Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, abril 2009, año 3, número 07
otrolunes.com >> Sumario >> Unos Escriben

Orlando oriental

 

Antonio José Ponte

El poema más célebre de la literatura japonesa es sin dudas una pieza de sólo tres versos, dos de cinco sílabas y uno de siete, cuyo protagonista (nos recuerda Orlando González Esteva) es una rana, o el sonido hecho por ella al zambullirse. Dicho lo anterior, quien no haya tropezado nunca con un haiku podrá pensar que tal clase de poesía pertenece a la de los libros infantiles o cabe perfectamente en una historieta. Porque una rana que merezca tanta atención, ¿dónde estará mejor que en uno de esos volúmenes con figuras llamativas bajo las cuales queda un poemita rimado? Y un zas, un chas o un plaff, ¿de dónde brota sino de una secuencia de dibujos que narran la lucha entre héroes y villanos?

 “Ah, qué graciosa/esa nube que lanzan. /Pura pelota”, leemos la versión de González Esteva de este haiku de Kobayashi Issa y podríamos creernos en el reino de los libros para niños, donde existen los mejores rincones para dar con cachorros dormidos, saltamontes, arañas hogareñas, gatos a la carrera tras hojas que vuelan... En ese reino ocurren las más extrañas coincidencias, como la de este otro poema: “El sapo deja/que lo huela el caballo. /Imita piedra”. Y se estaría tentado a confiar en la amabilidad de un universo que reserva cortesía hasta para los bichos chupadores de sangre humana.

Canas y arrugas son saludadas con la misma parsimonia dedicada a pulgas y mosquitos. El frío que entra por una grieta no logra hacer que se blasfeme del invierno. Todo marcha tan bien, ¡hasta los contratiempos! Sin embargo, Issa ha escrito: “Chorro de orina. /Pero mira debajo:/lirio que mira”, y de ese encontronazo de sexo y flor brota, asordinada, una onomatopeya de puñetazo, de arremetida. (Todo el poema estriba en el chorro que liga a lirio y sexo, ese chorro equivale al salto de la rana.)

Alejándose del plácido rincón de los cachorros en siesta, el haiku llega a celebrar lo escalofriante en esta pieza de Yosa Buson (que lamentablemente cito sin recuerdo de su traductor): “Frío hasta la médula:/pisé en la oscuridad/el peine de mi esposa muerta”. (El espanto, lo mismo que en el cine japonés de terror, emana de los objetos cotidianos, la aparición aguarda en los dientes de un peine.) Lo terrible, y vuelvo a Issa, reside en los detalles: “Ardió la casa,/pero entre sus rescoldos/las pulgas bailan”.

¿Bailan las pulgas por achicharramiento, o es puro recomponerse de la naturaleza apenas sobrepasado el desastre? “Luego de una matanza”, supo ver Kurt Vonnegut, “queda sólo gente muerta que nada dice ni nada desea, queda todo en silencio para siempre. Sólo los pájaros cantan. ¿Y qué dicen los pájaros? Todo lo que se puede decir sobre una matanza, ¿algo así como pío-pío-pí?”

Pían los pájaros de Vonnegut, salta la rana de Basho, las pulgas de Issa bailan. Con sus versiones de poemas de este último, Orlando González Esteva viene a recordarnos que el haiku fue, en sus orígenes, una forma del humor. Y que no ha dejado de serlo. Habría, por supuesto, que especificar de cuál humor se trata, pues el mayor peligro del haiku es la inanidad y la zoncera. (Ninguna otra estrofa parece convenir mejor al balbuceo de idiotas y poetastros.)

Imaginar un álbum de haikus para niños es contar entonces con que alguno de esos poemas sirva de escarmiento a los pequeños lectores, les pegue un buen susto, los trate en tanto criaturas perversas. Y apreciar el haiku vuelto interjección en historieta no va a ser para que ese rayo de letras señale el consabido puñetazo en la mandíbula, sino un sonido menos trucable: aquel que corresponda a un movimiento del pensar. (Quienes sientan admiración por el Pop Art entenderán como haikus algunas de las piezas de Lichtenstein.)

Orlando González Esteva ha demostrado suficiente sagacidad como para pecar ahora de ingenuo en estas aventuras japonesas. Hay en su obra, tanto en prosa como en poesía, muchísimos ejemplos de atención al detalle, de menuda delicadeza. Y hay también un toque mordaz que lo libra de la mimosería: si dedica un libro breve a las hormigas, tema de obligadas horas a ras del piso, la carga acarreada rumbo al hormiguero está compuesta por fragmentos de cadáver y quien habla en Fosa común es el poeta destazado. Enumera, en Todo lo que brilla ve, las miradas que echan objetos inanimados, y junta la sublime perla a la ridícula calva. O escribe esta espléndida línea: “El ojo de vidrio ve”.

Debido a la mirada de esa prótesis, debido a las migajas de cadáver portadas por hormigas, pueden confiarse a González Esteva los más nimios detenimientos de su libro de haikus propios y de su libro de haikus ajenos.

No se trata, en el segundo caso, de traslados directos de la lengua japonesa, sino de versiones compuestas a partir de diversas traducciones de Kobayashi Issa al inglés. Y vaya contra los escrúpulos de quien no acepte más de un intermediario el ejemplo de Octavio Paz, quien se rodeó de traducciones al inglés, francés e italiano, de textos que él no alcanzaba a descifrar en japonés, sánscrito o chino. (El narrador y poeta Juan José Saer dio con un título que avisa de las múltiples traducciones consultadas para sus propias versiones de poemas japoneses: Un choix de sixty e quattro haikus.) Paz también supo rodearse de ayudantes y de ilustres ejemplos que lo envalentonaran: Claudel diplomático en Pekín traduciendo poemas autóctonos cuyo idioma apenas comprendía, y no al francés sino al inglés. O el Ezra Pound de Cathay, que trabajó sobre borradores de Fenollosa, quien tampoco había leído esos poemas en lengua original, sino en japonés.

 “Leer un poema en traducción es como besar a una mujer a través de un velo”, sostuvo el poeta y traductor H. N. Bialik. Si es así, ¿qué tocan los labios cuando leemos la traducción de una traducción? El problema, en este caso, resulta irrelevante pues Orlando González Esteva anda lejos de reclamar sitio académico para sus versiones de Issa. Las suyas han de ser consideradas como simples poemas. (“I make no claim for the book as piece of Oriental scholarship. Just some poems”, advirtió Kenneth Rexroth a propósito de sus traducciones del chino y del japonés.)

Podrá aceptarse entonces la presencia de rima en piezas que, por eufónicas que sean, no llevan rima en su lengua original. Tales haikus rimados son la consecución de las décimas de González Esteva, quien se detiene a explicar cómo la utilización de este recurso podría aproximar sus versiones a lo lúdico del haiku, a su espíritu original. (Sus libros de poemas llevan casi siempre, como prólogo o epílogo o notas, unas páginas de excelente prosa. Emparentada con la de sus libros ensayísticos, el autor enuncia allí su poética.

 “Considérese este libro como una colaboración entre los viejos bardos, quienes ahora viven en un ‘luminoso cuerpo de palabras’ y un poeta estadounidense contemporáneo”, pidió Andrew Schelling al inicio de sus traducciones de poemas eróticos de la antigua India. Y lo mismo vale reclamar para las versiones del maestro japonés hechas por el poeta cubano.

Signo de lo extendida de tal colaboración va en otro libro suyo reseñado en estas páginas por Carlos Espinosa: La noche (Galería Estampa, Madrid, 2003) lleva como epígrafe un haiku de Issa. Y en Casa de todos el poeta regresa a los viejos maestros japoneses: Matsuo Basho, Fujiwara no Teika.

Orlando González Esteva parece haber descubierto en el haiku una reserva de humor de la cual no andaba escasa su obra publicada. Ha dado, además, con un estímulo que se encuentra en el origen de todos sus trabajos: la construcción de series. Por una parte ánimo despejado, suelto y asombrable. Por la otra, disciplina de variar sobre un mismo tema o figura. Soltura y cadena: quizás estribe en ello su predilección por el haiku primigenio, sarta de breves poemas humorísticos.

De cualquier modo, lo que lo empujó a esta aventura japonesa no es (declara al final de Casa de todos) el haiku en tanto forma poética, sino en tanto poética. “Quien insiste en el haiku no fatiga una estrofa: madura una forma de ser”, cree. Y aquí están, para probarlo, estos dos libros suyos.

 

Orlando González Esteva (traductor)
   Kobayashi Issa
   Hoja de viaje
   Pre-Textos, Valencia, 2003

Orlando González Esteva
   Casa de todos
   Pre-Textos, Valencia, 2005

 

Nota del Editor

Aparecido en Encuentro de la Cultura Cubana, Madrid, número 40, primavera de 2006.

 


Antonio José Ponte

(Matanzas, Cuba, 1964) Poeta, narrador, ensayista y editor cubano. Entre sus libros destacan Cuentos de todas partes del imperio(Éditions Deleatur, 2000), Las comidas profundas(Éditions Deleatur, 1997) Un seguidor de Montaigne mira La Habana / Las comidas profundas (Verbum, 2001), El libro perdido de los origenistas(Aldus, México, 2002), Contrabando de sombras(Mondadori, Barcelona, 2002). Sus obras más recientes son Un arte de hacer ruinas y otros cuentos (Colección Aula Atlántica, Fondo de Cultura Económica, México D.F.) y La fiesta vigilada (Anagrama, 2007).

Google Custom Search
Tamaño de letra:

Este Lunes

De lo que el viento no se llevó (Reinaldo Arenas en mis recuerdos)

Pedro Oscar Godínez

Grandes maestros del neopolicial contemporaneo

Alex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero

Cuba no cambia, pero México sí

Alejandro González Acosta

La literatura infantil Iberoamericana: notas para un viaje de descubrimiento

Joel Franz Rosell

Apuntes sobre el Caló y los Gitanos en España

Coral Ramírez

High Tech crimes / Lowlife dreams: Contrapunteo de la ciencia ficción y de la novela policial en Cuba y México

Luis Pérez-Simón

La razón de la mentira poética

Manuel Gayol

Breve acercamiento al cine cubano de la Revolución (1959-2000)

Alfredo Antonio Fernández

Otro lunes Conversa

Con Edmundo Desnoes

Memorias y Memorias: 18 preguntas para Edmundo Desnoes

Con Jorge Franco Ramos

La violencia es un tema inevitable

Con Antonio Benítez Rojo

Las islas de Antonio. Carta y entrevista con Benítez Rojo

Con Luis Pulido Ritter

Un mundo que se ha quedado sin Biblia y sin código civil o penal

Con Luis Leante

Entrevista grabada en exclusiva para Otrolunes

Punto de mira

Las migraciones culturales entre América Latina y Europa

Las migraciones en Cuba

Leonel Antonio de la Cuesta

Encuesta

Félix Luis Viera

Doménico Chiappé

Jorge Eduardo Benavides

Fernando Iwasaki

Raúl Argemí

Cuarto de visita

“La generación literaria de los testigos y los sobrevivientes”

Entrevista al escritor singalés Bashana Abeywardane

Amir Valle

El Kabaraya

Relato

Poemas

Unos escriben

Orlando González Esteva

Otros miran

Fernando Vicente

En la misma orilla

Canción de muerte en Moralzarzal

Relato

José  Luis Muñoz

La Catedral

Fragmento de novela

Mois Benarroch

Poemas

Pedro Oscar Godínez

Cuentos cortos

Armando Romero

Cuatro poemas

José Paulo Paes

Afganistán. Una balada de Theodor Fontane

Ricardo Bada

Poemas

Rafael Álvarez R.

Acrósticos

Isabel Martín Herranz

Recycle

Notas sobre (hacia) el boom III: nueva y vieja nueva novela

Emir Rodríguez Monegal

Medio siglo de Lunes de Revolución

Luis de la Paz

De lunes a lunes

Gana nuestro columnista Francisco Balbuena el Premio de Novela Río de Manzanares

Próximos títulos de la editorial Iduna

José Luis Muñoz estrena nueva novela: El Corazón de Yacaré

Biblioteca de Otrolunes

Otras voces Hispanas

A CARGO DE LUIS RAFAEL

Fina García-Marruz, oculta y significativa

Mario Mendoza. La violencia como rebelión

Gastón Baquero retorna a Cuba

Antonio Soler. Una España mirada desde la intimidad

Librario

A CARGO DE RECAREDO VEREDAS

Con olor a naftalina

Juana Vázquez

Cuatro veces fuego

Lara Moreno

Aunque seamos malditas

Eugenia Rico

El manuscrito de piedra

Luis García Jambrina

La mujer calva

Cristina Cerrada

La jauría y la niebla

Martín Casariego

 

A CARGO DE Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

A CARGO DE AMIR VALLE

¿De qué mundo vienes?

Luis Pulido Ritter

Mi tesoro te espera en Cuba

Joel Franz Rosell

 

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com