

Quiere ser como Harrison Ford, lucir su sombrero y su látigo, seducir sus mujeres, buscar tesoros escondidos incluida el Arca de láminas de oro, atravesar desiertos y selvas, conducir las naves que siguen el rastro sangriento de los Blade Runners, cenar con Julia Roberts junto a las ruinas romanas y después extraviarse en la niebla, protegido por una gabardina beige, un sombrero y las manos en los bolsillos.
A los 35 años, hijo de dos profesores universitarios y con tres novelas publicadas hasta el momento (Páginas de vuelta y Perder es cuestión de método con editorial Norma, y recientemente, Vida feliz de un joven llamado Esteban en Ediciones B), Santiago Gamboa quiere parecerse a Harrison Ford pero, mientras tanto, sigue su vida en Roma, escribiendo novelas que muestra en sus borradores iniciales al grupo pequeño de escritores con el cual comparte aficiones tan sagradas como la buena mesa, la novela negra, los viajes interminables en tren, las caminatas por estrechas calles de ciudades antiguas, y sobre todo, la amistad y la lealtad. Paco Ignacio Taibo II, Luis Sepúlveda, José Manuel Fajardo, Juan Carlos Botero, Antonio Sarabia son algunos de los escritores con quienes Gamboa comparte traductores, editoriales, encuentros literarios, mesas redondas, revisiones mutuas de textos, marmitas repletas de fabadas peligrosas y todos los sueños que un hombre de su edad puede permitirse.
Gamboa estuvo hace poco en Colombia y recorrió algunas ciudades con su novela que algunos insisten en calificar de autobiográfica porque supuestamente recrea sus años iniciales en Roma, su vida en Medellín y Bogotá, sus estudios en universidades colombianas, italianas, españolas y francesas, sus amores frustrados, sus amistades, sus juegos, sus relaciones familiares y sobre todo su visión de los últimos 32 años de Colombia y el mundo con todo lo bueno y lo malo que un observador como él ha podido presenciar de cerca y de lejos.
En medio de esa gira por ciudades colombianas, respondiendo preguntas de quienes buscan averiguar concretamente por qué el joven escritor se marchó de París y se instaló en Roma; por qué utiliza un lenguaje mesurado e irónico; hasta dónde su oficio de periodista ha marcado su trabajo literario; cómo hizo para entrar en esos círculos muy cerrados de algunos de los más destacados autores europeos y latinoamericanos, quienes a pesar de la diferencia de edades lo han acogido cálidamente; qué busca con esos personajes de su nueva novela (sobre todo un cura revoltoso y gaitanista que abandona los hábitos, un campesino enamorado y frustrado que entra a la guerrilla, un hombre obsesionado con el suicidio hasta cometerlo, los ilegales que sobreviven de milagro en una España que los desprecia), en medio de una noche fría en Medellín mientras observaba las muchachas rubias que desafiaban la resistencia de sus jeans, Gamboa tuvo dos momentos nostálgicos y tristes al recordar dos vivencias recientes. Cuando le salvó la vida a un muchacho bosnio a quien ayudó a escapar hacia París, escondiéndolo en uno de los tanques de la ONU que rompían el cerco enemigo, y cuando regresó a Roma y al momento de aterrizar, lloró cuando escuchó la melodía de Ocho y Medio en homenaje a su protagonista, Marcello Mastroianni, que acababa de morir. Recuerda al joven bosnio que no pudo sacar al resto de la familia y se estremece. Recuerda la música de Ocho y Medio, y vuelve a entristecerse, y de paso, con su locuacidad habitual, cuenta cómo el escritor español Manuel Vázquez Montalbán suprimió su bigote de muchos años con una frase austera: "Después de la muerte de Marcello ya no vale la pena tener bigote".
Excelente reportero que ha publicado crónicas desde distintas zonas de Europa, con guerras y sin ellas, Gamboa habla sin parar, compulsivamente como escribe y con una virtud: cada una de sus historias encierra otras, y éstas llevan a otros personajes y otras situaciones y cuando vuelve a ver, se queda callado, pensando, recordando con sus lentes redondos y su barba rala y descuidada y entonces regresa a la historia original.
Tiene una excelente memoria con la que rescata primeros párrafos de novelas famosas, diálogos de libros y películas, escenas clave de grandes actores, situaciones compartidas con famosos de los que habla como si fueran sus vecinos de siempre y alrededor de quienes guarda una anécdota graciosa. Juan Goytisolo, Antonio Muñoz, Ernest Hemingway, Antonio Gala, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Antonio Skármeta, José Saramago, son unos cuantos de una serie de nombres e historias que van y vienen en medio de los cigarrillos frecuentes, el whisky con dos cubos de hielo, los platos rebosantes y cierto ritual que dedica a las comidas y bebidas que no perdona aunque sean las dos de la madrugada.
Ahora quiere marcharse a China, a escribir unas crónicas para un libro que le encargaron. Se siente feliz con esa aventura que lo llevará durante varias semanas por uno de los países más misteriosos. Quiere regresar a vivir en Latinoamérica, quiere seguir viajando, quiere seguir probando las cenas disparatadas de su amigo José Manuel Fajardo y disfrutar de la generosidad de Antonio Sarabia, quiere sacar un libro de cuentos, quiere seguir siendo reportero en zonas de guerra, quiere que la preproducción de la película Perder es cuestión de método, de Sergio Cabrera, finalice pronto y comience el rodaje en España, quiere tantas cosas que está seguro de lograrlas. Entonces hace una pausa, callado, serio y suelta un chiste. Es la vida feliz de un joven llamado Santiago, como la ciudad cubana, como el santo español.
(Barranquilla, Colombia, 1936) Estudió Derecho en la Universidad del Atlántico. Tuvo un programa cultural en Radio Piloto de Barranquilla durante los años 60, dedicado a temas musicales y literarios. Fue ganador del Premio Esso de Novela de 1968. Ha sido realizador de cortometrajes que han ganado la India Catalina en el Festival de Cartagena, y que también han sido premiados por Colcultura y en Moscú. Igualmente, ha intervenido en espacios culturales dentro de la radiodifusión comercial y en la programación de la radio cultural. Es profesor universitario. Ganador de la Bienal de Novela José Eustasio Rivera en 1999. Ha publicado, entre otros, las novelas Nueva historia de Mateo el Flautista: según la versión de su hermano Juan Sebastián y las memorias de Ana Magdalena (1968), Mi revólver es más largo que el tuyo (1977), El pez en el espejo (1984), Alejandra (1988), y Muriel, mi amor (1995).