del lugar, Cheo Malanga, el guapetón, el sargento Arencibia, el militar abusador. Representaban una suerte de fauna supuestamente extinguida después de 1959. La "tragedia" del pasado era representada como juguete didáctico y cómico al mismo tiempo, es decir, en tanto que "farsa" de costumbres desaparecidas. A reírse del ayer pero nada de chistes sobre la política y sus voceros del presente. Punto. En Cuba ésa es la distancia política que media entre el fenecido Circuito CMQ y el actual Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), rigurosamente vigilado por la secretaría ideológica del partido comunista.
Carballido Rey, junto a muchos escritores, realizadores, actores, actrices y empleados de antaño, ingresó a la nómina del nuevo patrón. Cesó de trabajar bajo la administración de los empresarios Goar Mestre o Gaspar Pumarejo, digamos, y comenzó a servir al nuevo estado. Así han venido haciendo todos los integrantes del mercado laboral. Ahí van incluidos los periodistas, los escritores y artistas, los maestros, los profesionales y los técnicos, los deportistas, los obreros y los campesinos, en suma el resto de la sociedad. Progresiva e implacablemente el gobierno se apoderó de la nación, aún más, se autoerigió en la nación.
De acuerdo con ese esquema, y en el caso que nos ocupa, la dirección revolucionaria estipula y manipula los contenidos de los géneros de la programación. No elimina las telenovelas pero ordena que sean políticamente correctas; no persigue al humor pero sí a los humoristas que se pasan de la raya; controla la distribución estadística de la música transmitida, influye sobre el balance que debe prevalecer entre lo nacional y lo extranjero, inspecciona las letras y la conducta política de los intérpretes, sean del patio o no; para los noticieros impone una línea editorial exclusiva y excluyente, lo doméstico como triunfo, incluso al sufrir desastres naturales; en cuanto a lo extranjero, cobertura positiva si son países hermanos, negativa si adversarios o se les percibe como tales. En este caso la regla de oro brilla por su ausencia de escrúpulos: el enemigo no tiene derecho a réplica en ninguno de los espacios, sólo el líder selecciona qué "acusaciones" e "insultos" la merecen. De preferencia él se encarga de rebatirlas con tono mayor e improperios a granel en alocuciones difundidas en cadena y reproducidas por la prensa plana. Luego los portavoces, es decir, los ciudadanos, funcionarios o no, que deseen preservar sus empleos se encargarán de repetir los sermones urbi et orbi. Así se traza una suerte de perfecta unidad de destino y de criterio entre el administrador de las ondas del éter y los consumidores de los mensajes.
Esa realidad, lamentablemente, es la que se vislumbra para Venezuela detrás de los gestos del militarote "demócrata" y la sonrisa de ventrílocuo del presidente Chávez. La primera vez, en Cuba, fue como tragedia; la segunda, en Venezuela, sucede como farsa.
Cuando el señor Granier, en sus palabras de despedida al pueblo venezolano, se complace en informar que RCTV tenía el 44 por ciento de la audiencia nacional antes de que la sacaran de circulación, y quien lo seguía el 20, estaba de paso indicando la pérdida significativa de un espacio para la diversidad y la capacidad de elegir. La existencia de múltiples instituciones de comunicación se convierte en la mejor garantía contra el predominio del pensamiento único. ¿Quiénes se repartían el 36% restante de dicha audiencia hasta el 27 de mayo? Supongamos que sean los "bolivarianos". Aquella distribución es más sana que la ausencia de una de ellas. El peligro radica en que ha surgido la tentación de dominar el 100 por ciento del espectro radio-televisivo y, en este caso, han comenzado a partir del 44 por ciento más las peroratas semanales del presidente. A nombre de la soberanía y de la nueva república el éter admite, con carácter monopolizante, al postor que lleva camisa y boina roja.
¿De qué vivirán los empleados de RCTV a partir de ahora? Puede suceder que desaparezcan ciertas profesiones. Por ejemplo, Carballido Rey dejó de ganarse el pan como agente de publicidad comercial. ¿Y los negocios que se anuncian en radio y televisión? Podrían eclipsarse. ¿Y los músicos y cantantes que vivían de los contratos y de las actuaciones pagadas por RCTV? ¿Qué tal los locutores, animadores, artistas y técnicos? ¿Cómo costearán sus necesidades? ¿Y de los productores, los periodistas, las agencias de prensa? ¿Y cuál es el efecto de tal medida en las familias de esas personas? ¿Extenderá el "gobierno nacional" hacia ellos su generosidad petrolera mientras los asuntos se enderecen por otro cauce? Y al no haber empresa privada que se encargue de mantener, de reparar y de comprar los equipos, de pagar los salarios de los afectados, ¿dependerán la radio y la televisión de Venezuela del presupuesto estatal? Si esto llegara a realizarse, Chávez no sólo sería el dueño del fusil Kalashnikov AK 103 sino también de las cámaras, de sus lucecitas rojas y del mismísimo operario.
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Lorenzo Mena