De la misma manera que le sucedía en algunos sueños, Zafi arrastraba ahora su maleta por una calle adoquinada de París. No obstante, esta vez juró que era real, y se pellizcó para darse cuenta del dolor. Aún así, sentía además algo extraño en su interior, algo tan contradictorio como una paradoja. Y era el hecho de que si se alegraba de estar en París, tampoco podía evitar una fuerte sensación de incertidumbre… Pero esto le pasaba a todo el que sale de la Isla, pensó. Leer más…
Categoría: El divan de narrativa
Juego de letras
Tenía todo preparado. Los folios, a la izquierda. Bolígrafos, dos de cada color −rojo, azul y negro−, a mi derecha. El ordenador, en el centro. La silla, muy cerca de la mesa, con el cojín para los riñones, dos paquetes de cigarrillos y un vaso de whisky con hielos. Así me imaginaba la mesa de un escritor, aunque todo revuelto. Caótico.
Mezclé los bolígrafos con las hojas. Se cayeron folios y bolígrafos. Les di una patada. Escritor maldito, me dije con sonrisa diabólica. Encendí un cigarrillo, que saqué de uno de los paquetes de Marlboro que había comprado esa mañana. Imaginé que me entrevistaban, para El País o El Mundo, y puse posturas de gran intelectual; ahora con la mano izquierda, en la frente, apretando las sienes, ahora con el cigarrillo en la boca intentando decir algo ingenioso tras la tos. Tiré la ceniza, que cayó dentro y fuera del cenicero. Cogí el vaso de whisky. Lo moví, circularmente, necesitaba oír el clic, clic de los hielos. Me lo llevé a la nariz y bebí. No me gustó el sabor, tampoco el del tabaco, pero daba un toque especial, de artista. Leer más…
Huesos
A mi padre
Maldito sol que baja en Colón, y con todas esas lápidas reverberando, espejeando luz a todas partes, uno no sabe dónde poner los ojos ni para dónde mirar. Por eso me compré estas gafas. Malísimas las pobres, y dice Eva que no son de marca, pero a mí qué me importa… total, son pa’ no quedarse ciego en estos turnos de día no pa’ ir a fiestar al Vedado.
Ya casi son las dos y hoy tenemos que exhumar gente. Qué mal me cae… pero es parte del trabajo y uno se acostumbra a todo. Así que voy caminando, rumbo la esquina B, a sentarme como siempre en el banquito, al lado de la tumba de Eduardo Saborit, y conversar un rato con cualquiera en lo que empieza la cosa. Leer más…
Sueños de un buen cristiano
(…) Cada vez que cierro la puerta de la habitación conyugal
imagino que abrimos paso a un territorio distinto,
más libre y emocionante, en el que todo está santificado
por la presencia de un Cristo que nos mira complaciente desde su cruz,
también pienso que las depresiones, los fantasmas que visitan a Catalina,
algún día desaparecerán y volveremos a ser los de antes (…)
Yo mismo abrí la puerta y volví a cerrarla antes que el viento y la lluvia convirtieran la sala en un paisaje de catástrofe. Le permití entrar por elemental compasión. Lo que vi podría haber sido cualquier cosa, pero nunca lo que resultaría ser, una criatura tan desquiciante, tan sutil y de alguna forma prescindible: un enorme pantalón como de payaso, un suéter gris-perro demasiado grande, la cabellera como una gran mano negra, brillante y salvaje, cubriéndole el rostro, la espalda y los ojos, unos ojos esquivos, movedizos. No supe cómo se le ocurrió a Catalina aceptarla en casa. Creí ver en ella una mirada torva, como de ave de rapiña. Leer más…
La sangre del Tequila (XIII)
Félix Luis Viera, convertido en uno de los escritores imprescindibles en la historia de la Literatura Cubana desde que sus libros de cuentos Las llamas en el cielo y En el nombre del hijo adquirieron la categoría de “clásicos nacionales” y “libros de culto” para varias generaciones de escritores en la isla, nos comentó en un mensaje electrónico que le gustaría rescatar aquella tradición de épocas pasadas en la que escritores que hoy consideramos “universales” convertían a miles de lectores en perseguidores cautivos de sus novelas por entregas.
Confesamos que nos surgió la duda: ¿podria ocurrir lo mismo con las nuevas generaciones de lectores, acostumbradas más a la lectura rápida en pantalla que al goce con las historias contadas a retazos y sazonadas con el olor fresco de la tinta de imprenta, como sucedía en siglos pasados?
Así, como un reto, surgió la idea de publicar en OtroLunes, por entregas, la novela La sangre del Tequila de este reconocido escritor y amigo. Y nos complace decir que Félix Luis no se equivocaba: miles de lectores clickean en cada número de la revista sobre estos capítulos de su novela, como demuestran nuestras estadísticas de lectura. Y en cada nueva entrega, nuevos lectores se suman.
Aquí, como en los números anteriores, ofrecemos a esos “cautivos” un nuevo capítulo, como se dice mucho en español, “recién acabadito de sacar del horno”.
Redacción de OtroLunes Leer más…
