Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Diciembre 2007. Antilde;o uno. Número tres

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Love and the Law

Prólogo a la edición española

Roberto González Echevarría
Ensayo

En este libro amplío teorías antes propuestas sobre el discurso legal y los orígenes de la novela y se las aplico a la obra de Miguel de Cervantes, sobre todo aunque no exclusivamente al Quijote.1 Todo esto va enmarcado en la idea de que la novela —decir moderna es tal vez un pleonasmo— se distancia de lo literario en su propia constitución, ya sea atribuyéndose fuentes no literarias, asumiendo una forma o vehículo retórico no literario, o ambas cosas a la vez. Las novelas se hacen pasar por confesiones, cartas cruzadas, crónicas, memorias, diarios, y así sucesivamente. Supongo, además, que ese origen extiende su influencia a lo largo de los siglos hasta el presente.

Los antecedentes de ese proceso son de dos tipos. El primero se refiere a la apretada relación entre los principios de la literatura y el derecho, prácticamente su concomitancia. Es una hipótesis de procedencia romántica que estudia cómo los primeros códigos se redactaron a veces en verso, y otras empleando un estilo cargado de figuras retóricas y poéticas, además de un ritmo que les confería una musicalidad propia. La mezcla o conjunción de lo legal y lo poético se ha observado en obras como el Beowulf, por ejemplo. El segundo, mucho más específico e histórico, tiene que ver con la redacción de códigos jurídicos en la Península Ibérica y su papel en los orígenes y desarrollo de la novela, sobre todo a partir de la picaresca en el siglo XVI. Pero el proceso tiene un antecedente del siglo III en las Siete Partidas de Alfonso el Sabio: la reducción de la vida cotidiana y sus conflictos a un español rico y dúctil en ese gran monumento jurídico es la fuente de toda la novelística posterior. No hay nada que se les iguale antes y pocas obras maestras de la narrativa se les aproximan después. Su mera existencia desvirtúa parte de la teoría de Erich Auerbach en su maravilloso libro Mimesis sobre el nacimiento y desarrollo del realismo literario. Mi enorme admiración por Auerbach me motiva a ofrecer con genuina modestia lo que considero una corrección a sus ideas, que en mi opinión se basan en una genealogía demasiado literaria para abarcar la representación de lo real en ficciones novelísticas íntimamente ligadas al principio y desarrollo del estado moderno y sus códigos.

Los códigos que más me interesan son los redactados a partir del reinado de los Reyes Católicos, que fueron los que dieron pie a la aparición de la novela picaresca e hicieron posible luego la obra de Cervantes. (Digo “hicieron posible” valiéndome de una licencia poética propia de la crítica literaria, consciente de que nunca sabremos cabalmente qué hizo posible la obra de un genio como Cervantes). Desde luego, la propensión jurídica castellana, que se remonta al Fuero juzgo y aflora literariamente en el Poema de Mío Cid, está en el trasfondo de este proceso. Pero lo que le dio a la España de los Reyes Católicos un impulso legalista sin precedente en Europa fue la efervescencia social y política creada por la unión de las coronas de Castilla y Aragón, el final de la Reconquista, y el esfuerzo por unificar la Península, a lo que se sumaba el intento de someter a la nobleza, y por si esto fuera poco, la colonización del Nuevo Mundo descubierto. La imprescindible promulgación, regularización y codificación de leyes fue favorecida por el desarrollo de la imprenta y la eventual emergencia de una burocracia patrimonial que llega a su apogeo durante el reinado de Felipe II. De los códigos redactados entonces el más importante para mí fue, desde luego, la Recapitulación de 1567, publicada en vida de Cervantes.

La legislación que más influye en los inicios de la novela fue la penal, pero ya cuando Cervantes escribe, otras ramas como la del derecho testamentario, el referente a los mayorazgos y a los matrimonios, relativos al funcionamiento de la sociedad en sus dimensiones económica y familiar, impregnan las creaciones literarias, inclusive las teatrales (que no estudio aquí). El primogénito novelesco de este proceso es, por supuesto, el pícaro, concretamente Lazarillo de Tormes, cuyo relato es como una deposición ante un juez para exculparse y justificar su escandalosa situación matrimonial. Lázaro está casado con la amante de un arcipreste, pero justifica su conducta criminal alegando sus penosas infancia y juventud. Aunque ya en la Celestina la relación entre amor y derecho se había manifestado de forma espectacular —el espectáculo callejero final de la captura y castigo por las autoridades de los culpables criados—, es en La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554) donde primero aparece esa díada plasmada en un documento de tipo legal. Del archivo judicial —cuya manifestación concreta será el de Simancas— sacarán los nuevos escritores como Mateo Alemán y Cervantes historias que no son parte del legado literario, sino del muy actual abultado por las autoridades en su labor de vigilancia, persecución y castigo. La del personaje que llamo “prisionero del sexo,” el galeote don Juan seductor de muchas mujeres, inclusive sus primas, es una de ellas (DQ, I, 22). El mismo don Quijote es, en la primera parte, un prófugo de la justicia —el primer héroe de la literatura occidental en serlo—, aprehendido finalmente por cuadrilleros de la Santa Hermandad, que están en posesión de una orden de arresto contra él en la que se detallan sus delitos, el peor de los cuales ha sido precisamente poner en libertad a los galeotes.

Las historias de Grisóstomo y Marcela, así como las de Fernando, Cardenio, Luscinda y Dorotea, en la primera parte del Quijote, derivan de casos relativos a la legislación sobre los mayorazgos, el derecho testamentario y los debates jurídicos y teológicos sobre los matrimonios. Los perfiles de todos estos personajes adquieren relieve a la luz de los conflictos legales que causan o provocan su conducta. Lo mismo es cierto del episodio conocido por “Las bodas de Camacho,” en la segunda parte. Pero ya en 1615 Cervantes ha ampliado su interpretación del derecho para considerar su relación con los orígenes del Estado en que éste se fragua. Los casos que ahora surgen, en los que se ven involucrados aristócratas irresponsables como los duques, tienen un mayor alcance que los de la primera parte y tienen una clara vigencia política, como los relativos a la expulsión de los moriscos. Pero el más significativo es el gobierno de Sancho en la Ínsula Barataria, cuando el escudero hace el papel de juez en un episodio que se remonta a los albores del derecho, cuando gobernante y juez eran una persona.

La perspectiva legal permite, además, la elucidación de algunas de las Novelas ejemplares. Por ejemplo, la tan discutida “La fuerza de la sangre” se aclara cuando tomamos en consideración su minuciosa factura jurídica, lo que permite entender su perturbador final. Las historias entrelazadas que cierran el volumen, “El casamiento engañoso” y “El coloquio de los perros,” que son una acuciosa crítica, a la vez que un homenaje a la picaresca, revelan aspectos insospechados una vez vistas tomando en cuenta que el diálogo escritor-lector en que se fundan, es entre un delincuente, el alférez Campuzano, y un abogado, el licenciado Peralta. El trasfondo de la legislación sobre matrimonios —amor y derecho otra vez— permite ver cómo “El casamiento engañoso” es un análisis de los vínculos de esa institución legal y religiosa con la escritura. El conocimiento de ese fondo legal nos lleva a comprender más cabalmente los tanteos de Cervantes con las posibilidades que le ofrecía la picaresca, y su brillante elevación de ésta a los más sofisticados niveles literarios, donde se ponen en la superficie del texto los fundamentos mismos de la representación.

El recuerdo vivo de su vínculo de nacimiento con lo jurídico es fuerte a todo lo largo de su historia de la novela. En ella abundan los prófugos de la justicia, los procesos judiciales, los crímenes y castigos. Tal es el caso en Fielding, Dickens, Twain, Hawthorne, Balzac, Hugo, Galdós, Dostoievski, y por supuesto, Kafka, cuya obra es una profunda indagación en ese origen legal. Lukacs propuso que los héroes novelísticos eran seres alienados que habitaban un mundo abandonado por los dioses. Yo añadiría que los dioses fueron sustituidos por el estado y sus códigos, y que los héroes novelescos tienden a ser prófugos de la justicia, que los vigila, captura y castiga, relata sus historias y las clasifica. Pero claro, el estado y sus leyes carecen de trascendencia porque no dan acceso a un más allá ni pueden prometer la bienaventuranza eterna; su poder sobre el individuo se basa en el poder mismo, en la arbitrariedad de un no al que el individuo opone un sí, y la literatura la pregunta ¿por qué no? Ese desacato sigue dándose en el plano amoroso, que es aquél en que el deseo se manifiesta en estado más puro, y opone su irracionalidad a la del derecho y su propia fundación, que es también en última instancia, como la moral, no sólo arbitraria sino irracional. Pienso que este es el meollo de los conflictos en las novelas de los autores mencionados, cuyo estudio exigiría por lo menos otro libro. Por eso, para concluir, me limito a la tradición en lengua española, pero con una variante en parte debida a mi propia procedencia. La crítica también tiene inevitablemente algo de confesión.

El capítulo final, dedicado a cómo dos grandes escritores hispanoamericanos absorbieron a Cervantes, siempre en términos de los temas discutidos en este libro, es a la vez una justificación de mi propia labor, hecha desde el español pero sin ser yo español —soy cubano. ¿Cómo se lee un clásico como el Quijote desde dentro de su tradición lingüística pero no de su legado nacionalista? Borges y Carpentier se plantean estos problemas en el conocido relato “Pierre Menard, autor del Quijote” y la novela El arpa y la sombra respectivamente. Los protagonistas de Borges y Carpentier, Pierre Menard y Cristóbal Colón, son escritores que no sólo no son ya españoles, sino ni siquiera de lengua española. Menard era francés y Colón genovés, como se sabe. Borges, que leyó el Quijote por primera vez en inglés, y Carpentier cuya primera lengua fue el francés, se aproximan a la lengua de Cervantes desde perspectivas parecidas a las de sus personajes. Directamente en contra de las lecturas nacionalistas españolas del Quijote, de las que se burla inmisericorde en este relato y otros textos suyos, Borges se atreve a imaginar un libro y una literatura sin nación. Menard fracasa y hasta muere en el esfuerzo, pero el relato de Borges es la lectura más audaz y perdurable del Quijote que se hizo en el siglo XX en cualquier lengua. El Colón de Carpentier me hace remontarme a los orígenes de este libro porque el Almirante logra su hazaña descubridora seduciendo primero a la reina Isabel de Castilla, con la que sostiene una relación intensamente carnal en el campamento de Santa Fe. La obra está llena de referencias y trucos narrativos cervantinos y termina, como el Persiles y Sigismunda, en Roma. Carpentier ha logrado fundir en la pareja Colón-Isabel la díada amor-derecho —él representa el deseo, ella encarna la ley. En el tálamo ambos se funden y fundan: la escritura, el Nuevo Mundo y la imaginación creadora.

Como el lector del Quijote, el del presente libro tiene en sus manos una traducción, que si bien no tiene las repercusiones y buen humor de la de Cide Hamete Benenjeli, no carece de complicaciones propias. El libro fue redactado en inglés, dado que se escribió para ser un ciclo de conferencias públicas pronunciadas en la Universidad de Yale, donde he sido profesor por más de treinta años. El inglés es casi como mi lengua nativa, que sigue siendo no obstante el español, lengua en que he escrito también buena parte de mi obra. Pero me cuesta traducirme a cualquiera de las dos lenguas sin rescribirme, por lo que la Editorial Gredos tuvo a bien pedirle a Isabel Ferrer que tradujera Love and the Law. Su trabajo ha sido, en mi opinión ejemplar, aunque, por supuesto, me he permitido hacerle una última revisión al texto. Pero como dice Cervantes en alguna parte, la verdad se entiende aunque sea por señas, y yo espero que si algo hay de ella en lo que he escrito, que le sea comprensible y útil a mi paciente y virtual lector.

Northford, Connecticut, junio del 2007


  • 1. "On Cipión's Life and Adventures: Cervantes and the Picaresque," Diacritics, 10, no. 3 (1980), pp. 15‑26. Recogido en La prole de Celestina: continuidades del barroco en las literaturas española e hispanoamericana. Madrid: Editorial Colibrí, 1999. Myth and Archive: A Theory of the Latin American Narrative. Cambridge: Cambridge University Press, 1990. Versión en español Mito y archivo: una teoría de la narrativa latinoamericana. Mexico: Fondo de Cultura Económica, 2000.

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