

¿Qué piensas acerca del general Arnaldo Ochoa?
Es que yo no creo en héroes.
Pero, ¿lo viste como una víctima?
Claro, una víctima es todo el mundo en ese sistema, incluso Fidel Castro.
¿Tu documental 8-A expone los hechos para que sean los espectadores los que lleguen a sus propias conclusiones?
O quizás sus propias confusiones. Al menos, lo que yo intenté hacer con 8-A fue exactamente lo contrario a una mera exposición de los hechos. Cuando vi las primeras escenas de este juicio que transmitió la TV cubana, esas imágenes se convirtieron en una pesadilla recurrente: toda una retahila de oficiales uniformados que, como robots, repetían la misma frase; todos hablaban igual, todos se contaminaban con su propio lenguaje. ER: ¿Hasta qué punto te impresionaron esas imágenes? OJL: Las imágenes se quedaron pegadas en mi memoria, y la película empezó a crecer en mi mente: la posibilidad de transformar el juicio de Ochoa, algo que era, de por sí, una puesta en escena, en una representación de esa puesta en escena. Es decir, lo más importante para mí era forzar los límites del documental, y de cierta manera borrar también los límites entre la ficción y la realidad. Ese fue mi primer objetivo como cineasta. Porque presentar el caso desde un punto de vista realista, como se ha hecho tantas veces, me interesaba poco. Lo que me interesaba era la poesía, una poesía oscura, turbia que había allí...
Pero tú empezaste como camarógrafo de noticias, tus influencias fueron el 'free cinema', quizás el 'cine ojo' de Dziga Vertov.
Sí, a mí me interesó mucho el cine de Vertov, sobre todo aquella película de la que tanto hablaba Néstor: 7res cantos a Lenin. Y la escuela del cine documental inglés, el 'free cinema', etc. Pero eso fue en otro país, en otro tiempo, eso queda para mí en el pasado.
¿Y de Robert Flaherty?
De Flaherty, sí, porque él utiliza la ficción dentro del documental. Es, quizás, de los documentalistas, el que más me interesa. Lo importante para mí es la manipulación de la realidad; y no le tengo miedo a la palabra 'manipulación'. Por eso cito al comienzo de 8-A la frase de Borges 'La realidad es invisible'. ¿Cuál es la realidad? Esa silla que estoy viendo ahora mismo —decía Borges— no es una silla; la realidad de esa silla es una serie de átomos que giran. Creo que cualquier manera de manipular la realidad se convierte en una manifestación artística. Todo arte es manipulación. El cine documental que expone la mera realidad como tal, no me interesa; nunca me ha interesado, porque para mí el cine es magia.
¿Cabe mencionar, llegado a este punto, a Luis Buñuel?
Bueno, también se puede hablar de Cocteau, Duchamp y de todo el mundo surrealista, la pintura, la literatura. En general, Buñuel tiene una influencia muy poderosa en mí, pero no en esta película en particular. Buñuel parte de una realidad cotidiana para crear un mundo totalmente fantástico. En 8-A, yo parto de una realidad que ya en sí es fantasmagórica. Es decir, toda la atmósfera del juicio del general Arnaldo Ochoa, todos esos generales entorchados y grises, como tribunal de la Inquisición, eran ya completamente surrealistas.
No es El Perro Andaluz, por ejemplo, donde se adultera la realidad a través del vestuario y la escenografía para crear surrealismo... En 8A, la realidad está dada tal cual es; entonces, ¿tiene un poco de 'cine expositorio'?
No, yo rechazo el término de 'expositorio' porque eso no significa nada para mí. Toda cosa que yo te muestre expone algo, una foto, por ejemplo...
Pero, en este caso, dicho término está aplicado a la actitud que uno despierta en el espectador; aquí está: lo tomas o lo dejas. Porque tu cine está dirigido, en cierta forma, a un objetivo determinado; están los intertítulos, los efectos musicales...
Pero no 'en cierta forma', sino que la forma de está totalmente dirigida a un objetivo...
¿A qué objetivo? ¿Qué objetivo estás buscando?
8-A es una flecha lanzada hacia el vacío. Yo no busco ningún objetivo que no sea acallar o complacer a mis propios fantasmas. No me dirijo a nadie en particular...
¿Te motivó la imagen de Arnaldo Ochoa, entre otras cosas, porque creías que fue víctima de las circunstancias?
No, realmente, esta película es una metáfora del horror. Que él haya sido culpable o no es inconsecuente para la estética de la película. Eso, realmente, me interesaba mucho menos, aunque yo creo que la película, a pesar de su ambigüedad, llega a conclusiones bastante claras. Sin embargo, una de las cosas que me propuse fue que la película tuviera diferentes lecturas. Hay una lectura lineal y detrás de esa hay otras.
Hablas de lecturas, ¿no de interpretaciones?
Sí, no es igual. Cada lectura puede tener un número infinito de interpretaciones. Como en la pintura. Lo que a mí me apasionaba era la posibilidad de sobreimponer una realidad a otra. Es como una casa de espejos donde ves un espejo reflejado en el otro y tú también eres parte de ese mundo de reflejos. Esas transposiciones de planos y perspectivas que confunden tu percepción inmediata es lo que me interesó a mí desde el punto de vista estilístico. Creo que, en ese sentido, 8-A le debe más a la poesía y a la literatura surrealista que al cine ya que, cinematográficamente hablando, es bastante clásica. Es decir, traté de llevar una serie de elementos, que están en otros planos culturales, a esta visión.
Entonces, ¿son lógicas las diversas maneras en que ha sido percibida 8-A por los espectadores? ¿Cumple eso con tu objetivo?
Mi objetivo es también destruir la visión absoluta de las cosas, y en ese sentido 8-A contradice la versión oficial de Fidel Castro. Tampoco propongo mi versión de la verdad, yo digo que la visión que él me expone como verdad es sospechosa... Creer que hay una visión absoluta de la realidad es precisamente lo que quiero destruir. Destruir el poder inquisitorial, no el de Fidel Castro, que es una metáfora de un inquisidor —en realidad su propia caricatura— sino el de toda esa gente que descubrió que la única manera de no tener enemigos es eliminándolos, partiendo de la base que ellos tienen la verdad absoluta. 8-A es una película en contra de la intolerancia.
¿Quedaste completamente satisfecho con esta obra?
No, ¿cómo voy a estar satisfecho? En realidad, uno nunca queda satisfecho con nada... Yo estoy satisfecho que mucha gente que ha visto 8-A haya coincidido con mis obsesiones, eso sí me agrada.
Entonces, eso define un objetivo: el de comunicar y llegar al público.
Mira, ahí sí tengo una influencia totalmente buñuelesca. Buñuel dijo una vez que los mensajes los transmitía la Western Union. Estoy de acuerdo con él. Las películas no deben tener mensajes, porque los mensajes son provisionales. Es decir, yo creo que cualquier obra de arte debe apuntar hacia objetivos abstractos más amplios y evitar dar respuestas definitivas. Crear una dinámica que motive una pregunta constante.
¿Crees que el público hubiera respondido de manera diferente a una película más 'recreada'?
No necesariamente. Una de las cosas que más me asombra es que mucha de la gente que vio el juicio completo transmitido por la televisión cubana, comentó que yo tenía materiales inéditos. En realidad, al reducir esas veintiocho horas, a una hora y media, al sacarlas de su contexto y ponerlas en otro, y al mezclarlas con escenas de ficción, se ve como una experiencia completamente diferente. Por eso te digo que esta película le debe mucho más a la pintura, a la literatura, que al cine; en realidad le debe mucho a la novela policíaca...
Cuando dices, 'le debe', ¿te refieres a influencias indirectas en el realizador?
Bueno, por ejemplo, toma la estructura de la película en sí. En 8-A, el espectador se convierte en un investigador invisible, en parte de la trama que, como en un film noir, ya conoce de antemano. Tú sabes cuál es la realidad, esos hombres han sido fusilados, sin embargo, sigues con atención el argumento porque, de alguna manera, crees que algo diferente puede ocurrir. La película tiene, como toda obra de ficción, un comienzo, un nudo y un desenlace. El investigador, como en las novelas de Raymond Chandler, es narrador e investigador a la vez. En su estructura, 8-A también le debe mucho al cine silente.
¿Qué títulos te vienen a la mente al referirte al cine silente?
Nosferatu, incluso, yo le di a leer al compositor, Danny Freiberg, la partitura de la música original de Nosferatu. Como 8-A es una película llena de diálogos, la única manera de darle una cadencia diferente era utilizando la estructura clásica del cine silente. La idea de los intertítulos, que explican y anteceden a todas las secuencias, viene directamente de esa influencia. La estructura musical del filme también.
Uno de los momentos más sobresalientes del film es el intertítulo con la frase de Milovan Djilas ("¿cómo entender los juicios de Moscú? ¿Cómo explicar la abyección de declararse culpable de un crimen que no se ha cometido?"), dándole respuesta a esa especie de circo que fue el juicio de Ochoa. ¿Por qué no explotaste, aún más, citas como ésa, extraída de La nueva clase?
Originalmente tenía otra frase para esa secuencia: el remedo que Marx le hace a Hegel en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde decía que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa. Esa era mi idea original. Yo vi esos juicios como una repetición de los juicios de Moscú. Un constante mea culpa donde todo el mundo se acusa de crímenes reales, imaginarios y dudosos. Fue Jorge Ulla, el productor asociado, quien me sugirió utilizar la frase de Djilas. La cita original que yo tenía era más esotérica, más oscura. La frase elegida explica más el fenómeno en sí, y lo explica con una pregunta, lo que, en mi opinión, la hace más interesante. Es decir, toda explicación en 8-A es una pregunta. No hay una verdad absoluta. Toda verdad es provisional. Esa decisión ayudó a que un público que no conocía la historia de lo que había pasado en la Unión Soviética cuando las purgas estalinistas, comprendiera ese fenómeno que los soviéticos llamaban autocrítica y que en realidad tiene su origen en los autos de fe de la Inquisición. El hecho de que un escritor como Djilas, que se pasó toda la vida luchando contra el estalinismo, responda a ese fenómeno con una pregunta, es lo que me pareció más interesante.
En cuanto a los títulos finales, con esa música agradable y las imágenes nostálgicas de los años treinta, ¿qué relación guardan, desde el punto de vista dramático, con el resto de la trama?
Esas escenas forman parte de una atmósfera totalmente ilusoria. Son un sueño. Yo quise contraponer una realidad que es provisional, incluso cuestionable como realidad, a una visión que evoca una belleza que también es ilusoria, que existe sólo en la visión mitológica que el cubano en el exilio ha hecho de su país. Esa música, esa orquesta de los años treinta, es un canto a una Cuba que ya no existe. También es un homenaje al trópico, a esa noche insular, olorosa, cubana, de la que hablaba Lezama Lima: "los jardines invisibles/con sus manteles estables y ceñidos..." Esas imágenes, aunque parezcan reales, continúan la visión fantasmagórica del juicio. Es decir, no hay salida...
Entonces esta pesadilla termina como tal...
No, esta pesadilla termina como un sueño que, a la vez, se puede convertir en otra pesadilla. La película tiene un sentido cíclico, circular...
Y finalmente, quiero saber tu opinión acerca de ese siniestro personaje, Juan Escalona, fiscal del juicio de Ochoa, en el que tanto te recreas con sucesiones de imágenes, y que recuerda mucho a Vichinski, el fiscal de Stalin.
Ese señor es un hipócrita, es decir, un actor... en ese gran vaudeville estalinista dirigido por un loco que se ha metido a director de cine, o un director de cine que se ha vuelto loco y que se cree Fidel Castro. Sabrá Dios cuántos papeles más tendrá que representar Escalona antes de que caiga el telón. ¿Qué opinión tengo de él? Que hizo muy buena actuación en 8-A.
Y acerca de Arnaldo Ochoa, aunque anteriormente habías dicho que te era indiferente?
Es que yo no creo en héroes.
Pero, ¿lo viste como una víctima?
Claro, una víctima es todo el mundo en ese sistema, incluso Fidel Castro.
Nota de la Redacción
Tomado del libro La realidad invisible.