

Yo aprendí a saber qué era tener la leche cortá mucho antes de que mi leche se cortara y lo supe gracias a mi padre, que en paz descanse, que siempre tenía la suya agriá. Cuando "el viejo" decía, "hoy tengo la leche cortá", todos sabíamos que era el peor de los días para conseguir algo de él. Mi padre, que era buena persona, no era una excepción, en realidad en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao; y sólo después, al cabo de los años, ya viejo y con los esfínteres vencidos, lo vimos reir de cualquier cosa. Evidentemente, había pasado a formar parte de esa multitud de cubanos que todo lo tira a broma, a relajo, y que fueron consagrados por el "cuarto" descubridor de Cuba: Jorge Mañach, padre del choteo.
Los cubanos, que somos unas buenas y sencillas personas con un ego hambriento, enseguida nos vimos retratados por Mañach, nos gustó la foto y desde entonces hemos estado haciendo todo lo posible por parecernos a lo que dijo de nosotros, con la privilegiada anuencia de los gobernantes cubanos que primero lo despreciaron y ahora lo adoran.
De hecho, Mañach, es el gran ideólogo que tiene el Gobierno para resistir el infortunio de los temporales, la mala administración y el anquilosamiento del sistema; es así que el pueblo sobrevive tirándolo todo a broma o a mierda, que es como se dice en realidad. Incluso hay algún alto dirigente que ha llegado a superar todas las expectativas de su talento haciéndole chistes al máximo líder, no chistes del máximo, que según dicen es el que peor leche tiene.
Sin embargo, yo prefiero seguir la estirpe de mi padre y pasarme el día con la leche cortá antes de volver la cabeza ante lo que no me gusta, me jode o sencillamente no me parece bien. Por eso he decidido escribir esta columna a riesgo de pasarme todo el tiempo con la vena del cuello a punto de reventar por culpa de los encabronamientos.
Creo, y lamento decirlo, ese buen humor de los cubanos frente al infortunio es un peso muerto que no ayuda a resolver el problema del presente y el futuro. Si los cubanos se opusieran con un berrinche a cada mal nacido, posiblemente no habría llegado el Gobierno a las cotas de descrédito que ha alcanzado "a pesar de la salud, la cultura y el deporte" (hace unos años, cuando la prensa cubana se refería a los problemas de Venezuela, acostumbraban decir: "a pesar de su petróleo", tomen nota).
Incluso, esa actitud que muchos la consideran inteligencia para afrontar la vida, ya forma parte del patrimonio turístico. Hay gente que va a Cuba porque quiere ver cómo los cubanos se defienden de la mala vida con una sonrisa en los labios o con un chiste de ocasión. ¡Le ronca el mango! Esos mismos "caras pálidas" cuando se enteran de que quien escribe, un servidor, no sabe bailar, no sabe contar chistes y además es un pesao, me dicen, concluyentemente: "¡Entonces tú no eres cubano!" Como si la trinidad de la cubanía fueran el baile, el humor y caer bien a los demás.
Como esta es la columna de las cosas que me ponen de mala leche, quiero disculparme por las expresiones y vocablos, que si bien no son soeces, pudieran herir a algún lector. Además porque muchas de esas cosas no tendrían que ponerme de mala leche, si yo no fuera un tipo con la leche cortá. Por ejemplo, ciertos comportamientos en el solar de la libertad o blogscubanía, ese lugar donde los cubanos hacen terapia hasta que dentro de la Isla podamos decir lo que queremos.
A pesar de ser Cuba el país con más intelectuales por habitante, uno puede hallar gran cantidad de gente que hablan sin pensar hasta por los codos de tantas ganas que tienen de expresarse y ocupar un lugar en el mundo, perdón, en la blogosfera. Llamo la atención porque como ya se ha podido comprobar en quien tiene las obras completas orales más grandes de la historia, el que habla mucho, dice poco o habla cáscara de piña. Aunque a mí, pongo a Dios por testigo, me molesta más quien no sabe cómo decirlo. La blogosfera cubana se parece bastante a cómo será el Primer Día de la Democracia: una explosión de verborrea y pocas ideas.
En algún momento otro Mañach dirá que a los cubanos no sólo nos caracteriza esa actitud desfachatada ante la vida, sino también que somos el pueblo más chismoso, arrogante, ególatra y egotista; y eso se nota en la democracia virtual disfrutada por la diáspora (todos aquellos que por razones políticas o de otro tipo viven fuera de la Isla sin ser funcionarios). Ya decía René Ariza en Conducta impropia, a los cubanos aunque vivan en libertad y democracia les cuesta quitarse ese sambenito de encima, perdón ese Fidelito que muchos llevan dentro.
Sin embargo, aunque en el solar todo el mundo pueda gritar, insultar, improvisar y cantar, la libertad no da derecho a que todo valga; no, señor, la libertad hay que empezar a saberla usar para cuando podamos hacerla valer. La democracia es también un conjunto de valores formales amparados por la ley que facilitan el diálogo en base del respeto. Yo, personalmente, prefiero que un necio llame a mi puerta y me levante la mano a tener que discutir con él; cuestión de estilo.
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...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...
Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena