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En otra escena, la que a mí me parece la más arriesgada del filme, alguien dice camino al aeropuerto que los cubanos “siempre necesitan que alguien más piense por ellos” y se ve detrás la enorme pancarta con el rostro de Fidel Castro ¿A quién se le ocurrió esa escena? ¿Cómo decidieron incluirla?
Estaba en el espíritu de nuestra crítica social. Yo tenía la idea del comentario y Titón encontró la solución al sobre imponer el comentario a una valla con la imagen del Comandante en Jefe. Siempre fue mi preocupación cuestionar la infalibilidad del líder. Ya en mi ensayo sobre Hemingway había escrito que “Fidel Castro fue excesivamente generoso cuando declaró: ‘Toda la obra de Hemingway es una defensa de los derechos humanos’” El ensayo propone todo lo contrario, la obra de Hemingway como expresión de la limitada visión política de un escritor norteamericano.
Ese doble sentido o ambivalencia que hay en Memorias… parece repetirse en Fuera de Juego de Heberto Padilla y en una larga tradición de la literatura cubana y extranjera que trata de escapar a la censura. ¿Cómo ves tú la influencia de Memorias…, en tal sentido, dentro del arte y la literatura de la revolución?
Memorias… es, cronológicamente, la primera obra que propone y mantiene una actitud crítica frente a la revolución. Dentro de la revolución la función del escritor, y del artista en general, es, para mí, la de ser la conciencia de la sociedad. Tanto en la creación como en el cuestionamiento de valores. Abandoné el país cuando el Partido Comunista asumió la dirección ideológica y específica de la cultura. Hoy sigo pensando que un cambio de régimen en Cuba sería un desastre; creo que la única solución saludable es la apertura económica, la aceptación de las leyes del mercado reguladas por el gobierno, y una total libertad de expresión y movimiento. La libertad de expresión fortalece todo sistema político en lugar de debilitarlo; algo que los comunistas nunca entendieron. Dudo de que el gobierno cubano actual se atreva a tomar ese camino.
No me alegra, pero me enorgullece saber que la visión de Sergio es hoy la visión de la mayoría de la juventud.
Acabas de publicar una nueva novela: Memorias del Desarrollo, que de cierta forma es una continuación de la anterior. Se me ocurre hacer una comparación con el Quijote de Cervantes, que tiene que escribir la segunda parte porque ya hay otra novela que asume su “paternidad”. ¿Hay algo de esto en la realización de la segunda parte de Memorias…? ¿Hay otras versiones/continuaciones de tu novela?
“Nunca segundas partes fueron buenas”, dijeron muchos del Quijote. Ya sabemos que ambas partes circulan por nuestra sangre, tanto para bien como para mal. Memorias del desarrollo es todo lo que he vivido a través de la política, la búsqueda de salvación y el sexo. Ahora estoy escribiendo Soy pero no estoy sobre un hombre que sufre una embolia y queda con la mitad del cuerpo paralizado, incapaz de comer o hablar. Vive encarcelado en su pensamiento y en sus sentimientos. Una metáfora del hombre del siglo XX incapaz de expresarse en este nuevo milenio.
Me parece irónico que cada vez que se habla de Memorias… en Cuba solo se habla de la versión cinematográfica de Titón y se olvida que la mejor película de todos los tiempos en Iberoamérica se basó en tu novela, y que tú escribiste junto con Titón el guión. ¿Qué se siente cuando algo así pasa y a qué atribuyes tú ese despojo de la paternidad de tu obra?
La paternidad de la película se escamotea por razones estéticas y políticas. La estética es que suele considerarse al director el creador, el demiurgo de la obra. Y en la mayoría de los casos suele ser así. En el caso de Memorias… hay que pensar en una pareja, en que la criatura tiene padre y madre. Salió de mi vientre pero fue criada en el mundo de las imágenes de Titón. Basta ver la película para descubrir mi fisonomía y hasta mis ideas y sentimientos. Creo en la paternidad compartida, ¿qué es más importante, los genes o el ambiente? En cuanto a la política como ingrediente, es obvio, aunque deshonesto, excluirme porque Titón murió en Cuba y yo vivo en el exilio.
Finalmente Edmundo, tú has tratado de mantenerte entre “dos aguas” turbulentas, la del exilio y la revolución cubana. Has criticado a los que llamas “dogmáticos” de ambos lados. Pero al final, eso te ha puesto en un lugar muy incómodo. ¿Qué piensas de eso?
Me siento mutilado. He perdido mi residencia en la isla y ahora me tratan de cortar los brazos y las piernas. El hecho de que nadie me haya felicitado ni querido entrevistar después de verme en la soledad de la cumbre con la selección de Memorias… como la mejor película en la historia de Iberoamérica acentúa mi soledad. Tú Jorge, eres el único. Tal vez se debe a que trato de vivir en la tierra de nadie: en Cuba muchos me consideran un apóstata por haber convertido en mi última novela a Fidel en un bastón con la cabeza de un perro, un perro castrado con el cual converso y trato con irritación y afecto; los cubanos en el exilio, una buena tajada me ve como un fidelista embozado. A los 78 años de mi edad he llegado a gozar, a disfrutar de los contratiempos y malentendidos.
Notas de la entrevista:
1.- Noticine.com [disponible en http://www.noticine.com/iberoamerica/36-iberoamerica/10752-la-cubana-qmemorias-del-subdesarrolloq-mejor-pelicula-iberoamericana-de-la-historia.html
2.- Revista Digital Cubana. Puede verse en www.lajiribilla.co.cu
(La Habana, 1930). Escritor y guionista. En 1967 escribió junto a Tomás Gutiérrez Alea el guión de “Memorias del subdesarrollo” (basada en su novela homónima), considerada la mejor película cubana de todos los tiempos. Antes del triunfo revolucionario, había iniciado estudios universitarios en Nueva York, e impartido clases de inglés en Caracas. En 1959 retornó a Cuba, y mantuvo una intensa colaboración con instituciones y publicaciones culturales (Lunes de Revolución; Casa de las Américas; Unión, La Gaceta de Cuba). Su novela más reciente, “Memorias del desarrollo”, es actualmente adaptada a la pantalla por el realizador Miguel Coyula. Reside en Nueva York.