

Oí hablar de Fernando Vicente por primera vez a finales de los 80, hace ya más de 20 años, cuando era una figura muy reconocida de las manifestaciones artísticas en la España de la mítica Movida Madrileña. Pero hace relativamente poco tiempo que tuve la ocasión de conocerlo personalmente.
Saludarle, entonces, fue como saludar un pequeño trozo de mi juventud, de mi trayectoria personal como ilustrador, en definitiva, un retazo de mi propia historia.
Poco después de conocerle, un colega, vecino y además amigo común que sentía un poco de “pelusa” de las comidas de empresa navideñas que organizan en las oficinas y puestos de trabajo más al uso, nos telefoneó un día de diciembre a varios colegas a los que nos unía una incipiente amistad, y nos propuso comer juntos, celebrar la Navidad, y sobre todo, creo yo, sentirnos por una vez personas “normales” al menos por unas horas. La experiencia nos debió gustar, porque desde entonces nos reunimos periódicamente para comer, hablar, intercambiar libros, experiencias, problemas, miedos y qué sé yo cuántas cosas más. Últimamente, incluso hemos desarrollado una nueva variante: en vez de comer en el restaurante habitual, establecimos turnos para cocinar cada vez uno en su estudio y así ir conociendo de primera mano los distintos ambientes de trabajo, a la vez que las habilidades culinarias del resto, si las hubiere...
A lo largo de los intensos momentos en estas comidas he ido conociendo poco a poco la verdadera gran persona que es Fernando.
Un artista de grandes capacidades, extraordinariamente asequible, conocedor de su talento y sin embargo de gran modestia. El otro día hablando con un editor amigo comentábamos que no es fácil encontrar un buen artista que a la vez sea buena persona. Fernando es, sin duda, una combinación de ambas cosas… Por cierto Fernando, ¿la próxima comida, toca en tu estudio, ¿no? ¿Qué nos vas a hacer?
Ilustrador. Ha ilustrado numerosos libros, como Barcelona (Pádova, 2003); Madrid para niños (Pádova, 2002, y Madrid, 2004); El bosque de los sueños (Madrid, 2004); Don Quijote de la Mancha (Madrid, 2004), Mención de Honor al Mejor Libro de Ficción de los Premios de la Feria de Bolonia 2005, y El soldadito Salomón (Madrid, 2004), Premio Nacional de Ilustración 2005 del Ministerio de Cultura de España.