Duplicaciones: una mirada en el espejo de la posmodernidad

Sobre el libro de cuentos Duplicaciones

Fátima Regina Nogueira
Vanderbilt University

duplicaciones-jaramillo-levi-dossier-otrolunes31En el prólogo a la tercera edición de Duplicaciones Fernando Burgos hace dos planteamientos a los cuales quisiera referirme con la finalidad de expresar a partir de ellos mis reflexiones sobre esta obra de Jaramillo Levi. En primer lugar, el referido investigador afirma que los cuentos de Duplicaciones “exploran los ambientes, cambios, enfrentamientos y terrores generados por la entrada en el logos posmoderno” (22). En segundo, plantea que la referida obra puede ser leída como “un solo gran texto” (23).

Evitando toda la polémica que la definición del término posmoderno suscita hoy en los estudios literarios, quisiera subrayar esta tendencia a situarse como cultura de la fragmentación y del simulacro que se desprende en los cuentos de esta colección, a través, principalmente, de dos motivos recurrentes en su armazón narrativa, el espejo y la mirada. Esta presencia no sólo denuncia algunas de las obsesiones de la labor creativa del escritor panameño en Duplicaciones – lo duplicativo, lo fragmentario, la distorsión, la vigilancia – sino que apunta a la disolución temporal y sus consecuencias – la imposición de los recuerdos y de lo onírico, favoreciendo la línea intimista y la ruptura lineal de la narrativa, así como las incursiones en lo fantástico, cuestionando así toda derivación racionalista a través de la exploración de otros niveles de la realidad.

Es precisamente esta recurrencia de motivos y obsesiones la que autoriza la lectura de los cuentos de la colección como la de “un solo gran texto”, donde lo que se presenta es la interiorización de la interpretación cultural desde una relación entre el poder y el saber, revelada en una narrativa fragmentada de carácter predominantemente especular y auto-indagador. Duplicaciones es una pieza narrativa construida bajo la mirada del espejo que devuelve la imagen duplicada y distorsionada de un “yo”, que al contemplarse se deshace y se confunde en multiplicaciones fragmentadas y metamorfoseadas de un “otro yo”, desconocido de sí mismo: “El centro de la rueda compacta que ahora formaban los presentes se fue poblando de réplicas mías que a su vez empezaban a integrar otro círculo menor” (Duplicaciones 50).

Mirada vigilante y sobre todo perpleja en el reconocimiento y encuentro de este “yo” – siempre el Mismo y siempre el Otro – con su doble, lo que lo induce a su anulación, como se observa en los cuentos de la sección “Duplicaciones”. Mirada especular y auto-indagadora que en su metamorfosis y repetición se presenta como la condena inherente al propio acto de la escritura, esta “mancha de tinta que se convirtió ante mis ojos en mariposa que aleteaba con furiosos deseos de huir” (Duplicaciones 31), y se transforma en fijación presente en la mirada acechante: “La presencia que no me deja vivir son aquellos ojos, eres tú, fijación que te transformas” (Duplicaciones 32). Escritura que en su consumación atrapa no sólo al escritor, sino que también al lector transformado por el acto de la lectura: “todo lo que aquí ocurre ya ha sucedido, continúa ocurriendo e, inevitablemente, volverá a vivirse en cada experiencia que la lectura propicie. Cada página es una leve variación del mismo fenómeno, igual que tú, de alguna manera, siempre fuiste la alternativa de otra persona” (Duplicaciones 75).

Mirada y espejo, metáforas de una escritura que se busca, se repite y cuando finalmente se reconoce se encuentra ya multiplicada, transformada por un cambio alucinante de identidades. Escritura, lugar de un saber incierto donde las imágenes se convierten “en complejas redes de caminos trazados con palabras” (Duplicaciones 85), cuyo destino final nos es desconocido, pero que nos conduce inevitablemente a la disolución del tiempo. Al escritor, este sabio transformado en oficiante de un rito que se repite desde los tiempos primordiales, no le resta más que proseguir la ceremonia del ofertorio de cuerpos en copulación – otra metáfora de la propia escritura – midiendo “el tiempo que aún faltaba para que la gran nube, acechante como un dragón, hablase con sus roncos estertores y vomitase fuego y desolación … como en el principio” ( Duplicaciones 89). El escritor, así atrapado en el espejo que lo distorsiona y lo multiplica a través de la mirada de una escritura que quiere liberarse a través de él, desempeña su papel de anunciante de la conciencia crítica, que denuncia el vacío y el desatino de la existencia humana, la cual repite un mismo teatro de absurdos, donde la única realidad palpable es la disolución temporal y la proximidad de la muerte. Duplicaciones, por lo tanto, es un acto narrativo totalizador que teje las relaciones entre escritura, escritor y lector buscando su materia prima en la propia vida, espejeándola como una ficción y explorando, con una visión sociocultural crítica, los nuevos acechos de la creación artística en un mundo transformado por la cultura de fragmentación, simulacro y superficialidad de la posmodernidad.

Precisamente por esta característica de texto aglutinante de varias obsesiones que se organizan en un universo laberíntico de imágenes reflejadas en un espejo que las devuelve distorsionadas ante la mirada auto-interrogadora de este doble autor-lector que se multiplica y se fragmenta, propongo, a continuación, el análisis de uno de los cuentos de Duplicaciones que me parece reunir muchas de las obsesiones que recorren la colección. Me refiero al cuento “El búho que dejó de latir”, que según palabras del autor fue añadido a la segunda edición de la colección, juntamente con otros cuatro cuentos, que como éste “abordan el mismo tema general de la duplicidad de ciertas situaciones humanas ligadas al erotismo y a la muerte” (Duplicaciones 9).

El cuento alterna estados conscientes aprehendidos por la narración anecdótica de un hecho y estados inconscientes, donde se mezclan la actividad de la memoria y su selección de hechos pasados con el delirio precedente a la muerte. En el espacio intermedio entre los dos estados se erige la escritura en la mezcla de luces, sonidos, colores, manchas, tomando forma de espacio privilegiado de las fuerzas inconscientes metafóricamente representada por “docenas de ojos macabros [que] aparecen saliéndose de sus órbitas como moscas liberadas de papel engomado” (Duplicaciones 213). Nos encontramos en frente de la estética de lo sublime como la definió Lyotard dónde, aprehendido por el instante extraño a la conciencia, lo sublime lucha para presentar un hecho que no es representable, a la vez que lidia con el terror de la posibilidad de que nada más pueda ocurrir. En literatura este sentimiento se traduce en el pavor del silencio este “oscuro búho ciego desintegrándose con espasmódicos aleteos al removérsele la mascarilla” (Duplicaciones 213). Es decir que al centrar todas las reflexiones respecto a la condición humana en la suprarrealidad establecida en el cuento por la presencia del inconsciente, Jaramillo Levi aproxima silencio y muerte, posibilitando una lectura metaliteraria del texto, que lo coloca en el contexto del diálogo entre la modernidad y la posmodernidad en cuestiones como la armonía y la unidad del arte. Me refiero al episodio en lo cual el hombre dibuja el contorno del rostro humano en el intento de dar una simetría a los ojos, la nariz, la boca y las orejas que se encontraban dispersos por el parque y “cuando los ojos se ven en el espejo, saltan de sus órbitas y corren aterrorizados … Las demás partículas presienten que la armonía ha sido rota nuevamente y comienzan a moverse en un rictus nervioso que se torna un círculo vicioso. Les falta la visión del fenómeno que intuyen” (Duplicaciones 216). Una vez más se coloca la relación entre el espejo y la mirada, provocando el extrañamiento de sí mismo, las duplicaciones, las multiplicaciones fragmentadas de una realidad que se rehúsa porque se instala en su propia ausencia, siendo “la falta de realidad de la realidad” misma, lo que permite indagar lo absurdo de la existencia.

La posibilidad de una lectura metaliteraria del texto nos conduce a la indagación de cuestiones más amplias que comprometen el ámbito de lo socio-cultural. En “El búho” se dibujan claramente dos direcciones relacionadas y confundidas en el tejido del texto. Por un lado, se coloca la cuestión filosófica del orden de las cosas y de su ruptura en el mundo posmoderno – según Foucault la historia del Mismo -, por otro lado, se liberan en el texto las fuerzas del inconsciente – el discurso del Otro, según Lacan. La perturbadora irrupción del Otro en la narrativa de Duplicaciones a través de la liberación de las fuerzas del inconsciente, carga el texto de una compleja red de significaciones simbólicas, abriendo espacio para la presencia de lo erótico.

“El búho” señala como tema general la presencia inmanente de la muerte y la fragilidad de la condición humana y se estructura alrededor de la metáfora del búho como doble símbolo del saber y de la muerte. Esta metáfora nos remite al cuento “Los anteojos” de la misma colección, que relata la metamorfosis del rostro humano en la figura de un búho sufridas por un hombre cuando se pone unos anteojos culminando en su desangramiento hasta la muerte o la locura: “Uno puede desangrarse asido de una rama, vigilando con ojos profundos la quietud de la noche. O puede hacerlo estirado sobre el lecho, sin identidad ni recuerdos, confuso ante las paradojas del día, oyendo vagamente que abren la puerta de la calle y se acercan para diagnosticar, ya tarde, lo que se hace evidente” (Duplicaciones 129).

Esta identificación hombre-búho que implica la pérdida de la identidad y de la memoria posibilitada por el uso de anteojos, también se hace presente en “El búho” cuando el personaje rememora el mismo acontecimiento en el delirio, actualizando en el texto cuestiones culturales respecto al saber. Los anteojos, en su función ambigua de de ampliación y distorsión de imágenes, simbolizan en el texto un saber que se apoya en el orden que a la vez “se ofrece en las cosas como su ley interior, la red secreta según la cual ellas se miran de algún modo entre sí y aquello que sólo existe a través del clavar de una mirada, de una atención, de un lenguaje” (Las palabra y las cosas XVI). También es este símbolo de un saber apoyado en el orden el que justifica la presencia de unos anteojos flotando sobre la rama de un árbol de mangos que serán enterrados por unos picaflores, actualizando de este modo la vieja oposición entre naturaleza y cultura. Sin embargo aquí se trata más bien de una ilusión de la lectura, porque ni la naturaleza se representa como la armonía universal ni es el escritor el descifrador del cosmos a la manera que los entendían los inauguradores de la modernidad artística. La naturaleza se encuentra invertida con el cielo abajo y el mar arriba y al escritor sólo le resta enunciar la catástrofe de peces que llueven del cielo siendo devorados por pájaros que vuelan en la tierra. Esta confabulación de signos que apuntan a la muerte y al erotismo a la vez permite en este texto, a la manera de otros de la misma colección, la aproximación entre sexo y muerte como veremos a continuación. Los anteojos también se presentan en el texto como máscaras tras las cuales se esconde nuestra pretendida humanidad pues éstos marcan en su falta la inconsciencia de este “yo” doliente que se posesiona de la narrativa para notar la rotura de sus anteojos y de su hueso, como la diferencia entre el “hombre mono (eslabón perdido)” y los otros tres seres enjaulados que representan los antecesores del Homo-sapiens, pues “su cabeza … y ancha su cara de ojos hundidos y medio-ciegos que lo hacen parecer ligeramente idiota comparado a sus vecinos de anteojos” (Duplicaciones 218).

Es precisamente este eslabón perdido de la humanidad el que va a desencadenar la presencia de lo erótico en la escena que presenta la inversión histórico-cultural de la “gira en pos de conocimiento” que los animales organizan en los “jardines humanológicos”. El erotismo en el segmento de los jardines humanológicos se libera por la masturbación del mono contemplado por un búho que huye ante la explosión de espermas. Además de la clara alusión a una cultura que evade todo lo natural que representa la vida misma, este búho escurridizo representa de cierto modo el orden del discurso como veremos más tarde. Por ahora nos interesa subrayar que el discurso cultural de Occidente, según Foucault, utiliza elementos de exclusión para conjurar sus poderes. Uno de ellos es la prohibición donde principalmente son objetivados, en nuestra sociedad, las áreas de la sexualidad y de la política. Otro elemento es el rechazo que se encuentra en la oposición entre la razón y la locura. Por lo tanto no es azaroso que Jaramillo Levi construya el opaco tejido de su discurso en el cuento que analizo desde la línea que se encuentra en lugar intermedio en esta oposición: el ensueño, el delirio, la alucinación.

A partir de la masturbación del mono sobrevienen escenas de alto contenido erótico en un constante crescendo hasta la escena final que culmina en la conjunción de sexo y muerte. Dicha conjunción está presente en varios cuentos de la colección como se puede verificar en el siguiente ejemplo: “Hay gente que tiene una erección ante la idea de la muerte, pensó. Años atrás había tenido una amante que se excitaba identificando el momento final de su vida con el más intenso clímax sexual que podría sentirse” (Duplicaciones 92). Lo que sí impresiona en el referido cuento es toda la armazón que prepara la colocación de la escena en el clímax de la narrativa, deteniéndola incluso para injertar en su interior la imagen cinematográfica.

La narrativa se interrumpe antes de su desenlace para traer al espacio de la sala quirúrgica el telón cinematográfico el cuál proyecta la “imagen congelada” del recuerdo del suceso, después de declarada la muerte clínica del personaje: “Un hombre con cabeza de búho yace desnudo/sobre el cuerpo también desnudo de una /mujer sin cabeza. Otra mujer con cara de/ hiena está parada cerca de la cama mirando …” (Duplicaciones 221). La imagen detenida se precipita hacia la ejecución del crimen: “cara de hiena ríe inconteniblemente … mientras le dispara a la cabeza de búho…”(Duplicaciones 222) para chocarnos a continuación con la alusión al sexo después de la muerte en una reunión latente aunque perturbadora de ambas obsesiones culturales:

En un charco rojo que se extiende,

el cuerpo del hombre se sacude en

espamos hundido aún en el cuerpo de la mujer

sin cabeza … espasmos

lentos … morosos… dolorosos…( Duplicaciones 222).

Lo que salta a la vista en estas citas es la clara intención artística de subrayar su “gran final” en la mezcla de discursos que evolucionan del guión cinematográfico al discurso poético. Quisiera hacer hincapié en la proliferación de símbolos de este final, que apuntan para la relación entre la risa y la disolución del tiempo. En la proyección del crimen y del acto sexual participan tres personajes simbólicos: la cabeza de búho, la cara de hiena y la mujer sin cabeza. Dos de ellos tienen papel activo – el búho, en el acto sexual y la hiena, en la ejecución de la muerte, a la vez que ambos simbolizan a la muerte. Esta presencia simbólica hiena-búho en conjunto con la ejecución del búho a causa del acto sexual nos remiten una vez más al orden del discurso en la cultura occidental, el cual no sólo es atravesado por el hilo del deseo, como lo demuestra la psicología, sino que también se presenta como objeto y sujeto del deseo. Como ya vimos, el orden del discurso, que nos ilusiona por su transparencia como representación del mundo, excluye la sexualidad por su vinculación con el deseo y el poder, mientras que el texto literario se construye entre el deseo y el tiempo, mostrando por tanto su naturaleza contestataria. El búho que en un episodio anterior había huido de la explosión de espermas del hombre mono, ahora es castigado por la ejecución del acto sexual. En su nivel narrativo el texto nos coloca ante más una de sus ambigüedades y duplicaciones, a la vez que en el nivel sociocultural esta punición representa el poder que anula todo tipo de libertad individual en la sociedad contemporánea por medio de la mirada vigilante.

Esta mirada que ve sin ser vista, acosando a su víctima por el hecho de saberse mirada, tiene por finalidad transformar al vigilado en vigilante de sí mismo y nos recuerda este arte de vigilar e infligir que ejerce su control en cuerpos sumisos. Doble sumisión en el texto de un cuerpo mutilado en nombre de la ciencia moderna en su capacidad ordenadora y clasificatoria – me refiero a la situación propuesta por la cirugía – y suplicio de una escritura que teniendo plena conciencia de este control se reconoce mutilada en sus imposibilidades. Escritura que en simultaneidad con el cuerpo que describe se desangra a través de la ironía, alejando de sí, a través de su crítica demoledora, cualquier posibilidad de armonía y de logro de la unidad primordial para traducirse en la pérdida de sentido simultánea de la existencia humana y de la literatura misma. Esta escritura que se auto-mutila para transformarse en este fenómeno intuido, pero imposibilitado de presentarse ante nuestra visión, aproxima en los momentos finales del cuento la muerte, la risa y el tiempo. La conjunción entre muerte y risa se solidifica en el símbolo de la hiena – que no sólo produce la risa sino que también se alimenta de la muerte – a la vez que actualiza en el texto la risa en toda su capacidad destructiva: “la risa escalofriante de hiena re-/suena con eco progresivamente dis-/ cordante al ocupar el cuarto y hacerse/ espacio sin tiempo” (Duplicaciones 222).

En la cita precedente se nota la separación entre el espacio y el tiempo por medio del sonido producido por la risa, lo que nos causa una profunda perturbación por dos razones. La primera, parte del principio de que el ser se constituye en el tiempo y por lo tanto la anulación del tiempo implica la del ser como posibilidad misma de existir, lo que nos lleva a pensar no en la muerte de un individuo, sino en el final de todos los tiempos, donde la risa de la hiena juega el papel de las trompetas del Apocalipsis despojadas de su significado religioso. La segunda, señala la idea de mero espacio llenado por el sonido, lo que implicaría en la anulación de cualquier posibilidad de sucesión, una vez que se cancela la noción del orden, expresa en la proyección del tiempo en el espacio para visualizarlo en una línea sucesiva y continua. En resumen, estas dos direcciones nos conducen a un final de los tiempos donde impera la confrontación con el caos, con el vacío y con la nada.

Texto especular, reflejado en la mirada auto-indagadora, Duplicaciones expresa en su interior las inquietudes y pavores de lo posmoderno aproximando su escritura del código posmodernista en sus incursiones en lo fantástico y en lo fragmentario, en su cuestionamiento de la lógica racionalista, en su incorporación de los medios masivos de comunicación a la narrativa literaria y finalmente en sus reflexiones meta-literarias. Pero, más allá del código literario, lo que le da dimensión posmoderna en toda su amplitud es la estética de lo sublime, que rompe la armonía de lo bello, desarmando la narrativa a cada instante. Lo sublime basado en la idea kantiana del placer que nace del dolor – “las luces que continuaban seccionándome y doliendo y deleitándome hasta la parálisis” (Duplicaciones 50) – ya no encuentra su fundamento en el deleite de lo razonable, sino en el placer de lo irrepresentable. Dolor y placer que le agregan una dimensión temporal inscrita en una privación, la que se traduce a su vez en el terror de que lo que se está creando sea la última palabra, el último color, la última forma y el placer reducido al alivio de constatar que el final todavía no se consumó. Esta zozobra de lo posmoderno es persistente en Duplicaciones, por ejemplo en “El ofertorio”: “el recuerdo común y obsesivo: un hongo enorme… (Lo peor era) saberse aislados de todo el futuro por la amenaza insalvable de nubes que periódicamente llovían muerte y destrucción sobre las ruinas (Duplicaciones 87) y es la que se presenta en la anulación del tiempo en el final de “El Búho”. Es precisamente esta sensación de vivir en un tiempo sin futuro la que enfrenta el “yo” creador de Duplicaciones, no restándole otra alternativa a este “yo” sino la de cumplir él también su papel de búho, el cual presiente y anuncia augurios.

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Bibliografía

  • Burgos, Fernando. “Dentro del espejo: Duplicaciones y los nuevos acechos del cuento”. La confabulación creativa de Jaramillo Levi. 2ª ed. Panamá: Universal Books, 2001.
  • Foucaut, Michel. A palabra e as coisas:uma arqueologia das ciencias humanas. Trad. Salma Tamus Muchail. São Paulo: Martins Fonte, 2000.
    __________. El orden del discurso. Trad. Alberto González Troyano. Barcelona: Tusquets Editores, 2002.
    _________.Vigiar e punir: História da violência nas prisões. Trad. Raquel Ramalhete. Petrópolis: Vozes, 1966.
  • Freud, Sigmund. “El poeta y los sueños diurnos”. Obras Completas. II. 4ª ed. Madrid: Biblioteca Nueva, 1987.
  • Lacan, Jacques. Escritos. Trad. Inês Oseki Depré. São Paulo: Perspectiva, 1996.
  • Lyotard, Jean-François. The Inhuman:Reflections on Time. Trad. Geoffrey Bennington and Rachel Bowlby. Stanford: Stanford University Press, 1991.
    __________. The Postmodern Condition: A Report on Knowledge. Trad. Geoffrey Bennington and Brian Massumi. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984.
  • Jaramillo Levi, Enrique. Duplicaciones. Madrid: Editorial Orígenes, 1990.
  • Oxford Reference Online. Oxford University Press. Vanderbilt University. 08 Sept. 2004<htpp://oxfordreference.com.proxy.library.vanderbilt.edu/>.
  • El tema de la aproximación entre el acto sexual y la muerte es un de los temas bastante explorados por Levi, como lo reconoce el propio autor en “Acerca de la segunda edición” (Duplicaciones 9).
  • Sobre la estética de lo sublime en el pensamiento de Lyotard pueden verse sus obras Postmodern Condition y The Inhuman:Reflections on Time.
  • Estas ideas de Foucault y Lacan se encuentran diseminadas respectivamente en Las palabras y las cosas y en Escritos.
  • En A Dictionary of English Folklore se explica que el motivo del llanto del búho significa muerte o desastre, siendo que este significado hace parte tanto de la convención literaria como de las creencias populares. En The Oxford Dictionary of Philosophy se especifica el búho de Minerva como el símbolo de la sabiduría.
  • Cito a continuación un interesante pasaje encontrado en A Dicitionary of English Folklore: “For nearly 2,000 years and from nearly every part of the world, there have been reports of showers of rain which contained large quantities of live frogs, fish, or other creatures, and the reports still occur with quite startling regularity”.
  • Estas consideraciones sobre el discurso y sus relaciones con el saber y el poder se pueden ver en El orden del discurso.
  • Sobre la relación entre deseo tiempo y creación vease el ensayo de Freud “El poeta y los sueños diurnos” en el tomo 2 de Obras completas.
  • Estas ideas se encuentran en el texto de Foucault Vigiar e punir.