Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2007. Antilde;o uno. Número dos

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> Este Lunes

Noticias sobre el día después.
Segunda parte: El exilio

Ladislao Aguado

La gran disyuntiva a enfrentar por la sociedad cubana, una vez que suceda la última muerte de Fidel Castro, no será otra que la recomposición del cuerpo nacional, víctima durante estos extensos cincuenta años de las más disímiles y manipulantes políticas de división y fractura.

La historia de la dictadura castrista parte de una necesidad de invención de enemigos reales o ficticios. Estados o individuos que justificaran los actos cometidos, los contratiempos económicos, las malaventuras políticas. Por encima de cada excusa o explicación a rendir por sí mismo, el gobierno de Fidel Castro ha hallado un depositario de esa culpa, alguien o algo, que como un muñeco de tiro al blanco, sirviera para aliviar nuestras desconfianzas y resquemores.

La naturaleza de esos enemigos ha respondido a los imperativos que el poder hallaba urgentes. Algunos, se han hecho tradicionales y recurrentes, como la amenaza de los Estados Unidos a la soberanía nacional, o la responsabilidad del embargo económico de la inoperancia de la economía socialista. Otros, sólo han servido de coartada circunstancial, más que pretexto ideológico, y han permitido el sacrificio de centenares de hombres en las guerras de África, a sabiendas, que no era una guerra nuestra, ni el internacionalismo proletario, otra cosa distinta a una patraña comercial y política. También en demasiadas ocasiones, esta necesaria invención del enemigo ha devenido en la solución idónea para el saneo sistemático de la sociedad cubana.

Durante décadas, el régimen ha encontrado en el exilio, una válvula de liberación a la enemistad y al descontento. Desde aquellos que iniciaron el adiós en 1959, como consecuencias de ver afectados sus intereses económicos o como víctimas de la represión de los triunfadores sobre los participantes (y sus familiares) de la anterior dictadura, hasta los hombres y mujeres que, de manera general, más allá de cualquier imperativo político, no se alinearon a las posiciones del régimen ni encontraron en su regencia, aquella que les pareció más justa o simplemente, deseable; todos y cada uno han encontrado en el éxodo la única solución a mano.

El régimen así lo había dispuesto. Los que no están con nosotros, están contra nosotros, y llenándose los pulmones, los todavía indecisos a marcharse o los convencidos de su rol en la batalla, gritaban: ¡qué se vayan!

Medio siglo, y millares de muertes en Estrecho de la Florida después, la población cubana se enfrentará al reto de la reunificación. De un lado están los expulsados, los que saltaron del barco de la patria, los que jugaron al azar del 13 rojo del futuro, los que les cerraron las puertas en la espalda. Del otro, los que no tuvieron tiempo o edad o arrojo para irse, los que temían morir ahogados en el mar, los que gritaron ¡qué se vayan!, los carceleros y también demasiadas víctimas, y por supuesto, la nueva élite que la dictadura ha colocado en el poder.

Sin embargo, y así lo demuestran países como Alemania o España, las sociedades tienden a recuperar su cuerpo cívico, y con él, eso que se ha dado en llamar, mentalidad nacional y que en el exilio, demasiadas veces, pasa por las vueltas de la nostalgia o del rencor y en Cuba, por la de las frustración o las del anhelo. Y viceversa.

Ahora bien, si nos atenemos a la experiencia de los países que han transitado de una dictadura hacia un gobierno democrático, observamos que el mayor trauma es la asimilación por parte de la población que convivió hasta el final con los antiguos regímenes, de los mecanismos empresariales y sociales, que configuran los estados de derecho. Y en el caso cubano no será diferente. En la Isla existe una masa potencialmente productiva que espera encontrar en el cambio una oportunidad de solucionar la penuria impuesta por la absurda e inviable política económica de Fidel Castro. Y también, una fracción que no desea esta transgresión, y otra, que la contempla con ojos de miedo, de ese miedo, que la dictadura ha usado para apaciguar los anhelos de tantos.

Quienes hemos emigrado sabemos que una de las sacudidas más fuertes que recibimos al llegar a las naciones de acogida, es el aprendizaje a vivir en ellas. Más allá del clima, las costumbres o las estructuras políticas, tanto en Europa, en los Estados Unidos y en muchos países de América Latina, las sociedades establecen una serie de responsabilidades a los ciudadanos, que estos cumplen por simple compromiso con los gobiernos elegidos, las dependencias administrativas que los rigen y con las empresas donde trabajan, independientemente, del lugar que ocupen en ellas. El exilio, si algo enseña, es a integrarse como parte de un mecanismo social, donde cada uno ocupa un sitio y donde cada uno tiene unas obligaciones que cumplir y donde cada uno tiene unos derechos que recibir. Y también, a entender las razones de esas exigencias y los motivos de por qué los beneficios recibidos.

Ahora bien, creer que el exilio cubano se decantará, como un cuerpo homogéneo y monoactuante llegado el momento de una reunificación, por estas políticas, es pecar de iluso.

La Isla, y ya lo mencionaba en la primera parte de este artículo, es una extensión devastada de 1.250 km de largo, donde una inmensa parte de la población convive con un manifiesto anhelo de bienestar y donde el proceso de reconstrucción no sólo comprende la vida ciudadana, sino también la economía y sus infraestructuras. Es decir, Cuba urge de una inversión acelerada, no sólo a nivel macroeconómico, sino también al nivel de pequeñas y medianas empresas. Y parte del exilio, con el total derecho que les corresponde como ciudadanos cubanos, ven en su país de origen, una posibilidad tangible de inversión o de aplicación de los métodos aprendidos o desarrollados fuera de él. Igual sucede con los hijos de estos naturales, quienes por demás, conforman un segmento nada despreciable de la posible inmigración.

Sin embargo, en contra de lo que muchos analistas y políticos ofrecen como un panorama del cambio, es previsible (y esta es una de las alabardas favoritas del régimen castrista, tristemente, no sin cierta razón) que esta oleada de retorno use como factor de ventaja y beneficio, justamente esta necesidad de bienestar y prosperidad de la población residente en la Isla, y no como el factor de desarrollo acelerado que realmente es.

Personalmente, me inclino a creer que, si no se establecen las garantías adecuadas, las diferencias entre un grupo y otro, lejos de atenuarse, aumentarán. Sencillamente, porque existe en ésa, nuestra mentalidad nacional —no muy diferente a otras, por cierto— una profunda huella de intolerancia, ventajismo y abuso de poder. Cincuenta años de dictadura son demasiados años de exterminio cívico, demasiados años de prácticas vejatorias contra el prójimo, demasiados años de estancamientos y parcelaciones.

Y sería un espectáculo tan lamentable como la dictadura misma, que el exilio en algún momento, viera en la población cubana, por ejemplo, una masa amplísima de mano de obra a la que extorsionar de la misma manera que hoy lo hacen las empresas extranjeras en Cuba y el gobierno de Fidel Castro.

Sería lamentable, el espectáculo de un país convertido en un paraje de sexo barato, y más lamentable aún, que quienes lo induzcamos (como sucede hoy entre los emigrantes que encuentran en los viajes de visita a la Isla, dólares mediante, la única oportunidad de satisfacer sus aspiraciones sexuales y de recomponer sus egos dañados), seamos aquellos que deberíamos imposibilitarlo.

Como triste será el espectáculo de una sociedad, como en sucede en casi toda América Latina, donde la riqueza y los modos de generarla se concentran en una pequeñísima parte de la sociedad, mientras la otra, desbroza caminos de sobrevida o se decanta por las vías auxiliares de la miseria, como la delincuencia, la prostitución o la droga.

Ya lo decía al principio, de un lado están los expulsados, los que saltaron del barco de la patria, los que jugaron al azar del 13 rojo del futuro, los que les cerraron las puertas en la espalda. Del otro, los que no tuvieron tiempo o edad o arrojo para irse, los que temían morir ahogados en el mar, los que gritaron ¡qué se vayan!, los carceleros y también demasiadas víctimas, y por supuesto, la nueva élite que la dictadura ha colocado en el poder. Pero también, el exilio son los padres, hijos, hermanos, primos y sobrinos, de otros padres, hijos, hermanos, primos y sobrinos que viven en Cuba. Pensemos en esto. Y a ello apelo.

Otra Opinión

Visiones

Por
Uriel
Quesada

El coleccionismo

Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Piedras y recuerdos

Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

De Plutón a Bisama

Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

El que escribe y el que disiente

Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Narrativa peruana
contemporánea: un mapa

Sin estridencias, sin mucha publicidad, la narrativa peruana contemporánea se va consolidando como una de las más vitales de las que se escriben en español.

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

En defensa de la patria

De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.

Resistencias

Por
Elidio la torre
lagares

La literatura
puertorriqueña post-Y2K

La literatura puertorriqueña actual es una elusión. Todos preguntan por ella y nadie sabe dónde está, aunque se sabe que existe.

leche cortá

Por
León
de la Hoz

Con la leche cortá

...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)

Lorenzo Mena

Sumario

Este Lunes

Lo que queda de mayo del 68

José Manuel Fajardo

¿Venecuba o Cubazuela?

Leonel A. de la Cuesta

Arenas de exilio, muerte y exorcismo

Rita Martín

La dictadura digital

(Primera parte)

José Luis Arzola

Vaivenes de la culpa del intelectual en Cuba

Helen Ochoa

Muerte y memoria en Horacio Castellanos Moya

Luis Pérez Simón

Literatura costarricense: Apuntes desde el margen

Uriel Quesada

Noticias sobre el día después. Segunda parte: El exilio

Ladislao Aguado

En contra de El Jueves y a favor también

Flor Fundora

Otro lunes Conversa

Con Jesús Díaz

Vivir es muy duro

Con Féliz B. Caignet

"Para ser visto por los oídos"

Punto de mira

Represión intelectual en Cuba: ¿Sólo un pasado gris?

Manuel Vázquez Portal

Raúl Antonio Capote

Zoelia Frómeta

L. M. Varela

Luis Felipe Rojas

Cuarto de visita

Vencer el miedo

Entrevista al poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun

Luis Rafael Hernández

El exprimidor

Cuento

Selección de poemas

Unos escriben

José Manuel Fajardo

Otros miran

Lorenzo Mena

Algunos escuchan

Bill Evans: última noche en París

Los lunes me llamaba Nicanor

El sudor de la memoria

Gastón Baquero

Memorial de un testigo

Gerardo Diego

Yo los lunes me llamaba Nicanor

Gastón Baquero

En la misma orilla

David Lago González

El poeta que no existe

El poeta que siempre existió

Poemas

La ciudad de los poetas o las ruinas del Partenón

Raúl Tápanes López

El fantasma de la libertad en Lorenzo Fuentes

Alberto Garrandés

Tribulaciones de letra impresa

Agnieska Hernández

La novela negra. Algo más que una moda

José Javier Abasolo

Silencios de la filosofía

Cuento inédito

José Gabriel Ceballos

¿Qué piensas tú del embargo?

Jorge Camacho

El viaje

Paco Camarena

Libre-mente

El fusil AK y la boina roja: el caso de Radio Caracas TV

Rafael E. Saumell

Recycle

El primer deber del hombre

Fernando Ortiz

De lunes a lunes

El mejor libro de no ficción en lengua española

Alejandra Costamagna finalista del Premio Planeta-Casa de América

I Festival de Cine Cubano FICCU Convocatoria

Biblioteca de Otro lunes

Nace la Editorial Iduna

Carta de Santo Domingo

Librario

Usted es la culpable

Lorenzo Lunar

Las cartas del almirante

Carlos A. Díaz Barros

Con la boca abierta

Odette Alonso

Las noches del cuervo

Isel Rivero

Mitos del antiexilio

Armando de Armas

La vida en llamas

Luis Alberto de Cuenca

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com