

De toda memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños.
Antonio Machado.
Soy casi octogenario y como ya sabes he dedicado –y dedico– la mayor parte de mis horas a dejarme acariciar por las páginas de los libros, a buscar el luminoso consuelo que sólo ellos me procuran. A cada instante trato de avivar los rescoldos del niño que fui y mantener con el mayor aliento posible esa capacidad de sorpresa que mengua con el pasar del tiempo. De resultas de este enflaquecimiento es muy difícil descubrir un libro que atraiga mi atención y consiga emocionarme como lo hacían las primeras lecturas. Pues bien, coge papel y lápiz: Relatos de Kolimá de Varlam Shalámov. Uno de los mejores libros que he leído nunca. Una trágica y grandiosa epopeya, uno de los monumentos literarios más importantes sobre los campos de trabajo siberianos, erigido sobre el desgarro, el dolor, la vergüenza y el infierno, en el blanco desierto de Kolimá. Conjunto de cuentos cortos que abarcan seis volúmenes, aunque de momento sólo han salido los dos primeros, y que publica por primera vez en castellano de forma íntegra la editorial Minúscula, a la altura de Archipiélago Gulag y la trilogía que le dedicó Primo Levi a los campos de exterminio nazis.
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Luego me paso a El arte de morir (El olivo azul) de Émile Zola, cuatro cuentos o nouvelles que giran en torno a la idea de la muerte y del que destaco “La muerte de Olivier Bécaille”, la historia de un hombre que muere y de las dificultades que encuentra a la hora de regresar al mundo de los vivos, y “Las caracolas de Monsieur Chabre”, divertida historia sobre una pareja de recién casados que hace la función de epílogo del libro.
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Rey Lear acaba de sacar una novela corta y humorística, De la vida de un inútil, escrita por Joseph von Eichendorff, uno de los escritores favoritos de Hitler, Schumann, Mendelssohn o Brahms, y que figura entre las 1001 novelas que José Carlos-Mainer y Peter Boxall seleccionaron para leer antes de morir. Los poemas de esta edición han sido traducidos al español por el siempre genial Luis Alberto de Cuenca. Una verdadera delicia.
Releo las nuevas ediciones de Gilgamesh, el relato más antiguo del mundo del que tenemos noticia –un milenio más antiguo que la Íliada o la Biblia–, la historia de un rey que emprende un viaje desesperado para encontrar al único hombre que puede decirle cómo escapar de la muerte, y de El mago de Oz de L. Frank Baum, la historia de Dorothy y su perro Toto, del Espantapájaros, del Leñador de Hojalata y del León Cobarde en su periplo hacia la Ciudad Esmeralda, muy conocida por todos gracias a la película homónima de Victor Fleming. Ambos los tienes en Alianza.
La editorial Alfaguara reedita El tambor de hojalata de Gunter Grass en una nueva traducción, magistral novela que inauguró la nueva literatura alemana y de la que Johh Irving asegura que con su lectura aprendió a ser escritor. También publica Infiel de Joyce Carol Oates, un libro de cuentos de una de las narradoras con más fuerza y hondura del panorama actual.
Punto de Lectura y Booket, dos de las editoriales más cardinales de bolsillo, publican sustanciosas novedades. La primera incorpora a su catálogo En tierras bajas y El hombre es un gran faisán en el mundo, de la premio Nobel Herta Müller, y Los Baldrich de Use Lahoz, un retrato progresivo de Barcelona a través de los ojos de una familia industrial y su codicioso patriarca; la segunda Las caras del tigre de Alfonso Mateo-Sagasta, una absorbente historia que mezcla ciencia, historia y filosofía, El país del miedo de Isaac Rosa (Premio Fundación José Manuel Lara 2008 a la mejor novela del año) y Derrumbe de Ricardo Menéndez Salmón, uno de mis escritores jóvenes favoritos.
Me gusta mucho Kenzaburo Oé. Aún guardo un gratísimo recuerdo del placer que me produjo Una cuestión personal y La presa, dos de las más duras y mejores novelas cortas que he leído en los últimos años. Ahora Seix-Barral publica Renacimiento, primer título de una trilogía que tiene como protagonista al escritor Kogito, alter ego de Oé, y que narra el suicidio de un afamado director de cine japonés y de cómo se le van revelando a Kogito las posibles razones de tan triste acto.
Dos libros espléndidos que publica la editorial Impedimenta: Un hombre que duerme de Georges Perec, retrato de un joven de veinticinco años que un día decide recluirse en sí mismo para deambular por las calles de París y alejarse de todo deseo material, y La hija del optimista de Eudora Welty, Premio Pulitzer, una de las mejores escritoras norteamericanas junto con Carson McCullers y Flannery O'Connor, novela extraordinaria y trepidante, verdadero descubrimiento de una autora de la que sólo conocía sus cuentos.
Llego al final con El final de la cuerda de Joseph Conrad. Extraordinariamente bien editado por Funambulista. La historia de un capitán que en el crepúsculo de su vida se ve arruinado y para obtener un dinero que necesita su hija debe hacerse de nuevo a la mar en un último y arriesgado viaje. Una de las narraciones menos conocidas del autor polaco y sin embargo una de las favoritas de Borges.
Levanto la vista, emocionado por las peripecias del viejo Whalley, compruebo cómo las tardes se van alargando, el invierno va tocando a su fin, vuelvo a sumergirme en la lectura.
Temístocles Roncero
Marzo, 2010