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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez tiene muchas historias que contar porque él mismo ya es parte de la historia de su país como uno de los protagonistas de la Revolución de 1979 cuando fue derrocado Anastasio Somoza Debayle, el tercero de una dinastía de dictadores que comenzó en 1937 con Anastasio Somoza García y continuó con Luis Somoza Debayle en 1956.
Después del triunfo de la Revolución de 1979, Sergio Ramírez debió asumir el cargo de vicepresidente de Nicaragua y posponer por unos años el oficio que lo apasiona y al cual se dedica actualmente: escribir.
Desde Cambridge, Sergio Ramírez nos habla sobre la Revolución, Nicaragua, la región y literatura.
Usted, que lo vivió: ¿cómo fue la Revolución Sandinista de 1979? Cuéntenos cuál es su recuerdo más nítido e impactante de ese evento.
Lo que recuerdo con más emoción es el triunfo de la revolución, cuando entramos a la plaza llena y entusiasta el 20 de julio bajo un sol esplendoroso. Se cerraba una era y se abría otra que nadie sabía cómo iba a ser, pero lo que valían en aquel momento eran los sueños y las esperanzas.
¿Qué opina del actual gobierno de Daniel Ortega?
Que no tiene nada que ver con la revolución que vivimos en los años ochenta del siglo pasado. Ahora se trata de una comedia bastante trágica, representada en un escenario en harapos. Los ideales han quedado en harapos, y la ética de la revolución.
¿Cómo ha cambiado Daniel Ortega desde sus tiempos de la Revolución de 1979 a su actual gobierno y qué relevancias negativas y positivas ha tenido para Nicaragua?
Tengo muchos años de no ver a Daniel Ortega y sólo puedo apreciar todo lo que ha cambiado por sus actos, tal como se reflejan hacia el público. Ahora es más un político tradicional que otra cosa, sin nada de la frescura de aquellos tiempos cuando lo improvisábamos todo, cuando nada se dejaba al cálculo y a los intereses creados.
Usted dijo recientemente en su blog que: «Por el momento, este Frente Sandinista de líderes envejecidos, aunque dueño de un respetable poder de convocatoria popular, ha dejado de encarnar cualquier idea de revolución. La revolución que llevó a empeñar su vida en acciones audaces a héroes anónimos como Manuel Salvador Gómez, "El Chirizo"». En el momento histórico que vivimos en Latinoamérica y ya entrados en el siglo XXI, ¿todavía es posible pensar en ideales revolucionarios similares a los que motivaron al personaje que usted menciona, «El Chirizo»?
El mundo sin ideales sería un páramo hostil. Hay que reproducir siempre los ideales, que son propios de cada época, y toca a los jóvenes encarnarlos.
Actualmente hay en Latinoamérica un bloque de izquierda claramente unido tanto por sus intenciones como objetivos en la región y está conformado y liderado por los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales. ¿Qué opinión le merecen las actitudes de estos gobernantes tanto en separado como en conjunto?
Esos gobiernos han llegado al poder gracias a una voluntad de cambio de los pueblos cansados de la vieja pantomima de los políticos tradicionales. Ahora lo que vemos en algunos casos es una nueva pantomima: lleva el sello supuesto de la izquierda. Para mí la izquierda es otra cosa y pasa necesariamente por la democracia. Y querer quedarse para siempre en el poder no es democrático.
¿Cómo describiría usted el tipo de izquierda que están materializando políticamente estos presidentes?
Son gobiernos populistas que cumplen algunas reivindicaciones legítimas, como en Bolivia, donde se ha hecho justicia con los recursos naturales entregados a manos extranjeras por los anteriores gobiernos.
¿Usted cree que debe ser inquietante para los demás países de la región la presencia de bases militares estadounidenses en territorio colombiano?
Tiene que ser inquietante, y al gobierno de Colombia le toca dilucidar claramente el estricto uso interno de esas bases, en relación con la lucha contra el narcotráfico y la narcoguerrilla. La resolución de Unasur es importante en este sentido, para que se pueda ejercer una fiscalización de esas bases.
En Nicaragua, el poder de los Somoza se transmitió de uno a otro, hasta que la Revolución de 1979 vino a derrocar al último del clan, Anastasio Somoza Debayle. ¿Es posible que sea dictatorial la tendencia que están tomando ciertos presidentes latinoamericanos al extender su continuidad en el poder, como lo es el caso de Álvaro Uribe en Colombia, o Hugo Chávez en Venezuela?
Las reformas constitucionales para cambiar las estructuras políticas, supuestamente, llevan todas el sello de la reelección indefinida, que no es más que el regreso del viejo caudillismo. Reelegirse indefinidamente, intercambiar la presidencia entre esposos, son vicios políticos nuevos en odres viejos.
Gran parte de sus obras giran en torno a temas o personajes históricos relevantes para Nicaragua ¿Cómo contribuye la ficción a entender la historia, particularmente la historia de Nicaragua?
En primer lugar, haciendo que el lector de ficción entre en la historia verdadera, cuando de otro modo no entraría nunca. Nadie lee textos de historia si no es por obligación académica. Y la historia está llena de personajes que merecen cada uno una novela.
¿Haber comenzado como cuentista lo ayudó a desarrollarse mejor como novelista?
Pues son oficios independientes. Pero siendo primero un cuentista aprendí ciertas reglas básicas de la narración que sirven para la novela, como el desarrollo del poder de la observación y la construcción de los diálogos.
En sus obras es recurrente el tema del poder y de cómo este transforma a quienes lo ejerce. Usted fue vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990, un período histórico además muy importante para el país puesto que este fue un gobierno revolucionario ¿A usted lo transformó el poder? ¿Cómo?
Me enseñó en primer lugar a conocer sus reglas y sus ardides, algo más que útil para un novelista. Y me transformó claro, como escritor, en alguien que sabe de lo que está hablando. Como ciudadano, me volvió más desconfiado, y más escéptico frente a sus fantasmagorías.
En la época de la Revolución ¿cómo fue su trabajo literario? ¿Qué tipo de cosas escribía, teniendo en cuenta sus múltiples ocupaciones políticas?
Pasé muchos años sin escribir más que discursos, y cuando decidí regresar al oficio lo hice en medio de la guerra, y me puse a escribir una novela compleja en su factura como es Castigo Divino. Para lograrla, tuve que utilizar las primeras horas de la mañana, robando tiempo al tiempo.
¿Es “A Margarita Debayle” su poema preferido de Rubén Darío?
No. Mi poema preferido de Darío es la Epístola (a Madame Lugones).
Cuéntenos algunos recuerdos que tenga del gran poeta nicaragüense José Coronel Urtecho, quién además fue gran defensor de la Revolución de 1979
Fue mi maestro en todos sentidos, un maestro más oral que otra cosa, que igual que Sócrates enseñaba a través de la conversación. Cuando le ofrecieron el doctorado honoris causa en la universidad dijo que lo único que aceptaría sería un título de estudiante honoris causa. Nunca terminó de enseñar, ni de aprender.
Actualmente usted es director de la revista cultural centroamericana Carátula, cuya publicación es sólo en internet. ¿Cree – como muchos suscriben actualmente – que es inminente el fin del libro, de los diarios y revistas, debido a la masificación de internet?
Es un proceso que tardará en darse y los libros y los periódicos van a acompañar por mucho tiempo a los medios electrónicos y a los libros y periódicos virtuales. No debería preocuparnos tanto cómo vamos a leer en el futuro, sino si vamos a leer o no.
JUEGO DE SUPUESTOS
Si pudiera ser uno de sus libros, sería… Un baile de máscaras.
Si pudiera ser otro escritor, sería… Antón Chejov.
Si pudiera ser un lugar de Nicaragua, sería… El río San Juan.
Si pudiera ser un momento de su vida, sería… Cuando dije la primera palabra.