

Cuando habita la vida de Cuba o de América en una voz, la poesía se vuelve una fiesta del color de las tradiciones y de la gente. Orlando González Esteva escribe una fiesta en sus versos, desde sus octosílabos, que recuerdan el sabor original del Romancero español, hasta su prosa llena de significados y reflexiones de lo popular y lo culto.
Sin embargo, algo misterioso hay en estos poemas: el espíritu de un país, el alma de una cultura, las cosas que muchos vemos a diario, pero que nadie puede decir. Las “mañas” de la poesía, encontrar aquello que no es justo la palabra, a través de una poética de la maña, es justo lo que nos ofrecen sus versos que hablan de frutas, hormigas o mujeres, un pueblo completo descrito en un poema.
Pero no existe la contradicción entre la visión popular y la filosofía, el verso cae justo y nos invade un pensamiento profundo ¿qué edad cumple la luz esta mañana? es la pregunta que abre el libro y nos hace meditar, no sólo en la edad del universo, sino en su grandeza y esplendor. Y todo al ritmo de un baile ritual, místico, que parte de las cosmogonías primigenias y que une el amor y el erotismo, la existencia y la vida.
Las frutas, ya sea en verso, ya sea en prosa, se vuelven en González Esteva un signo del erotismo y el patriotismo cubano. Su interés por los elementos de la vida popular de su país hace de la lectura algo único, desde el desarrollo del lenguaje.
No mentían las portadas del libro cuando anunciaban lo que Octavio Paz decía en torno a este poeta, los versos de Orlando González Esteva: “Son prueba de que el idioma español todavía sabe bailar y volar”. Como también no mienten los críticos al mencionar lo mucho que de baile ritual tienen los versos en este poemario. Sin embargo, ¿cómo pretender la comprensión de una poesía como este baile ritual, conjunto de expresiones sensuales, románticas y barrocas?: no de otro modo que el suspiro generado por el final de uno de los poemas o prosas de Orlando González Esteva: Pero no vale la pena: / escribir es infinito.
(Ciudad de México, 1956) Realizó estudios de arquitectura en el Instituto Politécnico Nacional y de Artes Visuales en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha realizado más de quince exposiciones individuales y más de cien colectivas tanto en México como en el extranjero. Entre 1974 y 1981 se dedicó a la producción de cortometrajes, documentales y comerciales para la televisión. De 1986 a 1990 funda y dirige la Revista Vértigo, dedicada a la difusión del arte, la cultura y los espectáculos. De 1990 a 1995 fue columnista del periódico El Universal, y de 1993 a 1995 fue colaborador del suplemento cultural Sábado del Uno más Uno. Ha sido editor de numerosos portales y páginas electrónicas de diversas instituciones e iniciativas culturales como el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, Auditorio Nacional, UNESCO y Museo Franz Mayer, entre otros.