Debajo de un árbol, junto al río Cauca, María Isabel Espinosa ha visto pasar cientos de cadáveres mutilados. “Se han confabulado, porque si todos denunciáramos, el río no traería tanta muerte”, dice. Aquí, la terrible historia de la mujer que pasó de cultivar flores a escribirle a los masacrados.
María Isabel nunca pensó cuando vivía en La Bella, una vereda de la ciudad de Pereira, que su vida estaría dispuesta a escribirle a los muertos. Antes, diez años atrás en el 2002 María Isabel tenía un contacto con las flores, los jazmines, los tulipanes, un jardín nutrido, cuidado y cultivado por ella y el cual era objeto de postales por los extranjeros que allí pasaban y solicitaban permiso para tomarse una foto. Un recuerdo que cambiaría cuando le anunciaron que se iría a vivir con su esposo e hijas en donde hoy ha pasado más de 10 años, viendo bajar cadáveres por el río y cumpliendo con sus roles como ama de casa, madre de tres hijos y trabajadora en la finca. Ella mirando el río, ese donde ahora está sentada, me dice: “puede decirse que pasé del congelador al horno, donde yo vivía hacía demasiado frío y yo cultivaba un jardín que me daba muchas alegrías, tenía mucha conexión con la gente”. Leer más…



