


En su ya larga andadura, el premio Adonáis ha sido tradicionalmente garantía de excelencia lírica e impulsor y descubridor de importantes y jóvenes voces poéticas. Después de que viera la luz el pasado año la primera de sus entregas, Contemplación, -ganadora del II Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Poetas organizado por la Fundación Siglo Futuro y patrocinado por la Caja de Guadalajara-, Rubén Martín (Albacete, 1980), resultó galardonado con el citado Adonáis, lo que le ha valido la publicación El minuto interior por Ediciones Rialp.
Racionalidad, pulcritud, mesura y un hondo e introspectivo aliento lírico de corte intimista y existencial, que no renuncia en ningún momento al anclaje en una exigente depuración formal, rítmica y expresiva, son algunas de las bondades que hallará el lector en este poemario, en el que el sujeto poético parece instalarse para contemplar el mundo y descifrar las claves de la existencia desde la atalaya de una madura serenidad reflexiva, alejada de las voces de ferocidad, desgarro y nihilismo con las que otros jóvenes poetas contemporáneos parecen entregarse al ejercicio de su oficio.
Porque hay en verdad en El minuto interior (creo que en deliberada consonancia con el título elegido por el autor), condensación, tiempo interior e interiorizado, contemplación humana (recurriendo igualmente al expresivo título de su primera obra), que ubica este volumen en las lindes cercanas a la lírica del conocimiento, pues no en vano el poeta manchego declaró tras la recepción del galardón que desde su punto de vista, la poesía es un medio de conocimiento y que afronta el hecho de la escritura desde los postulados de la necesidad y no desde la veleidosa perspectiva del gusto o del goce estético.
Estas coordenadas confieren a la voz del vate albaceteño y a cada uno de sus textos, una calculada y armoniosa vibración, cuya inteligente contención le impide derivar hacia el territorio de la estridencia y el ahogo porque, trenzada desde la soledad pero proyectada al sentimiento cómplice del lector, la lírica de Rubén Martín alcanza la cualidad de un lúcido y armonioso monólogo compartido desde las estancias de la casa vacía: “Nadie más en la casa/Un frío, un silencio que prolonga/las paredes. La luz ardiendo/al fondo de la sala. Una mesa/con varios libros –todos de poemas-“.
Pero este ahondamiento expresivo, esta naturaleza palpitante que acierta a dibujar con fino trazo, no llega a deslizarse en ningún momento hacia las fronteras del ensimismamiento ni de la humana y quejumbrosa desolación sino que El minuto interior es, -trascendida la epidermis de su solitario intimismo-, un libro de gozo y celebración; hímnico en cierta medida, por más que este elemento celebratorio no llegue a desbordarse torrencialmente y se desenvuelva siempre en el perímetro exacto del equilibrio.
Valente, el Claudio Rodríguez de Don de la ebriedad o Francisco Brines, son algunas de las voces que alcanzan a vislumbrarse diluidas en el mar de fondo de este bello cántico, cuya aparente sencillez no está en ningún momento reñida con la intensidad de su vuelo lírico. “He prendido las ascuas y ya me siento a descansar un poco”, escribe Rubén Martín en el texto que también da título al conjunto; y, brasas en Brines o ascuas en Rubén Martín, lo cierto es que este decir, llega a encender un fuego cálido y acogedor al que pueden arrimarse, sin riesgo de fatales quemaduras, los amantes de la buena Poesía.