

"Julio de 2007 ha sido un mes inolvidable para mí", dijo en Gijón el escritor cubano Amir Valle minutos después de que la Semana Negra, evento dedicado al género negro desde hace ya 20 años, hiciera públicos sus premios anuales. ¿Por qué inolvidable?: El premio "Rodolfo Walsh", que se otorga al mejor libro de no ficción publicado en todo el territorio de la lengua española, fue obtenido por su libro Jineteras (Planeta, 2006).
El premio "Hammett" a la mejor novela policíaca en español correspondió a Cadáver de ciudad, del mexicano Juan Hernández Luna, con una mención especial para El tiempo de los emperadores extraños del asturiano Ignacio del Valle, mientras que el premio "Espartaco" de novela histórica fue a manos de El gabinete de las maravillas, del madrileño Alfonso Mateo Sagasta. El premio "Memorial Silverio Cañada" a la mejor primera novela negra escrita en español en 2006 fue otorgado exaequo a Deudas pendientes, del madrileño Antonio Jiménez Barca y a La aguja en el pajar, del argentino Ernesto Mallo. Otro de los codiciados premios, el de relatos "Semana Negra-Ateneo Obrero de Gijón", ha correspondido a La ruleta rusa, del español David Sierra Llamazares.
El cubano Amir Valle dijo que Jineteras refleja la situación de prostitución en Cuba después de la caída del campo socialista y la introducción del turismo como motor de la economía y aseguró que nace ante la preocupación por "el ocultismo de un mal existente en la isla, que se quiere minimizar". "Escribí este libro desde la pertenencia, desde el compromiso, utilizando todo el derecho que debiera tener cualquier ciudadano de hablar de los males de sus país, pero el libro se convierte en un libro de denuncia precisamente desde que las autoridades culturales y políticas decidieron censurarlo".
Amir Valle también ganó el premio Novelpol, de los lectores españoles amigos de la novela negra, concedido a la mejor obra del género publicada en España durante el 2006, por su elogiada Santuario de sombras.
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Uriel
Quesada
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...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...
Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena