


Lástima que tan buena poetisa haya muerto tan pronto. Y con tan poca producción editada. Hay que agradecer a la editorial Torremozas el que haya rescatado esta última entrega póstuma de Lidia Biery, porque El tiempo alzado es un libro de altura lírica, íntimo, conmovedor, con el que nuestra autora propone su epitafio. Ella lo sabe y se aferra a su último aliento de poeta para entregarse a su último aliento de vida. Y el lector lo agradece. Y se lo reconoce.
Biery nació en 1959, en Buenos Aires. En el año 2005 contrajo matrimonio con el poeta aragonés Eduardo Asterio y se instaló en Zaragoza. Entre sus varios premios, obtuvo el “Julio Cortázar” (Argentina 2005). Aparte del que me preocupo, sólo dio a luz otros dos libros: Piel abierta al azar (Argentina 2005) y Casi me mata la vida (España 2008)”. Murió en Zaragoza en octubre del mismo año, con apenas cincuenta años.
La primera parte de El tiempo alzado, “Guionista de Dios”, evoca la presencia de quince poetas suicidas (Maiakovski, Goytisolo, Alfonsina Storni, Silvia Plath....). Todos estos poemas avocan a un último verso, a una última y hermosa definición de la muerte. Cualquiera válida, en cualquier caso. Me conmueve la que concluye con el homenaje a Anne Sexton (1928-1974) Todo se ha escrito ya: “Pero tal vez el alma/ es como un niño que busca no gastar la vida/ y la encuentra en todas partes.../ la muerte es la hora de los lobos”.
“Después de vos”, segunda entrega del libro, sirve al canto (llanto) amoroso. Y ciertamente, se congrega en el alma válida, desde el punto de vista del sentimiento visceral: “Tu corazón sin envoltorio y su hermosura,/ pareciera que vos siempre/ estrenas alma./ No sé cómo lo haces,/ vos nunca tras la puerta,/ naciendo dos veces si es preciso”.
La de Biery es una lírica impresionista, imaginaria e imaginativa, cuya palabra, sustentada por un realismo desconocido (para ella y para nosotros), invita a revivirla desde lo onírico, desde el sueño, desde la noche. Es esa palabra dramática a la que se han enfrentado las mejores poetisas vivas en lengua española tal Biery: Carmen Albert, María del Mar Alférez, Teresa Núñez, Ángela Reyes.... Por supuesto me dejo alguna al hilo de la desmemoria.
He de confesar una última reflexión: Pensé o malpensé si Lidia Beatriz Biery se habría suicidado a tan temprana edad, aún más leyendo la primera parte de este libro. Hasta que llegue a los últimos versos de uno de los últimos poemas de El tiempo alzado: Quién: ¿Quién te besaría/ y llevaría pan a mis gorriones?/ ¿Quién recordará a mi madre, cuando yo no esté?// Tengo miedo”.
¿Y quién no?