Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2007. Antilde;o uno. Número dos

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> Librario

Las cartas del almirante

Carlos A. Díaz Barros
Editorial Torre de papel

Tres razones para leer una novela

Por Alberto Morillas

Portada del libro Fantasía Roja

Acabo de terminar la lectura de Las cartas del almirante (Carlos A. Díaz Barrios, Editorial Torre de Papel, 2006), son las doce y un minuto de la noche este martes en Madrid y frente al ordenador, procuro explicarme, café mediante, las razones de mi deslumbramiento.

Las cartas del almirante, quizás, no responde al concepto más canónico de novela o simplemente es una novela que explosiona y nos remite al teatro como puesta en escena y al monólogo como alocución común a una y otro género. En este libro, el discurso fluye, indivisible y torrencial, de la voz del personaje hacia su narratario elegido, ese oyente que deberá compartir sus imprecaciones y dolores, pero que no interviene en ellas, simplemente, porque no está en la escena, sino en la evocación del hablante. El almirante Cristóbal Colón permite la diatriba del personaje no sólo contra él, sino contra la Historia, latinoamericana en general y cubana en particular, como un acto perdido e injusto, que fecha en el primer viaje del navegante hacia el Oeste, el primer acontecimiento de fracaso y tristeza de nuestra tradición continental.

Ahí comienza el sentido de la pérdida, pero también de la abyección. La conquista y posterior colonización comprende el sentido completo de nuestras miserias, también de la entronización del lenguaje y de la eliminación del pudor a manos de los calores, el colorido y la música. Las tierras de México, el archipiélago cubano, la geografía caribeña en su ámbito de confluyentes tropelías y complejos mecanismos de subsistencia convierten el discurso del narrador en una exploración de nuestras miserias más hondas. Frente a él —acaso sólo mentalmente—, el almirante lo observa construir esa cuerda de nudos, que se acompaña de tequila y vocablos de sonidos arcaicos y rítmicos como si escucháramos la glosa de una batalla perdida muchos años atrás. Quizás, porque así es.

Y aquí aparece uno de los tres aciertos de este libro. La liberalidad del lenguaje. Carlos A. Díaz Barrios usa las palabras con la pericia de un pintor de frescos, sin miedo a los colores estridentes, a la fuerza del choque entre ellos. La prosa describe como si pintara, pero también hiere y hunde los ojos del lector en una historia compuesta por múltiples fragmentos silenciados, donde lo que sucede lejos de devenir presente es causa o móvil anterior de cuanto está por acontecer, de aquello ante lo que pagaremos, bien por nuestras culpas, bien por nuestras deslealtades.

El idioma en Las cartas del almirante es continental, su vocabulario está compuesto de una amalgama de términos regionales, de voces que se reconocen en el ámbito mayor del Caribe y que por momentos dejan la impresión de estar asistiendo a la lectura de un texto escrito en un español nuevo, construido con locuciones multinacionales, que fijan por igual los misterios de la sobrevida, como los actos pedestres, o incluso, de esa sensualidad libre de remilgos que pervive tras ellos: "un ciego ministro y un secretario maricón que nunca ha mirado cómo una mujer mea en la soledad de una hermosa tarde", dice el autor y el lector se atreve a vislumbrar una mujer agachada, la tela de la falda sujeta contra las caderas, el cielo despejado, ninguna traza de lluvia en el horizonte.

El segundo de los aciertos a privilegiar en la escritura de Las cartas del almirante es su ausencia de situaciones fácilmente lascivas o procaces o pedestres o melodramáticas. El tono es irreverente y se mueve desde la negación hacia la condena, del insulto a la ironía, como si el acto de la verdad sólo pudiera construirse sobre las estulticias que nos habitan, encima de la aceptación de nuestras malas entrañas, con la liberación que todo gesto sexual conlleva. Y así está planteada la novela, como un perseverante, aunque inútil, deseo de esclarecimiento, de ajuste de cuentas, de llanto rabioso ante el dolor. La impotencia aquí es verbo hiriente, nunca resignación. El narrador existe a partir de la embestida y de la ira, pero en él nada evoca los términos comunes, las asociaciones preconstruidas, los límites ideológicos.

La tercera ganancia de esta novela está en su capacidad para embaucar. Una vez abierto el libro, las palabras cumplen con la única función que las justifica sobre la página en blanco, la caza del lector. Y créanme, en este caso, son realmente muy certeras. Doy fe.

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

El coleccionismo

Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Piedras y recuerdos

Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

De Plutón a Bisama

Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

El que escribe y el que disiente

Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Narrativa peruana
contemporánea: un mapa

Sin estridencias, sin mucha publicidad, la narrativa peruana contemporánea se va consolidando como una de las más vitales de las que se escriben en español.

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

En defensa de la patria

De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

La literatura
puertorriqueña post-Y2K

La literatura puertorriqueña actual es una elusión. Todos preguntan por ella y nadie sabe dónde está, aunque se sabe que existe.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

Con la leche cortá

...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)

Lorenzo Mena

Sumario

Este Lunes

Lo que queda de mayo del 68

José Manuel Fajardo

¿Venecuba o Cubazuela?

Leonel A. de la Cuesta

Arenas de exilio, muerte y exorcismo

Rita Martín

La dictadura digital

(Primera parte)

José Luis Arzola

Vaivenes de la culpa del intelectual en Cuba

Helen Ochoa

Muerte y memoria en Horacio Castellanos Moya

Luis Pérez Simón

Literatura costarricense: Apuntes desde el margen

Uriel Quesada

Noticias sobre el día después. Segunda parte: El exilio

Ladislao Aguado

En contra de El Jueves y a favor también

Flor Fundora

Otro lunes Conversa

Con Jesús Díaz

Vivir es muy duro

Con Féliz B. Caignet

"Para ser visto por los oídos"

Punto de mira

Represión intelectual en Cuba: ¿Sólo un pasado gris?

Manuel Vázquez Portal

Raúl Antonio Capote

Zoelia Frómeta

L. M. Varela

Luis Felipe Rojas

Cuarto de visita

Vencer el miedo

Entrevista al poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun

Luis Rafael Hernández

El exprimidor

Cuento

Selección de poemas

Unos escriben

José Manuel Fajardo

Otros miran

Lorenzo Mena

Algunos escuchan

Bill Evans: última noche en París

Los lunes me llamaba Nicanor

El sudor de la memoria

Gastón Baquero

Memorial de un testigo

Gerardo Diego

Yo los lunes me llamaba Nicanor

Gastón Baquero

En la misma orilla

David Lago González

El poeta que no existe

El poeta que siempre existió

Poemas

La ciudad de los poetas o las ruinas del Partenón

Raúl Tápanes López

El fantasma de la libertad en Lorenzo Fuentes

Alberto Garrandés

Tribulaciones de letra impresa

Agnieska Hernández

La novela negra. Algo más que una moda

José Javier Abasolo

Silencios de la filosofía

Cuento inédito

José Gabriel Ceballos

¿Qué piensas tú del embargo?

Jorge Camacho

El viaje

Paco Camarena

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

Recycle

El primer deber del hombre

Fernando Ortiz

De lunes a lunes

El mejor libro de no ficción en lengua española

Alejandra Costamagna finalista del Premio Planeta-Casa de América

I Festival de Cine Cubano FICCU Convocatoria

Biblioteca de Otro lunes

Nace la Editorial Iduna

Carta de Santo Domingo

Librario

Usted es la culpable

Lorenzo Lunar

Las cartas del almirante

Carlos A. Díaz Barros

Con la boca abierta

Odette Alonso

Las noches del cuervo

Isel Rivero

Mitos del antiexilio

Armando de Armas

La vida en llamas

Luis Alberto de Cuenca

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com