

A partir de la reconstrucción y reedición de las imágenes que se transmitieron vía televisión del juicio y posterior fusilamiento del general y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Arnaldo Ochoa Sánchez (13 de julio de 1989), el cineasta Orlando Jiménez- Leal creó un inusitado filme con escenas a veces "reales", a veces "fantasmagóricas". Una película que con el título de 8-A, indaga las verdades oficiales siempre con esa aura de creerlas sospechosas.
La cinta, que fuera presentada anoche en el Centro Cultural San Ángel, dedicada a la memoria del también cineasta y fotógrafo Néstor Almendros, fue producida por la Radio Televisione Italiana, y su objetivo, en palabras de su realizador, hacer un cine más de ficción que documental. "Un juego de espejos" en donde la realidad y la invención se funden y confunden al espectador. Un cine que, al enfrentar al arte con la conciencia, permeabilicen lo político y acallen verdades absolutas...
8-A tiene un pasado de asombro y morbo: "Observaba con cierto asombro a la gente que, inquieta, veía en la televisión en Madrid las escenas sobre el juicio del general Arnaldo Ochoa. Esas imágenes eran realmente irreales: un discurso que se repetía y se contaminaba de su propio lenguaje. Los personajes repetían como una letanía su fervor a su máximo líder, ¡cuánto daño le han hecho a Fidel! ¡Cuánto le han hecho sufrir!
"Esas escenas se me quedaron muy grabadas. Asombro que me hizo estudiar a fondo el proceso judicial del general Ochoa, sobre todo porque me resultaba curioso que un hombre de esa categoría, el tercero dentro de las Fuerzas Armadas cubanas, jefe del Ejército más importante de Cuba, condecorado varias veces por el mismo Fidel Castro, etc., etc., fuera sometido a un juicio sumarísimo, acusado de tráfico de drogas y de traición a la patria. Las verdades oficiales son siempre sospechosas y he pensado que hay algo más detrás de ellas. Ese fue el inicio de todo este trabajo, la atmósfera de novela detectivesca".
Orlando Jiménez-Leal se propuso conseguir el material televisivo, reeditarlo, aclararlo. "En Estados Unidos hay mucha gente que se dedica a grabar por vía satélite las transmisiones cubanas. Yo conseguí el material completo de la transmisión del juicio. Y a partir de ese material, empecé a elaborar la película.
"Lo más importante lo constituye ese documento. Esa fue la base de la investigación. Posteriormente, cuando realizaba el trabajo de edición, me enteré de la extraña publicación en Francia de dos cartas escritas por dos miembros de las Fuerzas Armadas cubanas. La primera, del mayor Amado Padrón, que también fue uno de los fusilados. Padrón en una carta dirigida a un amigo periodista en Panamá, descubría la grave situación política y económica de Cuba. Una reflexión que compartía con otros miembros del Ejército cubano y a la cual sólo hallaban una solución: la renuncia de Fidel Castro. Dos semanas más tarde, se publicó otra carta, esta vez de un miembro del cuerpo de la Seguridad del Estado cubana a un familiar que vive en Estados Unidos. La carta, escrita por un verdadero profesional, expresa de una manera más o menos objetiva, su visión sobre Cuba. A diferencia de Amado Padrón, que habla de una posible conspiración política, esta última carta se expresa a través de una visión, digamos, neutra.
"Esto me sirvió muchísimo para pensar en las diferentes versiones de la realidad. Pasa un hecho y más de dos personas tienen un punto de vista diferente sobre ese hecho. ¿Cuál es la verdad? ¿Cuál es la realidad? Eso ya es algo que el espectador tiene que reconstruir. Como cineasta sólo juego con esas versiones".
Luego entonces, ¿se toma o no partido?
"Yo no diría que tomo partido activo. En todo caso, dejo que el público se convierta en un investigador invisible. Trato de guiar al espectador por esa madeja extraña de intrigas para que él arme sus propias conclusiones.
"Es inevitable que una película hecha sobre un problema político no esté permeada por 'lo político', pero la intención de la cinta no es hacer política, sino recrear la existencia, la recurrente pesadilla kafkiana de un hombre sin salida. Me planteé hacer de ese material una película de ficción más que un documental. Traté de ser muy discreto y evitar cualquier tipo de comentario y dejé que la poesía guiara la visión cinematográfica. Realmente para mí 8-A se acerca más al cine que me gusta realizar. Un cine como el de Rudolf o el de Cocteau, en donde se plantea una realidad sin tiempo y se juega con la realidad y la fantasía".
Nacido en Cuba, criado en Cuba, familiarizado con Cuba: "El proceso judicial fue para mí una cosa muy rara. Yo salí hace 30 años de Cuba y el ver a esa gente que por sus caras podrían ser mis primos o mis tíos, disfrazados de oficiales soviéticos, entorchados y grises, me resultaba grotesco, pero, a la vez, familiar: gente como cualquier otra que, de no ser por la revolución, habría sido completamente inofensiva; empleados de bancos o choferes de taxi que, de repente, por obra y gracia de un fenómeno histórico, se convierten en tribunales de la Inquisición. La idiosincrasia sigue estando ahí, pero la distorsión de la realidad es más evidente".
Su primera película de ficción se titula El Super —cinta producida con capital estadounidense y subtitulada en español. Ha realizado varios documentales políticos como La otra Cuba. Sin embargo, Conducta impropia, basada en una ley que prohibe el homosexualismo en Cuba, lo define como uno de los más sólidos realizadores de "la disidencia". Conducta impropia fue hecha en mancuerna con Néstor Almendros, fotógrafo y cineasta a quien Jiménez-Leal le dedica 8-A: "Néstor fue una persona de un valor ético y moral extraordinarios. Un artista que nunca hizo concesión alguna. Un fotógrafo que iba más allá de la imagen. Un tipo que se fue de España por la dictadura de Franco y que igual lo hizo en Cuba con las dictaduras de Batista y de Castro".
¿Qué espera Jiménez-Leal del espectador mexicano?: "Para el público mexicano quizá las imágenes le resulten un poco insólitas. Tengo la impresión — claro que estoy hablando en términos generales, puesto que sé que la inteligencia nacional tendrá otra visión— de que los mexicanos tienen una idea muy romántica de Cuba y la película les va a evocar un mundo raro, una suerte de surrealismo socialista. Algo que va más allá del Chá-chá-chá y la mulata."
¿Qué espera Jiménez-Leal del cine cubano?: "Tengo la misma opinión del cine cubano y de la revolución. En un principio prometía y estaba lleno de esperanza y de aciertos. Pero a medida que fue pasando el tiempo, se fue deteriorando, dogmatizándose, y ahora sólo es la música indirecta de lo que pasa en Cuba. Un cine mediocre, que se agota en sus temas machacones. Siempre tienen que remitirse al pasado o a asuntos específicos como el machismo.
Además, lo que es realmente imperdonable es haber influenciado con su bobería ideológica a más de la mitad de los cineastas del tercer mundo."
Nota de la Redacción
Tomado del libro La realidad invisible.