

Página 2
El nacionalismo erigido en religión equivale a fascismo y constituye, además, la más flagrante contradicción en ¿Quiénes somos? Porque la vuelta a la religión que Huntington ve, no sin beneplácito por ser ésta elemento clave en la esencia del Credo Americano, es como un reflejo del fundamentalismo islámico que él percibe como el gran peligro no ya para los Estados Unidos, sino para todo el Occidente. Es una especie de aufhebung, el mecanismo mediante el cual, según Hegel, una forma de pensamiento absorbe a su contrario. En términos históricos es, pongamos por caso, el proceso analizado por Américo Castro que lleva a los pueblos cristianos de la Península Ibérica a impregnarse de la cultura islámica contra la cual luchan: Santiago como contrapartida de Mahoma, Compostela como contrapartida de la Meca, y así sucesivamente. Luchar contra un enemigo siempre conlleva el peligro de convertirse en él, y el fundamentalismo de Huntington tiene no poco del islámico que todos debemos ver con justificable alarma. Pero, ¿es la religión el único antídoto para la religión? La tendencia a que así sea es tal vez la manifestación más sincera de lo humano, pero pienso que de lo más peligroso de lo humano, de lo demasiado humano.
En mi opinión lo más loable de los Estados Unidos es, por el contrario, la supervivencia y victoria paulatina pero segura siempre de lo racional, del substrato no religioso, sino de la Ilustración que persiste en el sistema político y jurídico de este país. ¿Quién iba a decir hace apenas unas décadas que dos personas de color, y una además mujer, como Condolesa Rice y Colin Powell, iban a ocupar posiciones de tanto poder y en una administración republicana? Era simplemente inimaginable. Los mismos prejuicios que Huntington profesa hoy contra los hispanos prevalecían antes contra los negros. Hay algo en la cultura de los Estados Unidos, que tal vez tenga que ver con su sistema económico, que es otra manifestación del racionalismo aplicado al lucro individual y colectivo, que neutraliza y absorbe los elementos en apariencia más adversos. Por ejemplo el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo refleja hasta qué punto la sociedad en general ha ido aceptando paulatinamente a los gays, y cuánto quieren los gays sumarse al American Way of Life al aspirar a la institución que está en su base —parejas que viven tranquilamente en los suburbios, compran en los malls, van a la iglesia los domingos, tienen dos automóviles, crían niños, etc.
La incorporación de los hispanos, como tales, tiene que ser menos difícil. Porque Huntington se equivoca al ver las creencias y costumbres de los pueblos hispanos tan disímiles de las de este país. Los contrastes entre el protestantismo y el catolicismo no son tan grandes hoy como Huntington teme, el substrato cristiano es mucho más fuerte que las diferencias y la Iglesia Católica no es lo que fue en los siglos XVI y XVII. La figura del Papa es uno de los ogros que pueblan las pesadillas paranóicas de Huntington. Su conclusión es que, como somos papistas, somos propensos a ser sumisos y someternos a un poder central —pero en John Kennedy ya tuvo Estados Unidos un presidente católico. Es también de un racismo insufrible suponer que los hispanos no le tenemos amor y respeto al trabajo, como cuando Huntington afirma que los hispanoamericanos que emigran a Miami lo hacen en busca de la cultura propia y la prosperidad estadounidense. Pero hay zonas prósperas de Hispanoamérica y no pocos hispanos millonarios y multimillonarios no sólo en Miami, sino en Los Ángeles —un millonario mexicano es hoy dueño de los Ángeles de Anheim, el equipo de béisbol de Grandes Ligas. Y España, la madre patria, es la octava potencia económica mundial hoy, así que en los genes no está el problema.
En lo que respecta al patriotismo, el porcentaje de hispanos en las fuerzas armadas de Estados Unidos es alto. En Corea y Viet Nam dieron su vida no pocos hispanos, muchos, desde luego, puertorriqueños, y hasta hace poco el comandante en jefe de las fuerzas de la coalición en Irak era el general Ricardo S. Sánchez, y en esa guerra el 10% de los soldados estadounidenses son hispanos. Sánchez es natural de Río Grande City, en el estado de Tejas, comunidad marginal anglo mexicana si las hay. La lista de honores, medallas y distinciones del general, que es también paracaidista, es enorme. Nadie podría cuestionar su lealtad y patriotismo y, lo que es mejor, que yo sepa nadie ha traído a colación su origen étnico.
En cuanto al idioma, Huntington apunta que no sólo tendemos los hispanos a conservar nuestro idioma mucho más que olas inmigratorias anteriores, sino que con frecuencia la tercera generación de hispanos nacida en este país se dedica al estudio de la lengua de sus abuelos. Esto lo hacen para indagar sobre sus orígenes, pero también por un factor determinante que nos hace distintos de los italianos, irlandeses, alemanes y judíos de diversas partes que llegaron a los Estados Unidos de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX: la proximidad de nuestros países de origen y el tráfico constante con estos, a lo cual también contribuye el desarrollo de los medios de comunicación, desde los aviones al Internet pasando por, desde luego, el teléfono. Los inmigrantes anteriores abandonaban sus países para siempre; sólo los que lograban un gran éxito económico regresaban ya fuera de visita o permanentemente. Además, sobre todo en el caso de polacos, alemanes e italianos, estos inmigrantes venían de países fragmentados, que o no se habían constituido aún como naciones o lo habían hecho muy recientemente. Los polacos e italianos se hacían polacos e italianos en Estados Unidos, homogeneizados por la mirada del otro, pero ellos mismos se consideraban más, pongamos por caso, sicilianos o genoveses que italianos. Los que venimos de países hispanoamericanos —con la excepción del área del Caribe— dejamos atrás, y no muy lejos, naciones formadas hace ya mucho tiempo y con un alto sentido de la nacionalidad, hasta el punto que por eso generalmente rechazamos la homogeneización oficialista y burocrática que quiere hacernos “latinos” o aún “hispanos.” Hay un substrato común, pero somos mexicanos, guatemaltecos, colombianos, venezolanos, y así sucesivamente, y pertenecemos a distintas razas, sin que éstas sean más determinantes que las nacionalidades. En otras palabras, una persona cubana de color es antes cubana que “black,” o “person of color” como a veces tratan de diferenciarnos. Huntington tiene razón, todo esto es muy distinto a lo que ocurrió con los inmigrantes europeos y por lo tanto exige una aproximación diferente, no intentar forzar a los hispanos a adaptarse a los moldes y patrones de italianos, polacos, judíos, etc.
Desde luego, el idioma juega un papel principal en este asunto, y de manera muy distinta a la de los inmigrantes europeos. Huntington no se equivoca cuando ve el español como una fuerza vital porque en comparación con los idiomas europeos es uno en vez de muchos, y el comercio en todos sentidos con los países de origen lo hace una fuente viva, no una lengua muerta o ancestral. A mí me parece que es exagerado pensar, a pesar de todo, que los Estados Unidos vayan, como resultado, a convertirse en un país bilingüe.
Ahora bien, afirmar como lo hace Huntington que sólo cuando soñemos en inglés podremos ser realmente ciudadanos cabales de este país me parece otra exageración producto de sus pavores esencialistas. Negarse a ofrecer información electoral en español en áreas en que los ciudadanos son principalmente hispanohablantes a mí se me hace una medida demasiado coercitiva. En Puerto Rico la democracia americana funciona, con todas las imperfecciones de lo humano, pero también con todas las virtudes de ese sistema de gobierno, en español. Los Estados Unidos no tienen que declararse un país bilingüe para permitir la existencia de zonas de tolerancia lingüística en que los beneficios de la democracia se sobrepongan a los prejuicios o aún lo expeditivo del monolingüismo. Las ventajas de aprender inglés son tan poderosas que, aunque a un ritmo más lento, los ciudadanos de comunidades fronterizas poco a poco lo harán, y si no esas áreas seguirán siendo literalmente marginales, sin que por ello perjudiquen al país. El bien y el mal, la verdad y la mentira no tienen lengua propia, y eso es lo fundamental cuando se trata del gobierno como poder ejecutivo, legislativo o judicial. La verdad, como dice Cervantes, se puede comunicar hasta por señas. Claro, el sueño prebabélico de un mundo en que todos hablemos un mismo idioma lo disipa ese mito bíblico, del que aprendemos que en el presente caído —histórico— que habitamos los humanos, la diversidad es una de nuestras condenas, pero también uno de nuestras riquezas.
Pensar, y sí, soñar, en dos idiomas nos entrena a pensar mejor porque nos enseña a considerar más de un punto de vista, nos enseña a ser otros y nosotros mismos a la vez, a disfrutar de las ambigüedades y polivalencias de la cultura humana Nos permite, en otras palabras, hacer lo que tanto teme Huntington pero que es ineludible: redefinir el Credo Americano, repensar y replantear el American Way of Life, soñar el American Dream en español y así mejorarlo.
Por
Uriel
Quesada
El gobierno no pudo preveer el impacto social y político que CAFTA causaria entre los costarricenses [...] Y si bien los grupos que apoyan el tratado son económicamente muy fuertes y tienen amplio acceso a los medios de comunicación, quienes se oponen han encontrado su nicho principalmente en Internet.
Por
Amir
Valle
Fui testigo directo, entonces, de la primera metamorfosis que sucedía ante mis ojos: vi a unas cuantas (y muy feas) orugas convertirse en mariposas, lo cual sucedía siguiendo el ciclo natural, quizás con las únicas diferencias de que no se les llamaba “orugas” (se les decía “gusanos"...
Por
Alejandra
Costamagna
Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”...
Por
Armando
de Armas
En el pasado los vecinos de un país eran determinados sólo por la geografía. Hoy, experiencias comunes, aspiraciones, valores y la solidaridad determinan quienes son nuestros vecinos, tanto o más que la geografía. Ningún ejemplo de esto puede ser más dramático que Cuba y Polonia.
Por
Edmundo
Paz Soldán
Hay nombres que no sorprenden a nadie (Neruda), autores sorpresivos (Tim Burton), y autores sobre cuyos méritos literarios los críticos todavía no se ponen de acuerdo (Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier)
Por
Ladislao
Aguado
En una época donde la imagen del hombre sustituye al hombre mismo y donde los shows mediáticos elevaban a la categoría de notorios a cientos de imbéciles, la porfía de McCarthy por disolverse tras sus libros parece incomprensible.
Por
Elidio la torre
lagares
...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
Por
León
de la Hoz
Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.