

Quisiera que de entrada nos comentara sobre este encuentro.
Para mí es siempre motivo de alegría venir a México. Me unen a México muchos años de amistad y de poesía. Yo nací en Cuba, pero desde 1965 vivo en Estados Unidos. Sin embargo, en mi viaje de niño de Cuba a Estados Unidos pasé cuatro meses en México, en la colonia del Valle, del Distrito Federal, en Eugenia 115 y para mí esa estancia de cuatro meses en el Distrito Federal, yo que era un niño que venía de la provincia de cubana, resultó deslumbrante.
Me enamoré de México al extremo de llegar a pensar que si no podía volver a mi país me gustaría venir a vivir a México. Durante muchos años, ya cuando me hice adolescente y luego adulto, vine a México de visita, comencé a escribir mis primeros poemas en Miami donde vivo desde 1965 y en 1980 tuve la osadía de publicar un libro de versos en Miami en edición de autor y enviar ese libro de versos a Octavio Paz a quien yo no conocía, de quien tenía noticias, por supuesto, pero con quien nunca había establecido ningún contacto epistolar o personal.
Y para mi sorpresa, ese humilde libro de décimas cubanas publicado en Miami, pocos meses después tuvo la alegría de llevar a Octavio Paz a escribir una reseña que se publicó en la revista Vuelta, y esa reseña significó para mí un puente ya definitivo entre Miami y México y los poetas mexicanos.
Paz me invitó a colaborar en la revista Vuelta, publicó otros libros míos en los años noventa y gracias a ese espaldarazo amabilísimo conocí a Víctor Manuel Mendiola y a muchos poetas mexicanos con quienes todavía sostengo una estrecha amistad. Poetas y prosistas mexicanos, así que para mí venir a México es en cierta forma venir a un lugar ideal, volver a una segunda casa.
¿Tu quehacer poético en qué se basa, en una posición eminentemente para las letras, una posición políticas o son puras ilusiones, digamos románticas?
No, no son emociones románticas ni hay política en mi trabajo. Escribo fundamentalmente poesía aunque se han publicado en México algunos libros míos en prosa; la editorial Arte de México, la editorial Prince han publicado libros míos en prosa. Realmente para mí la poesía es una manera de ampliar el mundo, de averiguar que hay otras realidades detrás de la realidad ostensible.
Es una poesía que con mucha frecuencia se refiere a Cuba, pero no en términos políticos. Yo me fui de Cuba siendo un niño, tenía 12 años. Cuando Cuba aparece en mi trabajo, la que aparece es la Cuba del niño, una Cuba intocada por la catástrofe que hemos sufrido durante los últimos 50 años.
Para mí la poesía fue en sus inicios no sólo una manera de ampliar la realidad sino de gozar de una especie de patria portátil. Fíjense que vivo en Estados Unidos pero escribo en español; si leen mis textos no encontrarán ninguna huella de Norteamérica en ellos, es poesía en español con una gran influencia de la poesía cubana de todos los tiempos.
¿Por qué? Porque yo intuí desde muy joven que si yo me rodeaba de ciertas palabras, de ciertas imágenes podría reconstruir el mundo de mi niñez en Cuba a través de la poesía aunque viviera en el destierro. De manera que la poesía para mí es siempre una forma de ampliar, de enriquecer la realidad.
Tengo a veces la impresión de que un poema es un agujero que uno abre en la realidad evidente para asomarse y ver otras realidades o por lo menos para ver la realidad cotidiana con otros ojos.
Y creo que ahí está la realidad de la poesía. La poesía puede ser sumamente útil, puede ser sumamente entretenida, puede ser sumamente emocionante si uno busca en ella lo que hay que buscar.
Y creo que lo que hay que buscar es eso, lo que Proust llamaba un poco de tiempo en estado puro; es decir, la poesía debe ofrecer al lector un fragmento del paraíso, un fragmento de una realidad intocada, nueva, y la poesía puede apelar desde el anciano más ajeno a ella hasta el joven más aparentemente distante de ella, si uno sabe presentar la poesía y si la poesía es verdadera.
Pero si miráramos nada más la cuestión de lo que acontece en el mundo, a las atrocidades que ocurren, no pasa nada. Creo que esa no es la labor de la poesía, la labor de la poesía es esa, redescubrir el mundo, reinventarlo, reconciliar al hombre con ese mundo al que él le ha hecho tanto daño. Por supuesto, estoy muy consciente de todo lo que ocurre en el mundo, pero desconfío.
Desconfío de los poetas, de los artistas, de los músicos, que hacen de la política un instrumento para la posible popularidad de su persona. Creo que hay hombres brillantes, vamos a citar el nombre de Octavio Paz, que podía darse el lujo de ser un gran poeta y de ser un pensador honrado, objetivo y apasionado al mismo tiempo.
Hay otros autores deslumbrantes, voy a citar un caso, Neruda, cuya literatura muestra que no fue un hombre inteligente para hablar de política. Era simple y llanamente vergonzoso que mientras Stalin mandaba a miles de compatriotas a los campos de concentración, Neruda le escribiera odas. ¿Por qué? Porque Neruda era un poeta monumental, pero no era un hombre inteligente para la política. Existe en nuestro tiempo la desastrosa impresión de que el músico, de que el cantante, de que el poeta son personas inteligentes y deben hablar de política. ¡No!, hay muchos tipos de inteligencia, hay muchos hombres que son muy inteligentes para la poesía, y no pueden poner un bombillo en su casa o clavar un clavo en la pared y, sin embargo, hoy en día se tiende a ver en el poeta, en el músico, en el pintor a un experto en cuestiones económicas, políticas, teóricas; yo francamente desconfío de esa capacidad del poeta verdadero para hablar con cordura y con responsabilidad del acontecer político internacional.
¿Pero no puede servir en un momento dado esas expresiones artísticas como una forma de concientización, de denuncia simple?
Sí, yo creo que algunos sí; yo creo que hay algunos poetas con un talento natural, con una vocación natural para hacer de su poesía un documento civil; creo que existen, pero hoy en día se tiende a pensar que todo poeta debe estar públicamente comprometido con el acontecer político y debe hacer de su obra un manifiesto político y eso es totalmente equívoco, me parece que está mal.
Uno tiene que responder al tipo de poesía que a uno le ha sido dado escribir, y uno tiene que averiguar quién es uno y tiene que serle fiel a sí mismo. No toda la poesía es la misma. Entre Vallejo y Neruda hay un abismo; entre Borges y Paz hay otro abismo, sería terrible que ahora todos los poetas se dedicaran a denunciar las atrocidades políticas que se comenten en el mundo y que todos pensaran de la misma manera, ¿verdad?
Así que yo creo que hay que delimitar al creador de la persona, de la persona que puede opinar sobre el Presidente de México, del Presidente de Estados Unidos o Sadam Hussein y luego no tratar de darle a la opinión de ese autor como poeta el mismo peso que tiene su poesía.
(…)
¿En algún momento dado, las letras podrían volver a ser parte primordial del ser humano para recobrar los valores que se han perdido a nivel mundial?
Yo creo que las letras y los hombres están ahí, esperando porque mucha gente se fije en ellas, y esto no lo digo porque yo escriba poesía. Creo firmemente que la poesía, la buena poesía tiene mucho que decirle al joven actual, el problema está en nuestros maestros e incluso en nuestros poetas que no saben abrirle los ojos a ese joven, a la contemporaneidad, a la belleza, a la modernidad de la poesía.
Muchas veces cuando he tenido la oportunidad de dictar charlas para estudiantes, y yo he hablado de estos temas, y les he citado versos de todas las épocas he visto, veo en esos rostros la capacidad para deslumbrarse ante la poesía. Cuando yo digo “Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos” estoy citando a García Lorca, ¿qué joven no se identifica con eso? Cuando yo cito a un poeta como Francisco Hernández, mexicano, capaz de ver en una palabra un poema, amortajados, “amor… taja… dos” no hay joven que no se deslumbre, que no se sienta en comunión con la poesía.
La poesía está ahí esperando su momento y ojalá los que tratamos de escribirla, podamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que muchos jóvenes y muchos que no son tan jóvenes se acerquen a ella y descubran todo lo hermoso y divertido y útil que hay en ella.
¿Qué opina del hecho que un gobierno del estado esté impulsando este tipo de eventos como Letras en el Golfo?
Me parece estupendo y ojalá lo siga haciendo durante muchos años, no sólo por la ciudad, no sólo por ustedes, sino porque aquí de repente coinciden una serie de hombres y mujeres que de otra manera no se conocerían personalmente y que sin embargo están trabajando en una misma dirección, a favor de la belleza, a favor del porvenir más decente al que puede aspirar el ser humano, así que me parece estupendo que un estado se preocupe por este tipo de eventos, los auspicie y nos permita a nosotros, a mí por lo pronto, volver a México.
Entrevista realizada en el Hotel Mansión Real de Tampico, Tamaulipas, el 3 de Noviembre de 2003