OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Marzo 2010. Antilde;o cuatro. Número doce

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Datos de la revista, marzo 2010, año 4, número 12
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No encuentro a mi hijo

 

Juana Vázquez

Tengo que darme prisa, que luego salen los niños del cole, y mi hijo sufre si no me ve, pues se queda solito. Es un niño tímido, pero muy listo, muy listo. A veces, las profes me llaman para comunicarme que cuando pregunten algo en clase que le diga que no  levante la mano rápidamente y conteste, pues no deja a los otros alumnos, más torpes,  pensar.

¿Llevaré el reloj bien?... Son las doce y media, y sale a la una.  El colegio está en la esquina de mi casa, son dos minutos, pero no vaya a ser que me llame alguien por teléfono, o que me enrede con el ordenador y no me dé cuenta, y entonces el niño se quede desorientado entre todos los que salen-  pues son más de doscientos - y no sepa que hacer ni por donde ir, es tan tímido y tan poquita cosa.  No puede ser, me tengo que dar prisa, pero prisa ¿de qué?... Si no estoy haciendo nada desde hace una hora. Sólo estoy  esperando que pase el tiempo para ir a buscar a mi hijo.  Doña Matilde la profesora vieja, y la otra joven, creo que se llama Azucena, cuando me ven un poco angustiada esperándolo, pues casi siempre sale de los últimos, me pasan la mano por la espalda  muy cariñosas y me dicen: “Cecilia no venga a buscar más a su hijo”. Pero ¿por qué? -les contesto yo-. Entonces, se miran entre sí y no saben qué decirme. Algunas veces sueltan algo así como: “No puede seguir así siempre… Ande mujer quédese en casa y no se tome estos sofocones. Ya se acostumbrará. A todo se acostumbra uno en la vida”.  ¿Acostumbrar a qué?... Siempre he ido al cole a por mi hijo, y porque  tenga ahora unos años más, no entiendo por qué no debo ir. Todavía es pequeño.

Mi hijo es bajito y rubio, y muy despistado, habla poco, muy poco, apenas te cuenta nada. Nunca sé lo que le pasa en el colegio, ni siquiera  quienes son sus amigos, por eso si se pierde no sé a quien acudir, pues las profesoras son las primeras que salen de las clases y en seguida cogen los coches y se marchan. Y mi hijo sin amigos, tan tímido, y tan despistado…  Y además salen tantos y tantos de las clases…mas de doscientos. Y ¿cómo veo yo a mi hijo entre esa marabunta?... A mí se me acelera el corazón y empiezo a mirar por todos los lados con los ojos muy abiertos, pero sólo veo rostros desconocidos que se mueven continuamente y que desaparecen. Y yo me angustio mucho. Mira que siempre le digo que se quede en la puerta, al lado izquierdo, que hay como un hueco, y que no se mueva de allí, pero no lo hace, al final cuando lo encuentro está entre el mogollón y desorientado. ¡¡Dios mío!! cuánto paso hasta que lo veo. Es tan difícil localizarlo que, a veces, es la una y media y todavía no lo he encontrado.

El otro día casi me internan, pues su colegio está al lado de un edificio que han derribado, y como es primavera, han crecido   entre las piedras y la tierra amontonada, amapolas, y mi hijo se había ido a cogerlas, no sé para qué, pues luego las tira, pero se fue y claro yo no lo veía, pues eso está al otro lado del colegio, detrás, y a mí lo único que se me ocurría era  mirar entre los otros niños ¿Cómo iba yo a pensar que se había ido detrás del cole a coger amapolas?... Y  como mi hijo es tan despistado y no se da cuenta de que pasa el tiempo,  habían desaparecido todos los demás niños y él no estaba. Entonces me puse a correr como loca y a llamarlo a voz en grito, y tenía tanta angustia que me mareé y me quedé en la calle tumbada. Vino gente y me preguntó, qué me pasaba, yo casi inconsciente le repetía constantemente: “no encuentro a mi hijo, me lo han robado, me lo han robado, debía de salir del cole, y no lo encuentro, ni tampoco encuentro  a nadie que me diga nada”. Entonces, me levantaron como pudieron y me  llevaron  al colegio para llamar a una ambulancia, pero yo quería que llamaran a la policía. En esos momentos vino mi hijo con un ramo de amapolas y yo me desmayé. Desperté en un hospital sedada, dicen que había tenido una crisis de ansiedad.

Enseguida pregunté por mi hijo, y todos muy amables  me dijeron que no tengo hijo, que debo acostumbrarme a su falta. Y al preguntarle por el niño  de las amapolas, me dijeron que era el hijo del conserje.

¡¡Me quieren engañar!! Están locos y creen que la  loca soy yo. Entonces  dije que llamaran a la policía, pero resulta que uno de los que estaban allí era de la policía. Y le daba la razón a ellos.

¿Cómo puede ser?...

 

Madrid 18-2-2010


Juana Vázquez Martín

(Salvaleón, Badajoz) es doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Lengua y Literatura, ha publicado varios libros, entre ellos, una edición crítica de San Juan de la Cruz, El Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, y La Literatura del siglo XX.  Asimismo, ha publicado los siguientes poemarios: Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros y Gramática de Luna. Su último libro, la novela Con olor a naftalina (2008). Por otro lado, ha colaborado en la Colección  Historia de la Literatura Española e Hispanoamericana, en el libro Historia literaria en el siglo XVIII, en el ensayo colectivo: El Quijote en clave de mujer/es, etc. Asimismo, ha sido crítica literaria en el suplemento Culturas de Diario16 y en La Esfera, de El mundo. Lo fue también de ABCD, Cultural  y de Tribuna en ABC.  En la actualidad  colabora en Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Letra Internacional, Cuadernos del Sur,  Tribuna y Babelia de El País, etc.

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Sumario

Este Lunes

Más allá de un cuarto propio: trece novelas en pugna en el siglo XXI

Nara Araújo

Contrahistoria de la independencia sudamericana

Alfredo Muñoz-Unsaín

Al margen de la Historia: Antoñita Domínguez en el trono de España

Leonel Antonio de la Cuesta

Memorias de una infamia

Lidia Cacho

La necesidad de un rearme moral

Félix Sautié Mederos

El síndrome del flautista de Hamelin

Manuel Gayol Mecías

Europa en América/América en Europa: Colón y los umbrales de la incertidumbre

Narciso J. Hidalgo

Cómo escribir un cuento

José Lorenzo Fuentes

Poéticas de la ambigüedad: "Un minuto de libertad" de Tania Bruguera y las "Joyas de la Corona" de Carlos Garaicoa

Jorge Camacho

Silbar en Madagascar: el arte de mostrar ocultando

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Santiago Gamboa

Otros miran

Orlando Jiménez Leal

OtroLunes conversa

con Fernando Iwasaki

"Tal vez nunca hemos sido realistas"

con Sergio Ramírez

"Eran los sueños y las esperanzas"

con Juan Antonio Sánchez

"De animador cultural a escritor... Cuatro décadas en la literatura"

Punto de mira

La voz poética de la mujer latinoamericana. Brevísimo e imperfecto botón de muestra

Cuarto de visita

con Phillip Kerr

Curriculum Vitae

«Cada país tiene su esqueleto en el armario»

Unos por otros (Fragmentos de novela)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

No encuentro a mi hijo

Juana Vázquez

Relato

Producto Nacional

Enmanuel Castells Carrión

Relato

Dignidad

Miguel Gómez López

Relato

La niña que no tuve

Rodrigo Rey Rosa

Relato

La marmita, de Poesía

La novia de Wittgenstein

Dolan Mor

(Fragmentos del libro homónimo)

Poemas

Francisco Ruiz Udiel

Poemas

Maribel Feliú

Poemas

Denisse Vega Farfán

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El barroco de Severo Sarduy

Los aullidos del horror en Eduardo Monteverde

La maga Karla Suárez y su verbo brujo

Antonio Lozano, la emigración y otros miedos

Recycle

¿Somos culpables?

Heinrich Böll

¿Diferencias entre socialismo y fascismo? Fascismo y comunismo: el mismo perro...

Roberto Álvarez Quiñones

Marxismo y Liberalismo

Polémica entre Haroldo Dilla y Carlos Alberto Montaner

El terremoto de Chile

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De lunes a lunes

Presentarán el Diccionario de Autores y Críticos Guatemaltecos, DACLIG

Estrena la Editorial Iduna un nuevo sitio web

Muere "Chango", Decano de la Prensa Extranjera acreditada en Cuba

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A cargo de Lorenzo Rodríguez

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Doce cuentos desvergonzados

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Rey solitario como la aurora - Antología Poética

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