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¿También son caribeños José Martí y Lezama Lima?
5. En mi opinión Guillén penetró más dentro de lo Caribeño que Martí y Lezama. Pienso así porque creo que lo Caribeño es un “nonlinear system” donde coexisten tres paradigmas de conocimiento: el simbólico, o mítico, o narrativo o tradicional, o premoderno (influencia africana, china y europea medieval); moderno, científico, histórico, disciplinario, epistemológico (caracterizado por el evolucionismo, la confrontación ideológica, el estructuralismo, la lucha de clase, la discriminación racial, etc.); el posmoderno (paradójico, contradictorio, posideológico, heteróclito, carnavalesco, polifónico, etc.). La obra de Guillén se refiere a estos tres paradigmas, por ejemplo: “Sensemayá”, al primero; “West Indies, Ltd.”, al segundo; El diario que a diario, al tercero. En orden le seguiría Lezama, ya que su obra se refiere a sistemas herméticos de carácter metafísico (primer paradigma), y a lo carnavalesco, lo barroco, lo acéntrico (tercer paradigma). Martí es básicamente un hombre de la segunda mitad del XIX, y por lo tanto su obra es necesariamente confrontacional (segundo paradigma), aunque también se encuentra un espiritualismo profético que resulta irracional, aunque en mucho menos grado de Lezama (primer paradigma). Los tres, sin embargo, son caribeños, ya que lo Caribeño nunca se encuentra, sino que reside en la búsqueda. Tal búsqueda es imposible, ya que no es posible conciliar a Mackandal con Marx o con Foucault, o si se quiere al vodú con el marxismo o con lo posmoderno. Así, lo caribeño, para mí, es caótico y, por lo tanto, la mejor manera de analizarlo es a través de los modelos de Caos. Tales modelos son por fuerza metafóricos, ya que Caos se refiere directamente al mundo de las matemáticas y de las ciencias puras, ciertamente no a la literatura ni a las ciencias sociales. (Vuelve a leer con detenimiento las últimas tres páginas de mi libro, “Último Comentario”; como verás en la noción de lo Caribeño cabe la santería, el vodú, la “negritude”, el marxismo, el feminismo, el posestructuralismo y el deconstructivismo; esto sólo es posible desde una perspectiva posmoderna, la cual, paradójicamente, lo hace a uno desconfiar de todos esos “ismos”. En mi opinión, esa desconfianza, esa turbulencia que presenta todo lo heteróclito, es lo que mejor expresa la antesala de lo Caribeño; más allá de esa antesala hay un orden paradójico, momentáneo, sin origen ni destino, que habla con más profundidad de lo caribeño. Es ese orden secreto el que me propuse “descubrir” en mi libro.
¿Se ha aplicado antes la teoría de Caos al análisis literario?
6. La perspectiva de Caos es muy nueva, y tal vez me quepa el modesto honor de haberla utilizado en el análisis de texto primero que nadie.
¿Llegas a Caos por la insuficiencia teórica del pensamiento científico de la Modernidad?
7. No, llego a Caos por la insuficiencia teórica del pensamiento científico propio de la Modernidad, el cual, en última instancia, no prueba nada. Esto también se aplica a las ciencias sociales, ya que para legitimar lo que uno escribe hay que referirse a una fuente consagrada que al final de todo resulta arbitraria, digamos El Capital, La dialéctica del espíritu, Blanca Nieves y los siete enanitos, etc. En realidad Caos surge dentro de la perspectiva posmoderna, y como dije, a mi modo de ver, en lo que toca a la crítica literaria, modera el planteamiento iconoclasta de la teoría posestructuralista (primer paso de la posmodernidad), ya que observa un orden “wholistic” en la naturaleza que puede hacerse extensivo a la significación (“meaning”). La perspectiva de Caos enfatiza la relación que hay entre las ciencias y las humanidades (Prigogine), la sociedad y el sistema ecológico, el azar y la necesidad, la cultura y la economía, etc. Pienso que es “el segundo paso” que ha dado el pensamiento posmoderno, y creo que con el tiempo será algo así como una renovación del mundo clásico, aunque reordenado de manera diferente. Es también una dirección filosófica, y por lo tanto puede ser manipulada políticamente, como vemos en el mundo actual cuando Gorbachev o cualquier líder se refiere al “nuevo orden posideológico” del mundo.
(La Habana, 1931 - Northampton, Massachusetts, 2005) Narrador, guionista de cine, ensayista, profesor universitario, Benítez Rojo obtuvo el premio Casas de las Américas, en 1969, con su colección de cuentos Tute de reyes, y el Premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1969, con su segunda colección de cuentos, El escudo de hojas secas. Es el autor (guionista) de la película Los sobrevivientes, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea. Trabajó para el departamento de Estadística del Ministerio del Trabajo (1965), fue Vice-Director de la Dirección Nacional de Teatro y Danza del Consejo Nacional de Cultura (1966-1967) y jefe de redacción de Cuba Internacional (1968-1969). Además, antes de su salida de Cuba en 1980, dirigió tres secciones de Casa de las Américas: el Centro de Investigaciones Literarias (1970-1971), el Departamento Editorial (1974-1980) y el Centro de Estudios del Caribe (1979-1980). Es autor de la Recopilación de textos sobre Juan Rulfo (Casa de las Américas, 1969) y de las antologías Quince relatos de América Latina (La Habana, Casa de las Américas, 1970, en colaboración con Mario Benedetti) y 10 noveletas breves y famosas (La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1971). Fue catedrático de literatura latinoamericana en Amherst College, in Massachussets, y profesor visitante en las universidades de Harvard, Emory, Brown, Yale, Pittsburgh y Miami.
Publicó los libros Tute de Reyes (cuentos, 1967), El escudo de hojas secas (cuentos, 1969), Los inquilinos (novela, 1976), Heroica (cuentos, 1977), El mar de las lentejas (novela, 1979), Antología Personal (1997), La isla que se repite: el Caribe y la perspectiva posmoderna (ensayo, 1998) y Mujer en traje de batalla (novela, 2001).