

Es un poeta múltiple y quizás también un niño multiplicado, es lo lúdico de la poesía que se agradece en este mundo al revés. Llegué tarde a su poesía -toda su obra es poesía- a pesar de su pertenencia a mi generación, la generación perdida de los años cincuenta, tan inclasificable -¿antes o después?- como tanto accidente que nos tocaría vivir. Y entré por una puerta lateral en su poesía, a través de "Elogio del garabato". Ya González esteva había publicado "Mañas de la poesía" y también sus primeras obras, pero había salido de la Isla unos años antes y eso me tornaba difícil el hallazgo. A pesar de Jorge Guillén, Florit y Octavio Paz, de las delicias que ha escrito para borrar, de Juan Soriano y de las décimas y los haikús, no es el poeta de culto que todos conocen, quizás porque tiene razón en que la poesía es algo clandestino, que huye de la cárcel y burla a sus carceleros. En medio de tanta dispersión -"la poesía cubana está tan dispersa como el pueblo cubano", ha dicho el poeta-, de tanta vaca sagrada en los pastos de la literatura actual, González Esteva me remite a la esperanza que no muere mientras nos preguntemos qué edad cumple la luz cada mañana y sigamos cultivando con Martí las frutas del camposanto, del humor y de la muerte.
Es conocido -y me lo repetía una y otra vez un diácono amigo- que es arte de Dios escribir recto sobre renglones torcidos. Es arte de verdadero poeta descubrirnos la poesía en las cosas comunes, lejos de falsos espejos y corrientes de moda. Y es una lección de humildad -y poesía- a la soberbia de quienes se erigen en dioses vivos de una poesía muerta -vacía-. "Ni siquiera sé si soy poeta..." también dijo González Esteva alguna vez. Pero es poeta no porque publica libros, sino porque ha sabido nutrirse de la mejor tradición cubana para crear, con los materiales más comunes, una obra distinta que, paradójicamente, es continuación de esa tradición de poesía y cubanía. Y que merece ser reconocida por su particular continente y contenido. Por su excepcionalidad en un mundo al revés.
(Matanzas, Cuba, 1953). Ha publicado los poemarios "De la desesperanza y otros poemas" (México, 1999) y "Reiteraciones o peregrino al borde de la tierra" (Autoedición del autor, Valparaíso, 2007). Es autor, en colaboración con I.S. Merlin, de "Antología de la Poesía Cósmica de Matanzas" (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2003). Como promotor de arte ha curado y organizado las muestras "De La Habana a Buenos Aires: cuatro pintores, una visión cósmica" (2003) y "Proyecto itinerante de pintores cubanos y chilenos" (2007-2008), en galerías de La Habana, Buenos Aires, Miami y Santiago de Chile. Desde 2000 edita de manera artesanal la revista independiente de poesía "Arique". Reside temporalmente en Chile.