

La imagen se escapa a su limitada doble dimensionalidad, la fuerza vital del gesto nos hace sentir el gozo de la risa que estalla en el rostro de la joven, la podemos más que oír casi tocar porque es color y forma. Es esa carnalidad con que las ilustraciones de Fernando Vicente sorprenden a la mirada. Son los tonos cálidos de la paleta que construyen acogedoras atmósferas como las de los escondites de otrora, las islas imaginadas, los refugios improbables, algunos pedazos de paisaje, y esos recuerdos que nos avivan una determinada viñeta o la composición de un cromo. Es esa energía que se condensa en el trazo elegante de la caricatura que parece plegar el papel e inviarnos a modificar no sólo las leyes físicas sino los roles de la lectura. Y es que el autor nos invita a participar, a ser parte del relato, a compartir los caminos de la imaginación, a aceptar que no sólo miramos sino que nos vemos reflejados en el juego de ilustraciones, en las relaciones que se establecen entre sus significados. De manera que sus dibujos, sus pinturas, ejercen con propiedad el papel de ventanas que nos obligan a asomarnos y de puertas verdes que invitan a ser abiertas permanentemente.
Economista y sindicalista por un lado de su vida y guionista, experto y crítico de comics por otro. Lleva más de veinticinco años pergeñando textos divulgativos y críticos sobre cómics y ha perpetrado entre otros los guiones de Color Café y Silencios, la juventud del Capitán Trueno.