OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Marzo 2010. Antilde;o cuatro. Número doce

Logotipo de la revista OtroLunes
Datos de la revista, marzo 2010, año 4, número 12
otrolunes.com >> Sumario >> Recycle

Marxismo y Liberalismo

Polémica entre Haroldo Dilla y Carlos Alberto Montaner

 

 

Página 2

Con el objeto de demostrar que las cosas hubieran podido ser de otro modo, destaqué el caso de la vecina isla de Barbados, reseñada en el Índice de Desarrollo Humano que anualmente publica Naciones Unidas como la sociedad más exitosa de América, exceptuados Estados Unidos y Canadá. Y si apelé a ese ejemplo, fue para demostrar que una sociedad de orígenes muy parecidos a los de Haití (una terrible plantación de esclavos cruelmente maltratados por sus amos) podía triunfar si contaba con las instituciones adecuadas, extremo que fue posible en ese país por la honda huella civilizadora y la experiencia en autogobierno que dejó Gran Bretaña en la Isla.

La reacción de Dilla a este argumento me parece sorprendente. Dilla se rió cuando la leyó y hasta buscó a Marx en su ayuda (entiendo que con esas apoyaturas se equivoque frecuentemente). Precisamente, por el hecho de ser un “microestado” desovado por el peor colonialismo esclavista, con sólo 431 kilómetros cuadrados y unos 300,000 habitantes –una densidad poblacional parecida a la haitiana--, es la demostración de que no hay estados “inviables”, sino estados pésimamente gobernados.

Si los barbadienses, en el mismo escenario caribeño, en un espacio mucho más reducido, con peores condiciones naturales que Haití, han logrado crear suficientes riquezas (US$17,000 de PIB anual medido en poder de compra) y constituido una sociedad educada y decente, con sólo una décima parte de la población por debajo de los límites de pobreza, eso demuestra que tanto los problemas como las soluciones dependen del comportamiento interno de la sociedad y no de las circunstancias exteriores.

Me imagino que a Dilla también le parecerá risible el caso del Principado de Andorra, de tamaño similar a Barbados, pero con un milenio de historia exitosa y pacífica en medio de dos países que se destripaban frecuentemente.  Y seguramente se reirá de Singapur, otro microestado que comenzó su andadura independiente en 1966, en medio de una crisis política y económica enorme, exactamente cuando las supersticiones marxistas demolían el aparato productivo cubano.

Como los resultados de ambos países —Cuba y Singapur— al cabo de varias décadas están a la vista, ni siquiera me tomo el trabajo de contrastar qué ha ocurrido en el microestado asiático frente a lo sucedido en la pobre Cuba, porque estoy seguro de que Dilla, además de conocer profundamente la historia haitiana, maneja la información adecuada sobre la economía contemporánea. La diferencia, además, no es para reír sino para echarse a llorar.

Por otra parte, fui yo quien encontró cómica la explicación de Dilla del catastrófico desempeño haitiano: “Yo remito esa caída –dice—a la manera como Haití quedó inserto en la economía regional/mundial en el siglo XX, como proveedora de mano de obra barata y desprotegida para la acumulación capitalista en Cuba y República Dominicana (…)”. O sea, para el amigo Dilla la Teoría de la Dependencia, pese a la experiencia de la segunda mitad del siglo XX, continúa vigente. Como suelen decir los españoles, hay gente “inasequible al desaliento”. Cuanto lo siento.

Dilla no ha leído las declaraciones de Fernando Henrique Cardoso (autor del mejor resumen de ese disparate, escrito junto a Enzo Faletto), en las que pide que olviden cuanto escribió basado en la absurda premisa de la Teoría de la Dependencia, desmentida una docena de veces por casos como los de Taiwán, Corea del Sur, Singapur, etc., países de la supuesta “periferia” que pasaron a formar parte del “centro” con la colaboración y no la oposición de las naciones desarrolladas.

Dilla no ha tomado en cuenta las humildes rectificaciones de la CEPAL a las elucubraciones equivocadas de los economistas estructuralistas que le dieron vida, ni siquiera las del propio Raúl Prebisch, apóstol del desaguisado a mediados del siglo pasado. Dilla, cuando ve el ejemplo del Estado de Israel, un pequeño gigante brotado en el desierto, no es capaz de comprobar que nada ni nadie impide que una sociedad progrese y prospere en las peores circunstancias. Empantanado en la visión victimista de la Teoría de la Dependencia, el amigo Dilla es indiferente a la realidad.

Como Dilla, además, no sabe qué es la modernidad ni cómo se forjó, pero tiene la gentileza de recomendarme lecturas (que buscaré ávidamente), me permito proponerle que lea con mucho cuidado la obra de Douglass North, el Premio Nobel de Economía (1993), para que pondere el peso de las instituciones en el desarrollo económico, y en especial sus finas disquisiciones sobre las “sociedades de acceso abierto y acceso limitado”, porque probablemente eso contribuirá a ampliarle sus horizontes de análisis, tal vez muy constreñidos por la pobreza sin remedio del pensamiento marxista.

Otros autores que seguramente no eran populares en Cuba, pero que le recomiendo vivamente para que entienda mejor cómo las sociedades crean o destruyen la riqueza, además de North, son Friedrich von Hayek, James Buchanan, Gary Becker, Robert Fogel, Milton Friedman –los cinco obtuvieron el Nobel de Economía, y dos que no lo recibieron, pero lo merecían: Ludwig von Mises e Israel Kirsner. La ventaja que tiene este selecto grupo de pensadores liberales es que abordan el tema desde diversas perspectivas: culturalistas, institucionalistas, monetaristas, fiscalistas y empresarialistas.

Tampoco entiendo muy bien (salvo si tomo en cuenta los estereotipos absorbidos por Dilla en Cuba tras medio siglo de distorsiones de la percepción) que me incite a “dar un paso adelante respecto a los dogmas liberales y la retórica del discurso seguro que le acompañan”.

¿Qué debo abandonar del pensamiento liberal? Me encantaría que me lo señalara. Los principios básicos que defendemos los liberales, y las medidas de gobierno que solemos recomendar, son estos: defensa de las libertades individuales, límites a la autoridad, separación y equilibrio de poderes,  respeto por los derechos humanos, laicismo del sector público, tolerancia con la diversidad, supremacía de la sociedad civil, exigencia de transparencia y rendición de cuentas en los actos de gobierno, igualdad ante leyes neutrales, pluralismo político, consultas democráticas periódicas, descentralización del Estado, economía libre que respete la propiedad privada y que deje al mercado, y no a la arbitrariedad de los comisarios, la asignación de recursos o la fijación de los precios (como sucede en Cuba), comercio libre, control del gasto público y de la inflación, equilibrio fiscal, competencia entre las empresas y meritocracia entre las personas.

Francamente, me intriga saber cuáles son los principios o las medidas de gobierno que le resultan equivocadas o contraproducentes al economista Dilla.

¿Se da cuenta el amigo Dilla que las treinta naciones más felices y desarrolladas del planeta son las que se conducen con arreglo a esos principios y medidas liberales, unas veces bajo la gerencia de socialdemócratas, y otras bajo democristianos, conservadores o los que nos llamamos liberales, hijos todos de una misma familia procreada, en los tiempos modernos, por Locke, Smith, Montesquieu y una larga cadena de pensadores que desde la Ilustración hasta nuestros días han ido refinando incesantemente las ideas originales que dieron origen a la democracia liberal?

Me temo, en cambio, que es el amigo Dilla quien debe revisar sus lecturas y premisas, porque lo que no encaja en la tradición liberal de Occidente es el marxismo, con su receta odiosa de lucha de clases, dictadura del proletariado, intolerancia, y desaparición de las libertades y de la propiedad privada, inevitablemente conducentes a los mataderos y el empobrecimiento.

¿Cómo se puede ser marxista tras la horrenda experiencia del siglo XX? Realmente, lo ignoro. ¿Se ha percatado Dilla de que el marxismo, convertido en discurso legitimador del gobierno, siempre ha terminado erigiendo paredones y calabozos en medio de la miseria? ¿Cómo se puede ser marxista tras los ejemplos de las dos Alemania y las dos Corea? ¿Cómo se puede ser marxista y conocer a fondo lo sucedido en nuestra desdichada Cuba? ¿Cómo se puede ser marxista cuando se comprueba, invariablemente, que en la construcción de los estados comunistas han fracasado germanos, eslavos, turcomanos, latinos, latinoamericanos, asiáticos, católicos, ortodoxos, protestantes, todos, porque, como me confesara con humildad Alexander Yakolev, el padre de la Perestroika, en su despacho de Moscú (que antes había sido de Suslov), la sangrienta utopía marxista no tenía en cuenta la naturaleza humana?

En fin: tal vez la diferencia esencial entre ser liberal y marxista es ésta: un verdadero liberal, si no está dispuesto a traicionar los valores que perfilan su conciencia, tiene la obligación moral de respetar a un marxista aunque piense que está equivocado; un marxista, en cambio, en nombre de la revolución se siente justificado para perseguir a un liberal, encarcelarlo, matarlo si es necesario y, en definitiva, extirparlo de la faz de la tierra porque los adversarios de sus ideas son, en realidad, despreciables enemigos del pueblo. Es lo que han hecho siempre cuando han ocupado el poder.

 

V

Haroldo Villa Alfonso
Respuesta al artículo de Carlos Alberto Montaner

 

Ante todo quiero pedir perdón a todos los lectores de esta red informal por someterlos a esta discusión a la cual me he visto arrastrado no se ni como, pero de la que me salgo bajo cualquier circunstancia tras escribir y enviarles este muy breve mensaje que trata solo de puntualizar algunas cosas a Carlos Alberto Montaner (CAM). Por supuesto que obvio todo lo que CAM dice que yo digo y que no digo, como que me rio de los microestados, cuando en verdad no me rio de nada y lo que hago es poner en tela de juicio no a los microestados, sino al uso poco riguroso que CAM hace de esas experiencias.

La manera como CAM trata de conducir esta discusión me recuerda la manera como reaccionó Dios, según Saramago, cuando Lucifer le ofreció su arrepentimiento. Porque CAM, como la figura inventada  por Saramago, necesita un diablo para justificar su propia existencia. Y en este caso el diablo de CAM es un marxismo demonizado hasta en sus detalles (le llama sangrienta utopía, odiosa, erectora de paredones y mataderos, etc.)  que contrasta con las inmensas virtudes de un liberalismo angelical del cual sólo un mal nacido puede esperar  alguna externalidad negativa. Esto no es teoría y no se puede discutir, esto es ideología, y respecto a las ideologías hay que aplicar un axioma: cada cual con su cruz. Y es además un rasgo personal de CAM: carece del don del quizás.

De cualquier manera hago notar que reconozco notables falencias en el marxismo como teoría social y por eso siempre he sido bastante ecléctico, y lleno de dudas pero sigo creyendo que el marxismo es en lo fundamental la megateoría sociológica contemporánea más completa que existe. Pero eso es otra discusión.

Como también es otra discusión la manera tan poco elegante como CAM acusa a los marxistas de tener como hobby predilecto fusilar liberales. En verdad se han fusilado mutuamente, pero no entro ahora en los pormenores que han motivado esa actitud tan destructiva. Lo que me interesa es apuntar que cuando CAM escribe estas cosas, ha cerrado todos los caminos de la conversación y el debate. La denigración, la anatematización, la disminución del oponente en un debate no es una norma civilizada y respetuosa de discutir. CAM no representa aquí la tradición liberal cubana –soy un admirador de los liberales cubanos y justamente ahora preparo una jornada de recordación de Mañach en la UPR- sino la tradición autoritaria, elitista y excluyente de los capitanes generales.

CAM hace ahora lo que los voceros de Granma, Cubadebate y KAOS hacen con él.  Por tanto se ubica a su nivel. Afortunadamente no es el mío.

Otra aclaración: yo nunca fui un fan de la teoría de la dependencia, y que resulta en verdad una construcción gnoseológica externa y posterior al propio debate que tuvo lugar entonces. Y por eso creo que lo que estoy discutiendo tiene poco que ver con el dependentismo latinoamericano. El intercambio desigual que menciono, por ejemplo, llega de Enmanuel, no de Cardoso, y creo que hasta el momento no ha sido rebatido. Yo no diría jamás que hay una determinación externa y otra interna, eso es muy simple. Yo hablo de un sistema regional (que a la vez es parte de un sistema mundo capitalista) al que Haití se inserta como pieza del proceso de acumulación capitalista que tiene lugar a esas escalas. Y las élites son parte del asunto. Decir que las élites no son culpables porque la culpa es de un agente capitalista exterior es tan disparatado como asumir que esas elites han actuado en un vacío sistémico que les permitía tomar cualquier decisión  y tomaron la peor. Esto último, simplificado, es lo que dice CAM. Pero jamás lo que ha dicho North.

CAM es totalmente sincero cuando menciona la precariedad de sus fuentes sobre la historia haitiana. Eso no es un problema, pues todos somos ignorantes en muchos asuntos. El problema reside en que seamos incapaces de detener nuestra  locuacidad en el umbral de lo desconocido, justamente lo que no hace CAM. En el siglo XIX la élite haitiana tenía y ostentaba en acciones prácticas, una vocación republicana y “moderna” superior a buena parte de los países latinoamericanos, y en particular respecto a República Dominicana. Es decir que los graduados del barracón intentaron hacer las cosas en la mejor tradición francesa, y eso los hacía brillar ante los ojos de sus vecinos dominicanos.

Finalmente, la reiteración que hace CAM en contra del barracón me parece ofensiva para muchas personas. Es posible que eso me demerite, pero mi barracón estaba en Regla, un pueblo de negros abakuas al otro lado de la bahía, y mi familia fue toda de gente de barracón sin filiaciones genealógicas tan sofisticadas. Mi abuela nena era una guajira analfabeta de Madruga, y mi abuelo Alfonso era tan pobre como anarquista y mujeriego. Mi madre sólo tenía unos grados de enseñanza, aunque adoraba leer tanto a Balzac como a Corín Tellado; y mi padre trabajaba en el puerto. Yo fui un producto de la movilidad social revolucionaria, que me permitió deambular por algunas universidades europeas, americanas, canadienses y latinoamericanas, y leer la mayor parte de los autores que Montaner cita del propio anaquel liberal, junto a otros que no cita (Rawls, Mills, Hermet, etc). Lo de conocer la revolución haitiana y Haití es más eventual: hice mi tesis de licenciatura sobre la revolución haitiana y mi tesis de postgrado en Canada sobre los problemas del desarrollo en Haiti. Ya en RD, trabajo fuertemente con los haitianos en temas fronterizos, sobre lo cual he publicado tres libros en los últimos cuatro años.

Y ahora debo terminar esta discusión porque debo volver a mi barracón. Yo no soy empresario, ni rentista, ni asalariado político. Soy FreeLancer, esa variedad de nuevos ilotas insertados en el mercado  laboral desregularizado (una invención terrible de la economía liberal) y debo buscarme la vida en mi país tercermundista. Y el poco tiempo que me queda lo uso en publicar artículos y de vez en cuando preparar algún librito. Agradezco a todos(as) ustedes (CAM incluido) que me hayan acompañado hasta aquí y ojala un día nos encontremos para hablar de temas más simpáticos de la vida, que créanme, son muchos.

 

Enero 27, 2010


Carlos Alberto Montaner

(La Habana, 1943). Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal. La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más influyentes en lengua española. Se calcula en seis millones de lectores semanales quienes tienen acceso a sus artículos en español, inglés y portugués. Montaner ha publicado una veintena de libros. Varios han sido traducidos al inglés, al portugués, el ruso y el italiano. Entre los más conocidos y reeditados están Viaje al corazón de Cuba, Cómo y por qué desapareció el comunismo, Libertad: la clave de la prosperidad, y las novelas Perromundo y 1898: La Trama. En 1978 la Editorial Planeta y la Universidad de Arkansas editaron un libro de crítica sobre su obra (La narrativa de Carlos Alberto Montaner). Dos de sus más polémicos y divulgados ensayos son los “best-sellers” Manual del perfecto idiota latinoamericano y Fabricantes de miseria, ambos escritos con la colaboración de Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa.  En 2001 publicó Las raíces torcidas de América Latina. En este libro Montaner aborda desde una perspectiva histórica uno de los asuntos más acuciantes de nuestra cultura: ¿por qué la América surgida de la colonización ibérica es el segmento más pobre e inestable de Occidente? Antes de esta obra, el autor, desde otros ángulos, había reflexionado sobre el tema en dos libros también publicados por Plaza & Janés: La agonía de América y No perdamos también el siglo XXI. En 2002, durante el primer centenario de la república, apareció Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje, era el resultado de un ciclo de conferencias dictadas en la Universidad de Miami. En el 2003 publicó Los latinoamericanos y la cultura occidental. En 1990 creó la Unión Liberal Cubana junto a exiliados y cubanos radicados en Cuba. El propósito era llevar el cambio democrático a la Isla por vías pacíficas. La ULC pronto se afilió a la Internacional Liberal. En 1992 Montaner fue elegido vicepresidente de la Internacional Liberal, cargo que ocupa desde entonces.

Haroldo Dilla

Historiador y sociólogo cubano. Actualmente es el coordinador de Ciudades y Fronteras. Fue coordinador general de investigaciones del Programa FLACSO en República Dominicana. En la actualidad dirige un proyecto de investigación sobre intermediación urbana y desarrollo fronterizo en República Dominicana. Ha sido consultor especializado de diferentes agencias como GTZ, IDRC, Ayuda Popular Noruega y varios programas de desarrollo de la Unión Europea. Ha publicado más de una decena de libros, entre los cuales cabe mencionar: La democracia en Cuba y el diferendo con los Estados Unidos CEA, La Habana, 1995; Alternativas de izquierda al neoliberalismo,
FIM, Madrid 1997; Community Power and Grassroots Democracy Zeed Books, NJ, 1997; Mercados Globales gobernabilidad local Nueva Sociedad, Caracas, 2001 y Los recursos de la gobernabilidad en la Cuenca del Caribe Nueva Sociedad, Caracas, 2002.

Anterior 1 | 2 Siguiente
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Sumario

Este Lunes

Más allá de un cuarto propio: trece novelas en pugna en el siglo XXI

Nara Araújo

Contrahistoria de la independencia sudamericana

Alfredo Muñoz-Unsaín

Al margen de la Historia: Antoñita Domínguez en el trono de España

Leonel Antonio de la Cuesta

Memorias de una infamia

Lidia Cacho

La necesidad de un rearme moral

Félix Sautié Mederos

El síndrome del flautista de Hamelin

Manuel Gayol Mecías

Europa en América/América en Europa: Colón y los umbrales de la incertidumbre

Narciso J. Hidalgo

Cómo escribir un cuento

José Lorenzo Fuentes

Poéticas de la ambigüedad: "Un minuto de libertad" de Tania Bruguera y las "Joyas de la Corona" de Carlos Garaicoa

Jorge Camacho

Silbar en Madagascar: el arte de mostrar ocultando

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Santiago Gamboa

Otros miran

Orlando Jiménez Leal

OtroLunes conversa

con Fernando Iwasaki

"Tal vez nunca hemos sido realistas"

con Sergio Ramírez

"Eran los sueños y las esperanzas"

con Juan Antonio Sánchez

"De animador cultural a escritor... Cuatro décadas en la literatura"

Punto de mira

La voz poética de la mujer latinoamericana. Brevísimo e imperfecto botón de muestra

Cuarto de visita

con Phillip Kerr

Curriculum Vitae

«Cada país tiene su esqueleto en el armario»

Unos por otros (Fragmentos de novela)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

No encuentro a mi hijo

Juana Vázquez

Relato

Producto Nacional

Enmanuel Castells Carrión

Relato

Dignidad

Miguel Gómez López

Relato

La niña que no tuve

Rodrigo Rey Rosa

Relato

La marmita, de Poesía

La novia de Wittgenstein

Dolan Mor

(Fragmentos del libro homónimo)

Poemas

Francisco Ruiz Udiel

Poemas

Maribel Feliú

Poemas

Denisse Vega Farfán

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

El barroco de Severo Sarduy

Los aullidos del horror en Eduardo Monteverde

La maga Karla Suárez y su verbo brujo

Antonio Lozano, la emigración y otros miedos

Recycle

¿Somos culpables?

Heinrich Böll

¿Diferencias entre socialismo y fascismo? Fascismo y comunismo: el mismo perro...

Roberto Álvarez Quiñones

Marxismo y Liberalismo

Polémica entre Haroldo Dilla y Carlos Alberto Montaner

El terremoto de Chile

Laura García

De lunes a lunes

Presentarán el Diccionario de Autores y Críticos Guatemaltecos, DACLIG

Estrena la Editorial Iduna un nuevo sitio web

Muere "Chango", Decano de la Prensa Extranjera acreditada en Cuba

Librario

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

(NOVEDADES EDITORIALES)

A cargo de Recaredo Veredas

La previa muerte del lugarteniente Aloof

Álvaro Pombo

El hijo del futbolista

Coradino Vega

Tres vidas de santos

Eduardo Mendoza

La bailarina y el inglés

Emilio Calderón

Cóndores no entierran todos los días

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Donde se cuenta como me encontré con Don Quijote de la Mancha...

Jorge Franco Ramos

Algunas de mis tumbas

Rafael José Díaz

Doce cuentos desvergonzados

Saki

A cargo de Jorge de Arco

Pan

José Viñals

El minuto interior

Rubén Martín Díaz

Rey solitario como la aurora - Antología Poética

Julián del Casal

El tiempo alzado

Lidia Beatriz Biery

Manuscrito en sueños

Juan Rosa Pita

 

Skype MeT!
OtroLunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel doble A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para resoluciones de 800 x 600 píxeles o superiores y para los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.