


La bailarina y el inglés -finalista del premio Planeta 2009- es un libro muy bien escrito, bien documentado y minucioso, sobre la vida cotidiana en un lugar de la frontera indobirmana, durante la primavera-verano de 1944, coincidiendo con la segunda Guerra Mundial.
Masters nos cuenta en primera persona su día a día como superintendente de policía de Jay Town. Su historia es la de un británico nacido en la India, donde su padre desempeña la labor de tutor de Hirech Singm, futuro Marajá, dándole a nuestro protagonista una visión privilegiada, por partida doble, la de ser británico y vivir en el palacio del Marajá.
Al morir su padre sufre la paradoja de su condición: hijo del imperio, pero nacido en la India, con el agravante de no haber pisado nunca las islas británicas, lo que le hace ser visto con recelo por la colonia inglesa y como británico por los indios.
El relato es minucioso, nos sitúa en el mapa, nos cuenta como miran los indios a los británicos, como se miran entre sí los propios ingleses, como languidecen en esta tierra alejados de sus islas, como está estructurada la propia sociedad india, con sus castas y doblemente sometidos, por sus dirigentes locales y por el pueblo invasor. Viven cercados por la selva, vigilados y acechados por tigres, elefantes y panteras que hacen de la vida cotidiana un peligro constante, convirtiendo el miedo en superstición. Calderón nos cuenta detalladamente, y muy bien, como se comportan los animales cuando atacan, cómo y por qué, la exuberante vida en la corte del Marajá, con su estricto protocolo, y la otra “corte”, el club británico.
Nos habla de la tensión política entre el poder establecido y las distintas fuerzas opositoras, entre ellas los seguidores de Ghandi y los nacionalistas, y como Masters, por su cargo de superintendente de policía, trata con todos ellos y se ve obligado a detenerlos cada vez que se teme revuelta.
Hace guiños a escritores que tanto han contado sobre la India, como Orwell, Kipling y Foster. Se entretiene en contarnos la historia de joyas famosas, como pasan de mano en mano; como se engalanan los elefantes para las ceremonias, hasta el protocolo que se guarda cuando micciona el Marajá o la propia coyunta de la noche de bodas, a la que Masters, por ser compañero de infancia de su alteza, asiste como público distinguido al extraordinario acto sexual a través del cual el Marajá eleva a su mismo nivel a su esposa, a deidad en la tierra.
Los sucesos en los que se ve envuelto Masters, anunciados desde la segunda página, se retoman avanzado el libro. Las descripciones y reflexiones, sobre lo cotidiano, han ido configurando el escenario y dando rostro a los personajes. Es el arte de la destilación. Puesto el escenario y las piezas, Calderón hace girar la historia, de una manera vertiginosa, dejando a Master inmerso en una auténtica pesadilla. Será una carta, que sorprende tanto al lector como al mismo protagonista, escrita por Lalita Kadori, un personaje sensual y misterioso, la que nos de las llaves que abren el cofre de las respuestas.
Emilio Calderón nos hace sentir la India, olerla y degustarla, que es un logro que reconozco sin fisura, pero, sobre todo, y aquí está la esencia del libro, sabe revelar el rostro de la traición.