

Como Hamlet, yo puedo decir que conocí brevemente a Fernando en los lejanos ochenta, cuando ambos (él mucho más que yo) formábamos parte de la tripulación habitual de la revista Madriz.
Entonces nuestros rumbos cambiaron y se separaron nuestros barcos, y aunque en los noventa estuve a punto de sustituirle en el puesto de director de arte de una conocida agencia de publicidad que acababa de dejar, no ha sido hasta hace unos años que nos hemos vuelto a encontrar. Atraídos ambos por nuestra pasión por los ilustradores clásicos, ésta excusa sirvió para forjar una sólida amistad marinera no basada (como pasa a veces en un mundo de afinidades superficiales) en las diferencias o similitudes de nuestro discurso gráfico, si no en todo lo demás.
Durante estos años he visto crecer el trabajo de Fernando en la prensa, en las portadas de libros, en carteles y revistas de todo tipo y he comprobado dos cosas: que su estupendo trabajo está anclado firmemente en la tradición, sí, pero que (al contrario de lo que les pasa a muchos ilustradores con parecidos mimbres) este ancla no es el utensilio marino de sujeción que parece, sino un invisible eje que permite a su discurso gráfico volar y enriquecerse sin perder el norte.
Esto aparte de permitirle encarar casi cualquier ilustración, por diverso que sea el medio en el que se publica, hace que su trabajo permanezca en perpetuo movimiento, actividad ésta que no tiene que ver con el despiste o con el aburrimiento si no con la búsqueda y con la inquietud.
Una latitud y longitud de lo más recomendable.
(Madrid, 1964) Empezó a publicar historietas cortas en 1985. Desde entonces su cabeza no ha cesado de echar humo ni un solo momento. Sus colaboraciones para cómic adulto han sido publicadas en revistas como Madriz, Medios Revueltos, La Maleta, Idiota y Diminuto, Nosotros somos los muertos o Tos. Entre ellas destacan las recopilaciones “Estados Carenciales” (Camaleón / Malasombra. 97) “La caja negra” (Ed. Glénat, 01), o “Las Crónicas de Ono y Hop” ( Dibbuks 2007) nominadas todas en el Salón del Cómic de Barcelona. Luego tuvo que extender su actividad al campo de la ilustración para poder llenar su despensa. Pronto se abrió camino en medios de prensa como El País (suplemento Tentaciones), El Mundo, Rolling Stone (edición española), Man o la revista científica Quo. Actualmente sus trabajos pueden verse además en el periódico Público. La historieta infantil se le dio bien igualmente. Fue el creador de Astro, el valiente explorador (Factoría K de libros 2005), publicado originalmente por entregas en la revista Tretzevents. Ha trabajado para diversas editoriales en la doble faceta de ilustrador y autor completo. Las ilustraciones de Olivares también han sido publicadas en ediciones extranjeras italianas y francesas. Gran aficionado al cine, ha trabajado como ilustrador de carteles, story-boards, diseñador y director de diez cortos animados. Como él mismo suele decir “ilustrar es un oficio interminable”.