Categoría: En la misma orilla

Zafi en Montparnasse, debajo de un abedul

De la misma manera que le sucedía en algunos sueños, Zafi arrastraba ahora su maleta por una calle adoquinada de París. No obstante, esta vez juró que era real, y se pellizcó  para darse cuenta del dolor. Aún así, sentía además algo extraño en su interior, algo tan contradictorio como una paradoja. Y era el hecho de que si se alegraba de estar en París, tampoco podía evitar una fuerte sensación de incertidumbre… Pero esto le pasaba a todo el que sale de la Isla, pensó. Leer más…

Laberinto y otros poemas

Laberinto

al borde de la violencia la autoflagelación y el suicidio
es imposible el regreso
aunque deba vivir cien años intentándolo
llenar todo de grageas solventes de aroma suntuoso
para ocultar el tumulto desde un repentino aumento de encéfalo
fingir desinterés en los asuntos divinos
la televisión y la droga nos apartaron del último mesías
llegado el punto en que alguien escape y nos diga que hacer. Leer más…

La descomposición y otros poemas

… veo al poeta como alguien que debe llegar a la unión mística con lo divino, y para ello tiene que atravesar los tres estados que pasaban los místicos. San Juan de la Cruz escribió tres poemas que representan esas etapas: Noche oscura del alma (vía purgativa), Cántico espiritual (vía iluminativa) y Llama de amor viva (vía unitiva). Se trata, en otros términos, de lo que algunos denominan oficio y otros, inspiración. A veces en ese tratar y tratar ocurre la epifanía. Yo he tenido noches en que he escrito dos o tres poemas, y he tenido miedo de acostarme, porque todo quedaría allí y al otro día yo sería memoria de mí mismo. La creación poética es exactamente igual: el oficio obliga a trabajar a diario, a sentarse y tratar de escribir, y a veces ocurre esa epifanía que es la unión con lo divino, y lo bello…

De la entrevista “Yo quiero ser un poeta de vanguardia”,
concedida a Omar Martín en Verbiclara, 15 de febrero de 2013 Leer más…

Número de oro y otros poemas

Dejanos encontrar las palabras (1948-1959) recurre al juego intertextual a partir de la reinvención de la correspondencia íntima entre los poetas Paul Celan e Ingeborg Bach­mann, inscribiéndose así en una poética en la que son notables el influjo de otras artes o de otras literaturas y el diálogo de la literatura consigo misma, lo cual enmarca el libro en las tendencias artísticas más contemporáneas. Los poemas incluidos en este volumen denotan una relación humana íntima, sincera y al mismo tiempo dolorosa que no se reduce solo al intercambio epistolar, sino que trasluce el drama político y social de posguerra en la Europa de mediados del siglo XX. El tono, el lenguaje y la atmósfera del poemario constituyen elementos propios de una poesía depurada y sugestiva, y en muchos momentos conmovedora. La calidad de la composición da cuenta de un autor que tiene una relación estrecha, además de con la escritura poética, con el oficio de la lectura.

Del acta del Jurado
Premio Nacional de Literatura Universidad de Antioquia Leer más…

Humanidad y otros poemas

Hay libros que nacen condenados a perdurar aunque todas las energías oscuras del cosmos conspiren en su contra. Hay libros que avanzan en la marcha parsimoniosa de la luz, de pronto son revestidos con la piel de la herejía, penetran en los devaneos clandestinos de los sobresaltados por el rumor y el estigma, y luego emergen, reconciliados o no con el fluir, porque no hay música angelical que pueda ser silenciada sin que los estremecedores acordes no queden vibrando en el aire y concluyan perpetuándose para restablecer los truncados trayectos. Leer más…

Juego de letras

Tenía todo preparado. Los folios, a la izquierda. Bolígrafos, dos de cada color −rojo, azul y negro−, a mi derecha. El ordenador, en el centro. La silla, muy cerca de la mesa, con el cojín para los riñones, dos paquetes de cigarrillos y un vaso de whisky con hielos. Así me imaginaba la mesa de un escritor, aunque todo revuelto. Caótico.

Mezclé los bolígrafos con las hojas. Se cayeron folios y bolígrafos. Les di una patada. Escritor maldito, me dije con sonrisa diabólica. Encendí un cigarrillo, que saqué de uno de los paquetes de Marlboro que había comprado esa mañana. Imaginé que me entrevistaban, para El País o El Mundo, y puse posturas de gran intelectual; ahora con la mano izquierda, en la frente, apretando las sienes, ahora con el cigarrillo en la boca intentando decir algo ingenioso tras la tos. Tiré la ceniza, que cayó dentro y fuera del cenicero. Cogí el vaso de whisky. Lo moví, circularmente, necesitaba oír el clic, clic de los hielos. Me lo llevé a la nariz y bebí. No me gustó el sabor, tampoco el del tabaco, pero daba un toque especial, de artista. Leer más…

Huesos

A mi padre

 

Maldito sol que baja en Colón, y con todas esas lápidas reverberando, espejeando luz a todas partes, uno no sabe dónde poner los ojos ni para dónde mirar. Por eso me compré estas gafas. Malísimas las pobres, y dice Eva que no son de marca, pero a mí qué me importa… total, son pa’ no quedarse ciego en estos turnos de día no pa’ ir a fiestar al Vedado.

Ya casi son las dos y hoy tenemos que exhumar gente. Qué mal me cae… pero es parte del trabajo y uno se acostumbra a todo. Así que voy caminando, rumbo la esquina B, a sentarme como siempre en el banquito, al lado de la tumba de Eduardo Saborit, y conversar un rato con cualquiera en lo que empieza la cosa. Leer más…

Sueños de un buen cristiano

(…) Cada vez que cierro la puerta de la habitación conyugal
imagino que abrimos paso a un territorio distinto,
más libre y emocionante, en el que todo está santificado
por la presencia de un Cristo que nos mira complaciente desde su cruz,
también pienso que las depresiones, los fantasmas que visitan a Catalina,
algún día desaparecerán y volveremos a ser los de antes (…)

 

Yo mismo abrí la puerta y volví a cerrarla antes que el viento y la lluvia convirtieran la sala en un paisaje de catástrofe. Le permití entrar por elemental compasión. Lo que vi podría haber sido cualquier cosa, pero nunca lo que resultaría ser, una criatura tan desquiciante, tan sutil y de alguna forma prescindible: un enorme pantalón como de payaso, un suéter gris-perro demasiado grande, la cabellera como una gran mano negra, brillante y salvaje, cubriéndole el rostro, la espalda y los ojos, unos ojos esquivos, movedizos. No supe cómo se le ocurrió a Catalina aceptarla en casa. Creí ver en ella una mirada torva, como de ave de rapiña. Leer más…

La sangre del Tequila (XIII)

Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista cubano.

Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista cubano.

Félix Luis Viera, convertido en uno de los escritores imprescindibles en la historia de la Literatura Cubana desde que sus libros de cuentos Las llamas en el cielo y En el nombre del hijo adquirieron la categoría de “clásicos nacionales” y “libros de culto” para varias generaciones de escritores en la isla, nos comentó en un mensaje electrónico que le gustaría rescatar aquella tradición de épocas pasadas en la que escritores que hoy consideramos “universales” convertían a miles de lectores en perseguidores cautivos de sus novelas por entregas.

Confesamos que nos surgió la duda: ¿podria ocurrir lo mismo con las nuevas generaciones de lectores, acostumbradas más a la lectura rápida en pantalla que al goce con las historias contadas a retazos y sazonadas con el olor fresco de la tinta de imprenta, como sucedía en siglos pasados?

Así, como un reto, surgió la idea de publicar en OtroLunes, por entregas, la novela La sangre del Tequila de este reconocido escritor y amigo. Y nos complace decir que Félix Luis no se equivocaba: miles de lectores clickean en cada número de la revista sobre estos capítulos de su novela, como demuestran nuestras estadísticas de lectura. Y en cada nueva entrega, nuevos lectores se suman.

Aquí, como en los números anteriores, ofrecemos a esos “cautivos” un nuevo capítulo, como se dice mucho en español, “recién acabadito de sacar del horno”.

Redacción de OtroLunes Leer más…