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Es mi criterio personal, que como es lógico no lo considero único y totalizador, porque, en definitiva, el análisis y las soluciones consecuentes para algo tan importante y complejo necesariamente deberán resolverse mediante la búsqueda colectiva de las causas, efectos y soluciones que deberán ser resultado del diálogo, el debate, la reconciliación y la concertación. Además, como principal acción habría que actuar en paralelo sobre la base material de la sociedad que conforma el ser social desarrollando coherentemente la economía y las posibilidades de acceso a la propiedad social, cooperativa y familiar, así como estableciendo una relación más favorable para quien trabaja entre norma, salario y precios, todo como base previa de acción sobre la conciencia social, procurando poner en práctica principios que considero esenciales a efecto de enrumbar un camino adecuado para llevar a cabo una recuperación o rearme moral de la sociedad cubana contemporánea:
· Potenciar la más plena libertad de opinión y de conciencia a los efectos de que se conviertan en fundamento del diálogo sobre cualquier otra alternativa de fuerza y/o compulsión.
· Establecer las necesarias reformas y cambios que faciliten el desarrollo de las fuerzas productivas, sobre la base de una adecuada revisión de las posibilidades de propiedad social, cooperativa, familiar, e incluso de pequeña empresa, que no impliquen el surgimiento de un capitalismo salvaje, lo que significaría el hambre para muchos desposeídos. En este orden de cosas, debo reconocer que se han estado haciendo esfuerzos al respecto en la esfera de la circulación y de los servicios, los que saludo, pero a la vez planteo que estos esfuerzos, si no son acompañados de otros similares o mayores en la esfera de la producción de bienes materiales y de los conceptos de remuneración, así como de propiedad, se quedarán incompletos.
· Dejar de lado de parte y parte, desde dentro y desde fuera, las descalificaciones, los insultos e incluso los repudios violentos para el pensamiento distinto, facilitando el debate pacífico y civilizado que permita el desarrollo de la conciencia y del pensamiento propio. Rechazar con energía la intromisión externa y las amenazas del bloqueo y de las leyes extraterritoriales que tanto dañan a la independencia y autonomía de la sociedad cubana contemporánea.
· Hacer verdaderamente efectiva la libertad de creencias y cultos, eliminando plenamente cualquier vestigio que pueda de hecho mantenerse vigente de discriminación, descalificación social, control excesivo e injustificado de los cultos. Permitir que sean la familia y la persona individualmente quienes definan sus posibilidades de formación y educación religiosa en plena libertad, conjuntamente con la educación universal laica, científica, obligatoria y gratuita.
· Rechazar todo tipo de violencia, de uno u otro signo, agresión militar, física o verbal, incluso de cualquier manifestación de terrorismo con que se quieran imponer criterios políticos por muy válidos que se nos presenten.
· Recuperar las tradiciones, costumbres, festividades, encuentros sociales y familiares que con el tiempo han conformado lo que es la cubanía que estimula, educa, recrea y da brillo y entusiasmo a nuestra idiosincrasia y nuestra forma de desenvolvernos en la familia y en la sociedad en su conjunto. Recuperar el calendario cívico y social cuyos fundamentos básicos se asientan en la cultura cristiana, en un estrecho sincretismo con los cultos africanos asentados en el tiempo de nuestra historia nacional, sin dejar a un lado las tradiciones fraternales masónicas y de otras fraternidades que han conformado la idiosincrasia y la forma de ser del cubano, todo lo que de conjunto daba acicate, alegría y espiritualidad a las familias cubanas a lo largo del año, muchas de las cuales han sido barridas totalmente sin haberse sustituido por nada, dejando tras de sí el vacío, el desánimo y la desesperanza.
· Recuperar la eticidad históricamente desarrollada por el padre Félix Várela, José de la Luz y Caballero, así como su exponente máximo José Martí. Éste es un objetivo que requiere de un amplio análisis y un plan estratégico.
Finalmente debo expresar que, dada la trascendencia e importancia del tema, solamente me he atrevido a esbozar algunos apuntes a manera de prolegómenos y que todos deberíamos acercarnos al problema de la necesidad de un rearme moral sin esquematismos ni condicionamientos, así como desprovistos de cualquier interés personalista o sectorial.
Licenciado en Ciencias Sociales y en Estudios Bíblicos y Teológicos. Es Director de Educación para la Paz y Profesor de Ética Cristiana, y de Administración y Gestión de Proyectos del Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos de La Habana, ciudad donde nació y reside. Asimismo, es corresponsal en Cuba y redactor de Tiempo de paz, publicación trimestral del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL de España), y colaborador de las revistas españolas Publicaciones El Sur y Unicornio, y de las revistas católicas Vitral y Laboren Voz. Es miembro de la Asociación de Teólogos Laicos de España. Ha trabajado en actividades políticas, de prevención social y preservación de la paz en instancias intermedias y nacionales de Cuba. Ha sido director del periódico Juventud Rebelde (1965-1966), de la revista cultural El Caimán Barbudo (1966), director fundador de la Editorial José Martí de La Habana (1982), Director Nacional de Escuelas de Arte y Vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura de Cuba (1972).