Prefacio
Al bajar del avión en La Habana, iba sintiendo un cosquilleo de ansiedad. Habían pasado más de treinta años desde mi anterior visita a Cuba, y para entonces, ya no era yo la ferviente revolucionaria que había sido en mi juventud. Mi primer viaje fue en 1971, cuando me uní a la Brigada Venceremos para cortar caña para Fidel. Aquella aventura me anuló y me dejó tambaleante de desilusión. Me aparté de la política radical, reestructuré mi vida y dejé que los tonos de gris matizaran mi pensamiento político. Y ahora regresaba para ver cómo la isla había cambiado y cómo sería mi reacción adulta ante este hecho. ¿Cómo iba yo a saber que por culpa de un encuentro casual con un extraño, mi vida estaba a punto cambiar, drástica e irrevocablemente? ¿Qué me atraía de Cuba en esta ocasión? ¿El clima tropical, la música, la atmósfera sensual? ¿O era el propio pueblo cubano, tan lleno de buen humor frente a la adversidad, amigable con los americanos, apuesto, ingenioso? ¡Y con no pocos desesperados por largarse! Leer más…

