

Fue en los años 80 cuando, conduciendo su auto por una avenida de Miami, Orlando González Esteva se hizo una pregunta que se volvió poema: “¿Qué edad cumple la luz esta mañana?”
Ese verso que abre un poema del libro “El pájaro tras la flecha”, da nombre a una antología de González Esteva (Cuba, 1952) publicada por el Fondo de Cultura Económica, que reúne libros como “Mañas de la poesía”, “El pájaro tras la flecha”, “Elogio del garabato” y “Fosa común” (editados por Vuelta), “Escrito para borrar” y “Mi vida con los delfines”, entre otros.
“Por sí solo, ¿qué edad cumple la luz esta mañana?”, es uno de los pocos versos míos que me complace. Y nada de lo que sucedía a ese verso me parecía tan exacto como el original. Dije: ‘bueno, si el resto del libro no tiene ningún valor, por lo menos ese verso va a quedar en el lomo y alguien lo leerá un día al pasar por los anaqueles de una biblioteca o de una librería, y yo voy a lograr lo que quiero: que esa persona se pregunte ¿qué edad cumple la luz esta la mañana?’”.
El poeta y músico, residente en Estados Unidos desde 1965, pretende con su obra conducir a los lectores hacia lugares que parecen no vistos: “La poesía tiene que tener algo de ventana abierta, algo por donde uno pueda asomarse a una porción de la realidad inédita hasta ese momento”.
Esos lugares no vistos son a veces una mancha, un animal pequeñito, un espejo: “En mi escritura hay un enorme interés por buscar lo significante en lo engañosamente insignificante: es crear una red de analogías a partir de lo insignificante”.
Y eso, admite, tiene mucho de juego: el niño —ese que dejó Cuba a los 12 años— reaparece entonces en la poesía. “Encontré en las palabras, en las formas tradicionales, una manera de recrear el mundo de la infancia. Mi poesía suele estar llena de juegos, y espero que esos juegos no oculten que hay un asunto serio atrás. Esa necesidad de jugar que hay en mi escritura puede venir de otra necesidad: la de rescatar al niño que se quedó atrás, que se quedó en Cuba cuando abandoné el país en 1965”.
Aun cuando toda la obra de González Esteva se ha escrito fuera de la isla, el autor no acepta esos intentos por excluir del cuerpo de la literatura cubana a los autores que han creado en el exilio: “Tomar el camino del exilio no excluye a nadie del ámbito cultural de la isla como en algún momento trató de hacerse, cuando los que tomaban el camino del exilio fueron erradicados de las ‘nóminas’ oficiales de la literatura cubana. Afortunadamente la literatura es mucho más sabia que los gobiernos y las autoridades culturales, y acaba imponiéndose”.
González Esteva —quien fuera amigo de Octavio Paz y colaborador de la revista “Vuelta”— busca estar al tanto de lo que se hace en su país o de lo que otros cubanos, fuera de la isla, escriben. Destaca, entre otros, a los escritores Abilio Estévez, Antonio José Ponte y Rafael Rojas (quien reside en México).
“Salí de Cuba hace 43 años. Volví por dos semanas, en 1980, a ver a mis abuelos en cuya casa yo había crecido; mi abuelo había estado en la cárcel por razones políticas. Yo quería reencontrarme con ellos, con mi infancia. Nunca más he vuelto. Soy un opositor al actual gobierno de Cuba. Lo he sido durante toda mi vida, aunque debo decir que crecí en un lugar que apostó por la revolución. Mi abuelo estuvo en la Sierra Maestra y cuando regresó estaba convencido de que a Cuba se le avecinaban tiempos más difíciles que los anteriores. Y fue a dar a la cárcel”.
Además de poeta, González Esteva es maestro: desde hace cuatro años, durante las ediciones del Festival de la Palabra, imparte talleres de poesía para maestros de secundaria en la ciudad de México. “Trato de mostrar a los maestros cómo contagiar el amor por la poesía a los jóvenes”. Cerca de 80 docentes participaron en 2008 en el taller.
“¿Qué edad cumple la luz esta mañana?” contiene prólogo de Alberto Ruy Sánchez y un epílogo de Juan Malpartida.
Publicado en el diario El Universal, de México, el 19 de enero de 2009