Aunque en griego el término «actor» significa hipócrita (hypokrites) —por su ubicua condición de transformarse camaleónicamente en mil y una criaturas de igual número de obras —cuando un genuino intérprete se halla «en situación» (tal se denomina el momento clímax) logra transformarse en el personaje en que pretende convertirse.
El actor, ¿hipócrita o intérprete de mil criaturas?
Dicho de otro modo: el actor debe lograr el hecho vivo, corporal, que transcurre en un tiempo real frente ante los espectadores. Así, tal han confesado no pocos de los mejores creadores (aunque lo siguiente incomode al resto de los integrantes del hecho escénico: músicos, escenógrafos, como demás “técnicos”), por lo general, el teatro puede prescindir de escenario convencional, escenografía, texto prescrito, de toda clase de efectos y, hasta del director; pero no puede prescindir de la presencia viva del actor, porque sin él desaparece el teatro. Leer más…
