En una de las escenas más poderosas de su obra cumbre, Melville describe a un tiburón que, herido de muerte y enloquecido por la sangre de una ballena, devora sus propias vísceras repetidamente. El infinito es representado por una serpiente que se muerde la cola, un círculo y una cinta de Moebius que, al recorrerla, nos lleva de vuelta al mismo punto.
La misma fuerza de estas imágenes, del ente que se alimenta de su propia entraña, cerrando el ciclo de la vida en un vórtice final que es también un comienzo, se encuentra en el fondo del libro de Jaramillo Levi titulado En un instante y otras eternidades, que mereció el Premio Miró de Cuento en 2005. Leer más…