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"Dos patrias tengo yo, Cuba y la noche: ¿o son una las dos?"
José Martí
La patria estaba sola como una sombra, una lámina
como un vampiro cansado o criatura lunar añorando la luz
como una muchacha gótica, una fuente derruida, un sorbito de hiel
una mirada que se escurre, una pistola suicida, un no sé qué
hacer contigo porque no aguardo tu ocaso ni tu lento amanecer
Ah la patria como una isla sin peso sobre la sien
ráfaga, postrimería, caducidad, una mancha en la pared
No tengas miedo. Eso pasa. Cierra los ojos. Respírala
Luego bórrala. Mentira. Sopla el viento. Tengo sed
La patria sin patria, errante, perversa, dura, la fiebre
como el sudor en las sienes que deliran, ávido sexo
caníbal, la luz tan blanca. Al partir. Un desolado interregno
El puentecito de Nietzsche. Toco tus pechos de agua
tus arrecifes sombríos, los restos sobre el mantel
las ruinas de un rostro en ruinas, la opacidad de la fe
Isla, patria, noche oscura. Y la tinta del café
Ay patria, salvaje, ausente, lejana como un placer
dame tus golfos de nada y tus palmas desoladas
tu rostro errante, perdido, el aguacero cerrado
No puedo con tanta sed.
Ah formas que se entreveran como oraciones, palabras
que no fueron dichas, hojas limpias, letras, nadas
pulsaciones en el polvo, caducidades, estancias
irrecorribles, labios solos, susurros de la mirada
Cuantas veces me detengo absorto, desnudo, ausente
frente a la página blanca como ante el mar multiforme
enorme animal perdido como un náufrago anhelante
y escribo manchas, borrones, versiones de lo imposible
oscuros trazos, rasgones, manotazos de la nada
lindezas, pobres palabras como tronos derruidos
como rescoldos de un fuego que ávido se me escapa
Sólo quedan los requiebros, las ilusiones perdidas
las pavesas de la nada. Aunque sepa que allá lejos
o en el fondo brilla intacta la intensidad de una llama.
Como demoradas insinuaciones húmedas
como desvaídas escenas de cansada morbosidad
como una lluvia turbia, un espeso sudor
puedes hacer un gesto, cerrar una persiana
como si apagaras estrellas, desconchinflaras planetas
pisaras yerbas, insectos, expectantes deseos
como si nacer fuera un accidente, morir
una anhelada posibilidad, y tu rostro
la textura de una piedra, una mancha
en la pared, una turbulencia indescifrable
algo como adivinadas nubes o comarcas
caóticas de belleza sin necesidad
Arenas
mosaicos de imperios, letras como jirones
pedacitos de viento, chispitas, salpicaduras
Todo derrotado y taciturno. Todo exterior
como mar o cielo o paisaje indiferente
boca que se abre voraz o luces rápidas
inconsolables visiones o cabezas olmecas
Amigo, suicida, jardinero feliz
no te comprendo. Sólo quiero tocar
láminas, espejos, umbrales, ondas de agua
canciones estupefactas, los mapas
de la ansiedad, como si fuera un rey tonto
o improvisado payaso. Como si tu cuerpo
fuera la única certidumbre, el camino
extraviado
Y otra vez la eternidad.
"La noche en el pensamiento y en el corazón la tarde"
Juan Clemente Zenea
a Raúl Hernández Novás
La tinta que se expulsa. La luz que se retira
Cierra los ojos: pulpo, amnios, el reino de la medusa
La noche en el corazón... La soledad de la mente
Y el vasto cielo ahíto de estrellas. ¿Dentro de tu sexo?
¿En la caverna legendaria? Algo irrumpe en la luz
Un bulto de grosera materia. Punto, fulguración, estrellas
¿Manchas, borrones? Como excrecencias, olvido
Enciende la lámpara para que no te trague la noche
Ama ese cuerpo que es tu cuerpo, Narciso, ciego
Usurpador, ladrón. La luz te quema.
Te crecerán antenas en la oscuridad
Dando tumbos, vivimos. Tapa ese hueco
Que no se vaya la luz. Que no se vaya
Hace falta otro tacto. Otro principio
Los tentáculos ávidos. Hueco negro, ventosa
Los poros como cráteres, abismos
Las simas de la impiedad. Ritual oscuro
Siempre hay algo que ver. Como lamparitas
llamitas errantes. Oh, pulpo. Ay, ciegos, ciegos!
La luz como un bulto que se abre, confín
de estrellitas multicolores, cadencia suave
flotando como nubes de inaudita demencia
El segador, el segador, y una lluvia de mazorcas de oro
Los bulbitos, las pulsaciones que tiemblan
en el agua de tus ojos, charcos
de nebulosas infantiles, o medusas
mentales. El nervio del paladar de dios
el esplendor invisible. Y tú
animal consternado que suda una pregunta
una flor que se abre
ahíta de intolerable belleza
como un exabrupto, un disco, un polen náufrago, algo así.
"Extraño y misterio todo, Jacinta"
José Moreno Villa
Extraño y misterio todo, Jacinta: el escribir, sobre todo
Y sobre el lomo, las letras como tatuajes, rencores
como franjas encendidas, torres de fuego, planetas
donde se cuece la vida. Ay, pordiosero, tu mano
de repente se encabrita. Sangre del lodo, el abismo
más profundo de la vida. Estercolero de estrellas
muladar, mejunje. En vano
trazo una elipsis, un arco de imposible belleza. Tu mano
está tan lejos, mi amiga. Y tan lejano
tu cuerpo, la mirada del suicida
Hay un abismo. En el fondo
unas runas invisibles. Yo no sé lo que me quitas
Dame tu mano. Desciendo
como un réprobo. Ay, bosque, fuente
abluciones de las costras de la vida. Sólo ese tacto
mi amiga. Y esas hogueras altivas
letras, palabras, canciones
de una absorta melodía. Ay, que me pesas
me hundes. Ya estoy ciego. En esa criba
yo no sé lo que me quitas. Noche tremenda
Allá arriba, una amarga musiquita
Y en tu mirada, la pasta de los océanos
los meandros de la vida. Ay, dame el sudor
dame el polvo, los tesoros del escriba
para escribir con tu sangre las palabras
sumergidas, las antenas de la noche
las llamitas de otra vida, los pájaros
de la muerte con sus alas suspendidas.
Aquellos ojos verdes
serenos como un lago...
No quiero entrar al polvo sin conocer la música de esa estancia prohibida
Un rayo o una espada. Algo que sople duro. Una inaudita pérdida
Nirvana o paraíso o aquellos ojos duros. No quiero entrar al polvo
al blanco manicomio, al hondo acantilado, sin conocer la sombra
el borde, el timbre, el légamo de la naturaleza. Las formas tan hurañas
la fugitiva esencia y la belleza errante que pasó por mi lado. Un oscuro planeta
Las letras son misivas absurdas. Yo quiero las candelas que se encienden al alba
Y las frías estepas. Extraños archipiélagos. Y las playas salvajes. Y tu rostro
y tu rostro como un copo de nieve. Un poquito de agua que refresque mis sienes
que deliran. Y aquella luz tan blanca. Y el hijo que no tengo. Y siempre el rayo verde
Las telas de la nada. El bestiario imposible. Las criaturas cuánticas. No el payaso
El tesoro. El cenit pitagórico. El nadir silencioso. Algo como la música
La extraña música. La música inaudible. Y aquellos ojos verdes
serenos como un lago. Y aquellos ojos verdes.
"Y en tan despierto tránsito lo feo se irá tornando en rostro del Amado"
José Lezama Lima
Y el escriba doliente aterido de frío sale a mirar las calles
los paisajes absortos de la belleza, las babas de la realidad
como un absurdo malhechor, como un testigo oscuro
como si el mundo fuera una hoja de una novela imposible
El, el torpe, el distraído catador de rostros, el marginal
que no podía comprender tanta silueta amarga o deslumbrante
tanta forma imprecisa o demasiado enfática, tanta ilusión, en fin
la yerba húmeda le parecía más real, menos efímera
que ese perverso prójimo, ese monigote con alas
que esa bella muchacha con neuronas de estopa
aquel tipo con frac que maullaba en la calle
aquella inconcebible gorda que arrastraba un carrito
el viejo que orinaba contra su propio ombligo
incluso este curioso orate con cara de escribano
(¡ah, el doctor feliz, el camionero de la alegría!)
para no hablar de otras presencias por supuesto sagradas
y que son el paroxismo, el éxtasis del Estado Nacional.
En tu sexo de espuma, una torre de nieve
No hay consuelo en las cimas nevadas
en tus pechos suicidas, en los rojos desfiladeros
de tus labios en flor, en la avidez oscura de tus ojos
en tu absorto país. Yo fatigo tus formas
como una encrucijada. Como un desfile
de sedientas visiones, como pulsaciones
instantáneas o demoradas insinuaciones
húmedas. Todo es un espejismo, una emboscada
Un simulacro para olvidar la muerte
la inconfesable espera, las siluetas de tu indefensión
amada víctima. Para olvidar la carne putrefacta
los borborigmos del tedio, las esquelas de la orfandad
Entonces, carpe diem, carpe diem! Y conocer
los esplendores efímeros de una alterada lucidez
los huecos negros de la demencia. Para olvidar
la pérdida. Para poderte amar, animal lejanísimo
en la extraña comarca de tu extraña bondad.
A Raúl Rivero
Estoy en la celda enorme como un sueño ya hinchado
La isla tiene sus celadores
pero se puede atisbar por las persianas
un infierno, un país
algo como un bulto duro, apretado
La espada
tiene el esplendor de las conversiones imaginarias
la espada que no termina de caer
que no termina de sudar
que no termina
Las láminas, las visiones dantescas de Gustavo Doré
parecen estampitas de terciopelo
Sí, Lezama, el infierno es esto
los guantes, los epigramas, las espinas milenarias
los bulbos de un oleaje que se retira
el loco aullando en la playa
el loco manoteando en el mar
el loco arañando una costa desconocida
Huir hacia la desmemoria, el acontecer clandestino
Buenas tardes, señor
Buenas noches, señora
dicen todos los bármanes del mundo
Este es el animal que no ha existido
dijo Rilke del unicornio
El cubano es ese Animal
que habita en un limbo en su propio país
Un limbo fuera del tiempo
Una historia apócrifa
Toda una isla en peso soñando con jardines invisibles
El cubano, el Animal
ostenta la dudosa reliquia de la Izquierda Universal
Pero como le escribía Jacques Vaché a André Breton
(y citaba Cortázar en Rayuela):
Rien ne vous tue un homme comme
d’être obligué de représenter un pays
No hay historias íntimas
sólo Patria, Revolución, Socialismo o Muerte
es decir, un Dictador ( y el Dictador es la Muerte)
usurpando el espacio y el tiempo de toda iniciación
Todos los amigos que están lejos
deberían saber que la vivencia de un dictador
es única, es irrepetible
Nada sustituye esa vivencia
Porque nada sustituye la vida que se pierde
como sentí una tarde en Pontedeume
mirando las rías galegas
que también van a dar a la mar
que es el morir
(y entonces comprendí a Casal)
¿Cómo puede el sueño utópico, imaginario
el sueño surrealista de una Revolución
la esperanza de la justicia y la libertad
el hombre nuevo
(tan antiguo como el hombre nuevo de San Pablo
el hombre interior de San Agustín)
convertirse en algo tan plúmbeo, tan sombrío, tan vulgar?
Todo pospuesto siempre, amada víctima
generación tras generación
hijos tras hijos
viviendo la pesadilla de Ugolino
Es el Infierno, claro
Toda la vida perdida
toda la vida como un teorema inescrutable
¿un incentivo romántico para los amigos que están lejos
esos europeos cansados siempre ávidos de islas utópicas
o esos pobres de la tierra siempre demediados por sueños imposibles?
Claro que no hay justicia ni libertad
(todo hombre lo siente, lo intuye en su insobornable intimidad)
Pero no la hay en ninguna parte, amada víctima
Mucho menos en una isla maniatada por un gánster con discurso de izquierda
caricatura de un mesías político, un mesías ateo, un mesías ahíto de poder
que promete la justicia y la libertad para un futuro siempre inalcanzable
Como un Huitzilopoztli insular que exige sacrificios perpetuos
Ah, sí, yo quería ser astrónomo
argonauta, viajero oscuro por ciudades de oro
náufrago en una isla a la deriva, escribí alguna vez
Pero en una dictadura no hay conocimiento
Solo su sed
El conocimiento se agota instante tras instante
Somos como el mendigo ante la puerta de la ley
Frente a unas altas murallas
Frente a una belleza que pasa, sacro adiós
Siempre quise escribir una novela
una novela, como Paradiso, que fuera como el fresco de una vida
de una iniciación y un destino
y todo ello recorrido por un sentido a la vez íntimo y trascendente
Pero habría que decir como Lezama:
Ahora van a ver el Infierno en que hemos vivido
Todo fue tan grosero, tan feo, tan falta de sentido
Recordaba a Segismundo
ese Caliban hispano
(pero ya se sabe, como intuyera la Zambrano
que España es isla, más que península ibérica)
Vivir el sueño de Dios, el sueño de otro, el sueño de un Dictador
Esa es la tiranía más atroz: ser el sueño de un sueño
No somos el ojo, solo lo mirado
Tampoco la voz, sino su eco huraño
Y entonces los cubanos se van: ¿y a dónde van?
Tierras extrañas, sin historia propia, sin carnal apego
Calidoscopio, carnaval, parque de diversiones, intolerable jardín
Porque no hay tierra más extraña que la de la mente
Una mente sin patria
Una mente siempre en vilo
(perdido el lugar, desconfortado el vínculo)
No hay vida ligth ni exilio de terciopelo
Solo pérdida, expulsión, errancia
(¡Y ni siquiera somos los peregrinos de Enmaús!)
La nada como una boca voraz
La nada como un paisaje incomprensible
Como la Playa Albina de Lorenzo
Como un Madrid de cubatas y libros
Ah, sí, volver, volver a esa patria secreta
la patria invisible de las runas extrañas
de la página en blanco, del vértigo morboso de toda iniciación
Pero ya la vida ha pasado
El tedio es como un dios oscuro precisando sus dones
como un prestamista implacable, dije alguna vez
Es Oblomov, es ver la belleza que pasa
como un cometa, una dicha inalcanzable
Porque todo quedó atrás, muy atrás, allá
en una isla incomprensible
una isla antes de la isla
esa es la vivencia primordial
Ya no hay futuro desconocido ni muchacha eterna
(alánimo, alánimo, la fuente se rompió
tú lo sabías, Raúl, para toda la vida)
Entonces
a otra cosa mariposa
¿Y por qué coño tuvieron que venir mis antepasados
con la espada y el cepo?
De un infierno a otro infierno
de un horror a otro horror
Qué importa, si vamos a morir de cualquier modo
(dice José Ingenieros o Vargas Vila o Jardier Poncela
o el Caballero de París)
Pero ya quisiera usted tener la eternidad del Caballero de París
Algún día alguien dirá:
Dictador que vivió en tiempos del Caballero de París
Entonces vamos a organizar los delirios
vamos a meterlos todos en cajitas de nieve
y lanzarlos al mar
¿Todos los cubanos tenemos la mente jodida?
Como el que arrea camellos en las piramides de Egipto
la prostituta suave, la loca trasatlántica
Lorenzo en Playa Albina
Ramón de Barcelona
Kozer garabateando en el aire
y en el bosque de la China
una china se perdió
para la nada, para la primavera
¿Habrá algún cubano esquimal?
El judío errante es el culebrón de nuestra época
De El derecho de nacer a El judío errante
Pero ¿qué coño escribe usted, amada víctima?
¿Soñar no cuesta nada? Amigo mío, no diga usted eso
soñar es lo más caro del mundo
sobre todo cuando vivimos el sueño de un Dictador
(Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva)
Pero cuánta lluvia y cuánta Historia y cuánto cuento, Dios mío
Tía Tata cuenta cuentos, era un programa de la televisión
Pueblo mío, tan joven, no sabes definir
Amada víctima, balsero, Odiseo o Simbad contemporáneos
¿Por qué tuviste que recalar en esta isla, avieso genovés?
Vengan, vengan todos al Teatro del Mundo
con el médico chino, el gallego y el negrito
¿Y los indios?
Hoy vagan como las hadas al resplandor de la luna
Pero dice Bolichán, ese filósofo presocrático que descubrieron los Matamoros:
La vida es así
Si me muero por ti
no sé qué dirán
Entonces, no mires más, cierra las persianas
que afuera no está ni la bella lectora ni la llama de un vela
sino el indio Jerónimo dando palos de ciego
Afuera están
los pobres, los ateridos, los humillados
los negros, los marginales, los extranjeros
los que construyeron el teatro de Elsinor
y que algún día entrarán en la pesadilla del Dictador
como un bosque que camina
como un árbol que avanza dando palos de ciego.
La Habana, 19 de agosto, 2003
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