

Hace menos de un año que vivimos sin Plutón. O sea, que Plutón no vive con nosotros en la nomenclatura del sistema solar. Ocurrió que un grupo de astrónomos halló que era demasiado chico, y su órbita tenía una tremenda inclinación y se superponía con la de Neptuno, y en fin. Razones técnicas, si se quiere. El asunto es que los científicos lo alistaron en la categoría de "planeta enano", y lo hundieron en la nebulosa del universo después de 78 años de vida como uno de los nueve planetas oficiales que orbitaban el sol. Aunque supongo que la decisión todavía debe ser ratificada, así están las cosas hoy con el astro enano. "No sé si voy a poder acostumbrarme a este nuevo orden", dijo el día de la noticia un atribulado terrícola que no superaba los ocho años de edad. Un conductor de noticias fue más lejos y planteó que ésta era una decisión que graficaba el centralismo terrícola, y se preguntó que pensarían los plutones (en caso de que hubiera vida entre el hielo y las rocas plutonianas) de semejante decisión unilateral. Es posible que el conductor bromeara, pero el tema no es ninguna broma. ¿Quién puede saber lo que ocurre en ese rincón del universo? ¿Quién asegura que no desembarcará en la Tierra un ejército de plutones furiosos para reclamar su reinclusión en la lista oficial de planetas del sistema solar?
El argumento de la película de terror está servido. Pero mientras los plutones no lleguen y/o los cineastas no filmen el acontecimiento, los terrícolas pueden seguir girando en su órbita y empezar a leer novelas como Caja negra (ediciones B), del chileno Álvaro Bisama, que acaba de entrar en circulación. El libro no trata de Plutón, pero sí de seres mutantes, de vampiros que invaden naves, de sexo entre fantasmas y, en suma, de terrores en la Tierra y en otros lugares de una dimensión desconocida. "Pensar en el pasado es como pensar en el futuro", dice un personaje por ahí. Y ésa es justamente la idea de Caja negra: una especie de película futurista del pasado. O bien la memoria espeluznante de algo que está por venir. En el libro de Bisama, que mira el horror con sustancioso humor, hay un continuo juego entre la realidad y lo ficticio; una ruta de distorsión para lo verídico. Hombres y mujeres reales, existentes, son descontextualizados y mezclados con personajes de ficción: mientras un actor de apellido Cuadra es miembro de la DINA, por ejemplo, Pinochet nos cuenta su filme de terror preferido y Juan Guzmán las oficia de maquillador de películas clase B. Más adelante Orson Welles llega a Chile para actuar en un minidocumental de terror. Y luego un alienígena peludo interpreta una canción de Los Jaivas. Y Jaime Pérez de Arce es un comediante erótico. Y aparecen los cineastas Silvio Caiozzi, Pepe Maldonado y Pablo Perelman entre zombies de toda calaña. Y también Walter Kliche y Marés Gonzáles como actores de sí mismos. Y Myriam Hernández, Luis Jara y Miguel Serrano. Y así.
Caja negra, en definitiva, es una obra de ficción ("una novela sin novela", como dice otro personaje) escrita a la manera de un diccionario de cine clase B. Pero en realidad es bastante más que eso. Y ésa es la gracia: el diccionario es acompañado por múltiples relatos paralelos que bien podrían armar la sinopsis de otras y otras películas dentro de la gran enciclopedia nacional de los filmes de terror apócrifos. Y donde perfectamente podría haber entrado la película de la invasión de los plutones expulsados y muertos de frío, que el día menos pensado llegarán a reclamar a la Tierra. O al menos al cine. O a un nuevo libro del delirante y gracioso Bisama.
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Uriel
Quesada
Mi propósito de ser coleccionista se cumplió, finalmente, cuando empecé a leer enciclopedias en fascículos semanales. Aprendí sobre la Segunda Guerra Mundial, geografía, el mundo de los animales, medicina, cine y otros temas de los que guardo apenas un vago recuerdo. Después vino la manía de acumular libros.
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Era una piedrita blanca, brillante, diminutamente grotesca para mis ojos. "Tómela, señor, le traerá suerte", decía aquel niño, parado frente a mí, suplicante y agradecido...
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Costamagna
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Todo aquel que se ha atrevido a escribir bajo un régimen totalitario, en contra de ese régimen totalitario, habrá experimentado la probable disyuntiva entre el que escribe y el que disiente.
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De todas las definiciones de patria que conozco, sólo existe una que realmente amerite el sacrificio y la entrega que siempre asociamos a los actos por la nación.
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León
de la Hoz
...en Cuba no es difícil tener la leche cortá, siempre hay alguien o algo que te corta la leche, te jode el día, te empinga. En ese sentido mi padre era como un síntoma nacional de la enfermedad del país: el pobre hombre siempre estaba cabrón, cabreao...
Imagen de portada:
"El hombre II con la mano en el pecho" (detalle)
Lorenzo Mena